lunes, 22 de agosto de 2016

Nuevas y viejas metas

Regreso a Lima luego de un hermoso viaje. Un viaje siempre te pone a prueba, te reta, te hace conocerte más a ti mismo. Luego de unos días de descanso, hoy retorno a la rutina del trabajo. Eso es bueno, porque el dinero -que es lo que mueve el mundo- ha menguado considerablemente en el último mes. Hay que trabajar duro y parejo para ahorrar y viajar e independizarse. Tengo que seguir enfrentando mis miedos y crecer como persona. Es la única manera de salir adelante. Por un lado, debo ahora sí terminar ese bendito libro de cuentos (que he culminado pero aún falta mayor trabajo) y embarcarme en mi tesis de maestría. Por otro lado, tengo que trabajar con ímpetu y seguir ganando experiencia como docente y así crecer como profesional. Dios quiera que tenga el coraje y el valor para hacer frente a los retos de la vida, y cuando caiga, me dé la fuerza espiritual, para levantarme y seguir luchando. Es lo único que le pido. Que guíe mis pasos. ¡Carpe diem! ¡Fail again. Fail better! ¡Todo es cuestión de paciencia y constancia!   

lunes, 8 de agosto de 2016

La revolución de Aura




La revolución de Aura (2016) es el primer libro del escritor peruano Javier Sicchar Rondinelli (1976). Antes de ofrecer mi opinión, debo indicar que soy amigo de Javier desde hace once años, cuando estudiábamos una maestría en Literatura en la Universidad de San Marcos y soñábamos con ser escritores.

La novela, según la contratapa, relata la historia de Aura quien "es perseguida por el gobierno del fantasmal y siniestro presidente que todos conocen como El Orador. Ella es la cabecilla del grupo de disidentes que quiere derrocar al gobierno, sin embargo Aura tiene una historia con el partido político de Los Coterráneos que ahora está en el poder y cuyo líder es El Orador. ¿Cómo es que después de ser una ferviente dirigente del partido, decide convertirse en disidente?".

Entre los puntos a favor de la novela, destaco la buena prosa, pues se nota un trabajo con el lenguaje. Sobre todo, me gustan las descripciones impresionistas que tiene el autor al describir paisajes, situaciones, personajes. Destaco también la capacidad para la ficción; es decir, para imaginar escenas y retratarlas de manera verosímil. Por ejemplo, la novela alude al segundo gobierno de Alan García (El Orador), pero a partir de ahí, ficcionaliza y lo retrata como un personaje más malévolo y perverso.

En cuanto a lo negativo o por mejorar, creo que el talón de Aquiles de la novela está en su estructura. Es una historia ambiciosa, que arriesga (existen "muchas voces" de diversos personajes y se narra con constantes saltos en el tiempo); sin embargo, al no estar bien estructurada, la historia se torna algo confusa y caótica y no tenemos claro a dónde apunta la novela. Por ende, el lector tiene que ir atando cabos. Por ejemplo, hasta la página 100, los personajes que parecen principales son Aura y Fernando (un fotógrafo), pero también aparecen otros personajes como Camilo, un hombre misterioso que escribe desde la prisión, Beto, el periodista Pedro Buckley, Roberto, etc. Pero hasta ese momento, aún no vemos la conexión con la historia de Aura y los pequeños capítulos parecen como piezas sueltas de un rompecabezas. Luego, más adelante, Camilo (dirigente de Los Coterráneos y pareja de Aura) cobra mayor protagonismo que Fernando, quien solo al final de la novela recupera interés. Recién los cabos sueltos se van a unir al final de la novela cuando dialogan, en secreto, Aura y Fernando, el fotógrafo. Recién ahí entendemos las motivaciones de la "revolución" de Aura, la relación que tuvo con Camilo, el romance que tuvo con JL (que era el hombre que escribía desde la cárcel), etc. Sin embargo, creo, en mi humilde opinión, que al no tratarse de una novela de misterio (en la que se debe resolver un enigma), el autor debió narrar y explicar la transformación de Aura durante la novela y no recién al final.

En conclusión, La revolución de Aura encierra aspectos positivos y muestra ambición, pero al no haber un dominio de la estructura, el relato pierde fuerza y se vuelve algo caótico. Sin embargo, Javier Sicchar demuestra talento y depende de su perseverancia pulir ese defecto en su próximo libro.

domingo, 31 de julio de 2016

Diario de un profesor (30)

"¿Cuál es la clave para ser un buen clown?
Tanja Simma (Austria): "La llave para mí  es trabajar con el corazón, tienes que aceptar quién eres, con tus fortalezas  y debilidades, ser capaz de reírte de tus fallas. Al inicio puede ser doloroso porque es cuando te sientes más vulnerable. Esa es la parte más sensible del clown, porque es gracioso y te ríes, pero también te toca.
Helen Gustin (Francia): "Además, es un trabajo diario. En el escenario, tienes que conectarte con el público, respirar con él, Y para eso hay que trabajar por muchos años. Tu clown solo da pequeños pasos. Cuando tenga 80 años, seguiré aprendiendo cosas nuevas".
Tanja Simma: "Por eso, siempre digo que ser clown es una decisión de vida"
En: diario Correo (26/5/2016)

Pregunto, ¿las respuestas de estas dos mujeres sobre el oficio de clown no se asemejan también al oficio del profesor? Corazón, conocerte a ti mismo, reírte de tus errores, trabajo diario (esfuerzo), conexión con el público (los alumnos), perseverancia, mantener la curiosidad y vocación son claves también para aspirar a ser un buen docente.

jueves, 21 de julio de 2016

Diario de un profesor (29)

Cuando uno es profesor, trata, en clase, de ser una suerte de ejemplo o modelo para los demás. Incluso, algunos colegas señalan que uno no solo es modelo dentro, sino también fuera de clase. En parte tienen razón. Sin embargo, también creo que la vida privada de un profesor es su vida privada y por tanto, fuera de clase, en su intimidad, no tiene porqué ser un ejemplo. Al fin y al cabo, es un ser humano con virtudes y defectos y que como cualquiera comete errores y a veces es mezquino. En mi caso particular, siempre en clase he tratado de ser respetuoso con los estudiantes y de enseñar con la mayor entrega y compromiso. Más allá de eso, es decir en otros ámbitos, no tengo por qué seguir siendo un modelo de conducta ni nada por el estilo. Recuerdo que en el colegio, nosotros alumnos, veíamos a muchos de nuestros profesores, sobre todo los hombres, como unos lornas que no tenían vida (y eso, porque ellos también se comportaban como supuestos "modelos" de conducta). Sin embargo, ahora que me dedico a la docencia, y converso con colegas, sé que muchas veces los profesores manejan un doble discurso. Hablamos de valores, de honestidad, de respeto, pero muchas veces, en el ámbito privado, no los cumplimos. Así que es preferible no pontificar y, si se desea ser un "modelo" , demostrarlo con los actos y no con las palabras (pues estas se las lleva el viento). Personalmente, me conformo con transmitir a mis alumnos mi pasión por el curso que enseño, a que no pierdan su curiosidad y a que aprendan a respetar a su prójimo. 

lunes, 11 de julio de 2016

Crónica de una noche de discoteca

Llevo años acudiendo a discotecas, sobre todo a partir de los treinta. Hubo un lapso de 6 o 7 años que acudía más a bares, pero en las discotecas, la magia está en que puedes abordar a las chicas sin problemas. Claro, el problema o el asunto radica en que le gustes a la chica y ella acepte bailar contigo. En estos años, he tenido noches buenas, regulares (la gran mayoría) y malas. Noches en que he conocido y bailado con chicas simpáticas, con las cuales luego he salido; otras en las cuales, sin buscarlo, me he visto besándome con completas desconocidas; y otras, en las que me cansaba de ser rechazado, incluso por las menos agraciadas. Es curioso, las discotecas y el rito alrededor del cortejo, encierran una filosofía de vida. A pesar de todo, me gusta el ambiente de las discotecas: la música, el humo, el trago, las luces, las jóvenes con tops y jeans apretados, o sexys vestidos, bailando de manera sensual.

Aquel sábado, acudí a una disco en Chacarilla. Fui con mi grupo de amigos: tres compinches de la universidad. Al ingresar, a la medianoche, la fiesta ya estaba iniciada y había mujeres muy guapas. Pedí una chelita, porque ya habíamos tomado un par afuera. Me separé un poco de mi grupo y contemplé a tres amigas, de unos 25 años, con ceñidos vestidos negros, conversando entre ellas. Una de ellas, blancona, de lentecitos, cabello castaño largo, rostro coqueto y bonita figura, llamó mi atención. Luego de unos minutos, me acerqué y la invité a bailar con una sonrisa. Ella me miró, examinándome, y me señaló de manera educada que por ahora "no", que "más tarde". Como ya conozco ese floro, le pregunté si era de verdad ese "más tarde" y ella me contesto que sí. "¡Te tomo la palabra!", le dije. "¡Vengo en media hora!", agregué, y ella me sonrió. Me alejé y volví con mis amigos.

A los cuarenta minutos, regresé y la encontré aún con sus amigas. Me acerqué, pero ahora ella me miró con semblante adusto y me señaló seria que no quería bailar. Le repliqué que no estaba cumpliendo con su palabra, pero ni caso me hizo. "¡Mujeres!", maldije mientras me retiraba derrotado. Sin embargo, luego de media hora, mientras meaba en el baño, que estaba a unos metros de donde estaba ella y su grupo, se me vino la idea de insistirle una vez más, total, no perdía nada y hasta le podía gustar (o molestar) mi actitud. Entonces, me acerqué a ella y le dije que quería hablarle un minuto. Una de sus amigas, me señaló ofuscada: "¡Pero ya te dijo que no!", sin embargo, ella aceptó e incluso esbozó una sonrisa como si le gustara mi atrevimiento. Le pedí entonces para bailar nuevamente, al menos una canción. La chica me sonrió, guardó silencio un par de segundos, pero al final volvió a negarse aunque, ahora, de manera educada,. Yo me resigné y le extendí la mano, como despedida, y ella me dio su suave mano. Luego me alejé y me volví a reincorporar a mi grupo de amigos.

No recuerdo si tuvimos suerte ese día. Creo que llegamos a bailar con un grupo de chicas, pero a la media hora se marcharon, y nos quedamos solos conversando y mirando cómo los chibolos se divertían y sacaban plan. Y mientras contemplaba aquel espectáculo, solo, pensé en cómo los años habían transcurrido tan rápido y  ahora yo, pasando la barrera de los 35, me sentí algo tío para estas chibolas de veinte o poco más. Como a las 2 y 30 a.m., me dirijo al baño, y observo en la pista de baile, entre asombrado y con espíritu de deportista que sabe perder, a la chica que me había choteado, besándose de lo más apasionada y cariñosa con un patita. El chibolo era más alto, más joven, más fornido y guapo que yo e incluso hasta bailaba mejor. Me reí para mis adentros y pensé: "¡Así es la vida. Cachacienta como ella sola!". Y proseguí mi camino al baño. 

miércoles, 29 de junio de 2016

Narrativa norteamericana clásica (Antología)

Acabo de leer una espléndida antología de cuentos estadounidenses (del siglo XIX e inicios del XX), de la editorial peruana Ecoma, a cargo del editor Eduardo Congrains Martín (¿es Enrique Congrains el autor de "El niño de junto al cielo"?), de 1973, y he quedado maravillado. Muy buena antología, que incluso cuenta con una interesante introducción del crítico Tomás  G. Escajadillo. Todos los cuentos, salvo uno o dos, son buenos y sirven para ofrecer un fresco sobre la rica narrativa norteamericana antes de que aparezcan los grandes y modernos escritores estadounidenses del siglo XX: Ernest Hemingway y William Falkner.

Entre los autores y cuentos que sobresalen, tenemos los siguientes: "Rip Van Winkle", de Washington Irving, un cuento que empieza realista pero deriva en lo fantástico; el clásico "El barril del amontillado", de Edgar Allan Poe; el cuento largo clásico "Bartleby", de Herman Melville; el divertidísimo "La célebre rana saltadora del distrito de Calaveras" de Mark Twain; el  relato "La suerte de Roaring Camp", de Bret Harte, que conmueve por su trágico desenlace y por retratar la vida del salvaje Oeste; "Un suceso en el Puente", de Ambrose Bierce, que es la historia de un hombre que va a ser ahorcado y se nos cuenta su historia con saltos de tiempo y un desenlace inesperado. Además, tenemos el instrospectivo y excelente relato "Cuatro encuentros", de Henry James; el magnífico "El hotel azul", de Stephen Crane, tal vez, el mejor cuento de la antología junto con "Preparar un fuego", de Jack London. Finalmente, destacan el entrañable "Phoebe, la ausente", de Theodore Dreiser; el excelente cuento introspectivo "El caso de Pablo", de la narradora Willa Cather (la única mujer de la antología) y "Quisiera saber por qué", de Sherwood Anderson, a pesar que el conflicto del protagonista adolescente, en la época actual, ya resulta caduco.

En síntesis, esta antología norteamericana de editorial Ecoma está muy bien hecha y cumple con el objetivo de ofrecernos una rica visión sobre la narativa norteamericana clásica del siglo XIX e inicios del XX. ¡Muy recomendable!


lunes, 20 de junio de 2016

Si me hiciera un tatuaje...

Si me hiciera un tatuaje, me colocaría, en mi antebrazo izquierdo, al igual que el tenista suizo Stanilas Wawrinka,el siguiente pensamiento motivador del dramaturgo irlandés Samuel Becket. Francamente, hermoso.

"Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better" (Samuel Becket)

Traducción: 
"Siempre intentaste. Siempre fallaste. No importa. Intenta otra vez. Falla de nuevo. Falla mejor".