miércoles, 22 de noviembre de 2017

Diario de un profesor (54)

Llego a mi clase en el instituto donde laboro. Me toca hoy reemplazar a un profesor. El día anterior preparo mi clase con sumo interés. Tengo que leer un texto con los alumnos y debatirlo. Mi estrategia es ir leyendo con ellos párrafo por párrafo, que ellos subrayen las ideas principales y vayan comentando.

El inicio de la clase es perfecto, los estudiantes -la mayoría jóvenes de 17 a 19 años- muestran buena predisposición y participan con entusiasmo. La sesión se desarrolla con normalidad y yo me siento un buen docente, con talento y experiencia. Luego de la primera hora, comienza el debacle, la tragedia. Poco a poco comienzo a perder el interés de los estudiantes. Una opinión de un alumno genera la risa del salón. Les pido mantener la calma y mantener un diálogo alturado, pero ahora varios hablan a la vez. Subo la voz para callarlos, sin embargo ahora lucen desconcentrados y sin interés. Tengo que quedarme callado para que, luego de varios segundos, los alumnos vayan silenciándose. Logro su atención durante algunos minutos, pero ya no es igual. Una alumna no para de hablar, y me veo obligado a cambiarla de sitio, mas ella termina retirándose del aula. Los últimos diez minutos de la clase me resultan una odisea, un suplicio. Finalizo la sesión totalmente exhausto y abatido.

Ya solo en el aula, medito sobre mi accionar y entiendo que mi error fue no haber cambiado de estrategia pedagógica cuando noté que los estudiantes empezaban a distraerse. Recordé que la alumna que se marchó de la clase, me había comentado antes que se estaba empezando a aburrir, pues ya había leído todos los párrafos del texto. Reflexioné que todos los estudiantes tienen diferentes ritmos de aprendizaje, y que yo debí planificar mi sesión pensando en esto. ¡Gran derrota, gran fracaso, pero que me deja una gran lección, una gran enseñanza en pos de ser un mejor profesor!
 


lunes, 20 de noviembre de 2017

El Perú y el Mundial de Fútbol Rusia 2018

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Luego de 36 años, el Perú asistirá a un mundial de fútbol, especificamente, a Rusia 2018. Tengo que confesar que, como muchos, yo no confiaba en mi selección. Tras más de veinte años de decepciones en el plano futbolístico, y luego de una primera ronda de las eliminatorias en la que los resultados no acompañaron a nuestra selección, estaba casi convencido de que era otra oportunidad perdida. Más aún, salvo Paolo Guerrero, sentía que no teníamos jugadores, y Claudio Pizarro, Juan Manuel Vargas y la Foca Farfán, nuestras principales figuras en Europa, estaban en declive. Por si fuera poco, la campaña de los equipos peruanos, en las Copas Libertadores y la Sudamericana, fue lamentable.

Sin embargo, un triunfo inesperado de Perú a Paraguay (4 a 1), de visita, y la obtención de 3 puntos en mesa, debido a que Bolivia había hecho jugar a un jugador extranjero que no estaba habilitado (en el partido que nos ganó en su casa 2 a 0), nos permitió, de un momento a otro, acercarnos al quinto puesto que concedía el acceso al repechaje. A partir de ahí, Perú tuvo un desempeño ascendente y tuvo resultados que no esperaba jamás. Por ejemplo, la histórica victoria en Quito a Ecuador, y el empate con Argentina, en Buenos Aires. Es cierto, la prensa, como siempre, parecía vender humo o falsas ilusiones, pero esta vez los jugadores estuvieron a la altura de las circunstancias y nos dieron, a los escépticos como yo, una gran lección de vida.

Tras el empate con Colombia en casa (en el cual, nos acompañó la suerte), accedimos al repechaje con Nueva Zelanda. Fue entonces que la ilusión renació en todo el pueblo peruano y la clasificación se hizo posible, pues Nueva Zelanda era un equipo inferior al nuestro.    

La lección que me dejó esta selección de jóvenes futbolistas peruanos (la mayoría desconocidos para mí) y el entrenador argentino Gareca, es que, a pesar de todos los obstáculos y críticas, ellos nunca dejaron de confiar en que la clasificación sí era posible. Además, Gareca supo como líder guiar y confiar en estos muchachos, los cuales, al ver esta confianza depositada en ellos, no defraudaron. Muchos periodistas deportivos no daban un peso por muchos de estos futbolistas, pero Gareca sí ápostó y confió en ellos a muerte. Y ellos no lo defraudaron. Ese es una gran mérito y la mejor lección de vida que nos pudieron dar: siempre confiar, a pesar de lo que diga el resto.

Finalmente, me alegro mucho por mi país. Esta clasificación es una excelente noticia para todos nosotros. Solo espero que así como mucha gente ha elevado a la categoría de ídolos -con justo merecimiento- a Gareca y a sus pupilos, espero que cuando les toque perder, no les bajen de inmediato el dedo, comiencen a criticar y tildarlos de incapaces, pechos fríos, etc. Sé, por lo que he visto en mi vida, que parte de esa prensa y gente que endiosan a alguien, son luego los primeros en pedir sus cabezas y despedazar ante cualquier error que cometan. Sí, hay que criticar, pero, sobre todo, apoyar el proceso y, como Gareca, apoyar a esas jóvenes promesas. En otras palabras, no solo estar en las buenas, sino también en las malas.   





jueves, 16 de noviembre de 2017

Cuentos de Abraham Valdelomar

En cuarto de primaria, a los 9 años, leí una antología de cuentos de Abraham Valdelomar, de la Librería Studium ediciones. Pese a mi corta edad, la delicada sensibilidad de los cuentos de Valdelomar se impregnaron en mi mente y en mi corazón. Cuentos como "El vuelo de los cóndores", "Hebaristo, el sauce que murió de amor", "El caballero Carmelo", "Los ojos de Judas" y algunos cuentos incaicos me dejaron una fuerte impresión y gusto. Pues bien, luego de casi treinta años, he vuelto a releer dicha antología y he vuelto a comprobar la calidad de dichos relatos. Escritos cuando su autor tenía entre diecinueve y veintiocho años, el popular Conde de Lemos deja claro que es -como señalan los críticos- el fundador del cuento moderno en el Perú. Destacan en especial sus relatos sobre su infancia en Pisco, su ciudad natal. Cada uno de los cuentos arriba mencionados son de una sensibilidad exquisita y una prosa poética. Asimismo, he vuelto ha comprobar que, pese a que sus cuentos incaicos no son lo mejor de su producción, sí hay textos valiosos como "El alfarero", "El alma de la quena" y en menor medida "El camino hacia el sol". Mi gran hallazgo, y que había pasado desapercibido para mí, es el excelente relato fantástico "El hipocampo de oro", el cual es una verdera joyita de la literatura y cuyo final me hizo recordar el desenlace de la película "El quinto elemento", del francés Luc Besson. Además, también me resultó valioso su cuento "Mi amigo tenía frío y yo tenía un abrigo cáscara de nuez". 

Hay que resaltar además que el humor está presente en algunos de estos cuentos, sobre todo en el desenlace de "Hebaristo, el sauce que murió de amor" que, curiosamente, es un relato melancólico. También se aprecia el humor en "Mi amigo tenía frío y yo...", "La tragedia en una redoma" y "La ciudad sentimental: Un cuento, un perro y un asalto".

En síntesis, esta antología -que solo incluye una parte de la amplia obra de Valdelomar- muestra a un joven creador muy versátil y talentoso que, lamentablemente, murió muy joven (a los 31 años) en pleno dominio de sus facultades artísticas. Esta antología es imperdible y fue realizada por César Ángeles Caballero

 

martes, 31 de octubre de 2017

Diario de un profesor (53)

Hace más de seis años, cuando comencé a trabajar de profesor de redacción en un instituto, era el más joven de la plana docente. Tenía poco más de 30 años, pero parecía de menos. La mayoría de docentes eran de 40 años para adelante y vestían de terno o traje sastre. Con los años, comenzaron a llegar profesores de mi edad, pero aún así eran los pocos e, incluso, a veces me confundían como alumno.

Sin embargo, hace un año cambié de trabajo y ahí la plana docente y los tutures de Lenguaje son bien jóvenes. Por ejemplo, ahora encuentro profesores de cinco a doce años menores que yo. Claro, han pasado más de diez años de que empecé a trabajar y el tiempo no pasa en vano. Más aun, los tutores (asistentes de los profesores) son todavía más jovencitos: sus edades promedio fluctúan entre los 24 y los 30 años. Es decir, al costado de ellos, pertenezco a los más "viejos" del grupo. Solo hay unos tres o cuatro tutores mayores que yo. Es así, es la ley de la vida. Solo queda adaptarse y mantener el espíritu joven intacto. En otras palabras, que el cuerpo envejezca, pero no el corazón.

domingo, 15 de octubre de 2017

Cuentos Peruanos (Antología)

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En 1973, durante el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, editorial Peisa publicó -además de un amplio catálogo de obras de escritores e intelectuales del Perú- una antología de Cuentos Peruanos. En mi época de colegial degusté, saboreé algunas antologías de narradores del Perú y siempre he quedado gratamente sorprendido y maravillado por la calidad de estos. Esta vez no ha sido la excepción y he descubierto nuevos autores y he vuelto a releer y comprobar la calidad de otros.

De la lista de dieciséis relatos y trece autores, destacan los siguientes cuentos: 1) "El hipocampo de oro", de Abraham Valdelomar. El relato empieza un poco lento, pero poco a poco va ganando en emoción. El final es hermosísimo y me hizo recordar el desenlace de la película "El quinto elemento", de Luc Besson. 
2) "Cera", de César Vallejo, es un buen cuento. 3) "El amigo Braulio", de Manuel González Prada es una pequeña obra maestra sobre el tema de la envidia. 4) "Los ojos de Lina", de Clemente Palma, y "Calixto Garmendia", de Ciro Alegría, no tienen pierde. Son relatos cautivantes y muy bien escritos. 5) "El trompo", de José Diez Canseco, es otra joyita de la literatura peruana y la prosa de su autor es envidiable. 6) Un autor que me sorprendió por su oficio y calidad es Enrique López Albujar. "El campeón de la muerte" es un muy buen cuento, aunque el final, tal vez, es un poco predecible. Sin embargo, su trabajo con el lenguaje es más que evidente. 7) Otros cuentos que no están tan logrados, pero son de interés y resultan atractivos son "Ushanan Jampi", del mismo López Albujar; "El alfiler", de Ventura García Calderón"; "La familia Pichilín", de Carlos Camino Calderón; e "Historia de un tambor", de Manuel Beingolea.

Por supuesto, en toda antología queda el sinsabor de ciertos autores y relatos ausentes. Por ejemplo, aquí faltan Julio Ramón Ribeyro, Alfredo Bryce Echenique, Enrique Congrains, Francisco Izquierdo Ríos. Falta también el relato de alguna escritora peruana (se me vienen a la mente poemas, dramas y novelas, pero no cuentos de narradoras mujeres). Pese a eso, esta antología de Peisa es digna de interés y es un excelente mosaico de la calidad de la narrativa breve en el Perú.
 

miércoles, 11 de octubre de 2017

Diario de un profesor (52)

Siento electricidad en el pecho. Me siento sin aire. Siento un hormigueo en el estómago y una presión en las mandíbulas y en las mejillas. Son los nervios, la ansiedad previos a una clase. Los mismos nervios que sentía cuando tenía una competencia de atletismo en el colegio. Esos nervios que significan que algo me importa y que quiero hacerlo bien. Antes, o hace unos años, pensaba que era un "problema" mío. Pero no. Los mejores deportistas, los top 1, sienten  los mismos nervios que yo antes de una competencia. E incluso, a veces, estos los traicionan. Lo mismo me sucede a mí... Es tan fuerte mi deseo de hacer bien las cosas, que los nervios (expresión del miedo) están ahí latentes, agazapados. No tengo una receta contra ello. Solo respirar profundamente, tratar de tranquilizarme, sonreír, quizá escuchar algo de música, y salir a dar lo mejor de mí, haciéndome amigo de mis nervios y utilizándolos como una energía a mi favor. Gracias a dios, casi siempre todo sale bien. Como hoy, por ejemplo.   

domingo, 8 de octubre de 2017

Promoción 1995

Finalicé el colegio en el año 1995 en una conocida institución católica de Lima. En esa época, la mayoría de escuelas eran de varones o de mujeres, y la excepción eran los colegios mixtos. El mío, por supuesto, era de varones y la promoción estuvo compuesta por cuatro aulas de 45 alumnos cada una. Es decir, 180 estudiantes. 

Hace casi 2 años y medio (en abril del 2015), tuvimos nuestra reunión por los veinte años de haber finalizado el colegio. No voy a negar que asistí con un poco de miedo y reticencia. Sin embargo, el encuentro fue grato y me permitió pasar un buen momento y hacer la paces con compañeros que no eran de mi agrado. En ese entonces, yo y la mayoría teníamos 36 años recién cumplidos, otros ya tenían o se acercaban a los 37, y los más benjamines se estaban despidiendo de los 35. Fue un acontecimiento ver rostros que no veía hacía mucho tiempo. Compañeros que se conservaban bien y mantenían la expresión juvenil, otros que habían engordado notablemente, otros que se estaban quedando calvos o ya mostraban el cabello encanecido, y quienes ya parecían señores. El tiempo había hecho su trabajo. Por supuesto, nadie profundizó en sus vidas; todos, casi sin excepción, nos remitimos a contar las divertidas anécdotas que vivimos de adolescentes, las palomilladas en clase (obviando lo inmaduros e imbéciles que eramos entonces) y nuestros éxitos en la vida. Casi nadie contó, por ejemplo, las mil y un caídas y decepciones que sufrimos en esos años, lo difícil que había sido la vida y nuestros fracasos. Claro, la idea era pasar un buen momento y era obvio que había que mostrar nuestra mejor cara...Tal vez por eso, a pesar de que fue una reunión muy divertida y entrañable, ya no he acudido a otra reunión de la promoción. Los aprecio, pero no me veo repitiendo o escuchando la misma anécdota una y mil veces. La verdad es que ahora todos somos personas diferentes (seguramente para mejor) y salvo esas anécdotas que vivimos, ya no tenemos nada en común.

Este 2017, a través del Facebook, he sido testigo -en los últimos meses- de que varios han cumplido 39 años. En otras palabras, a muchos les falta menos de un año para cumplir 40. Sí, 40 años. ¡Increíble. Cómo se pasa el tiempo! ¿Acaso no era en 1990 que esos chiquillos, nacidos en 1978, tenían 12 años? ¿Cómo es posible que aquellos que en 1998 tenía 20 añitos, el próximo cumplan 40? ¿No fue ayer 1998? ¿Cómo es posible que aquellos  que en el 2010 tenían 32 años, ahora estén a puertas de las cuatro décadas? ¡Alucinante! 

Pero esa es la realidad. En enero próximo, el mayor de la promoción, el palomilla que era el mayor de la promo (y que me llevaba un año y dos meses) va a cumplir 40. Y en los meses siguientes, varios le seguirán los pasos. El tiempo no perdona. A nadie. Las canas van poblando tu cabellera, los pelos te van raleando, el cuerpo empieza a engordar, las primeras arruguitas y lunares van surcando tu rostro y manos. Los jóvenes no sabemos que un día vamos a dejar de ser jóvenes (hasta que pasa). ¡Carpe diem!

martes, 26 de septiembre de 2017

Diario de un profesor (51)

"Corrijo montañas de pruebas y trabajos. Recurro a mis viejos trucos: ir a un café (o a varios) y pedir cosas estimulantes para no sentir que es un trabajo duro y mecanizado; ordenar los textos por los que tienen letra más bonita o más legible, o los que escriben menos, para así darme la sensación de que avanzo más rápido. Uno empieza con mucha lentitud, luego adquiere un impulso asombroso y, al final, desfallece y se pone a contar las pruebas como si fuesen moneditas de oro para pagar una fianza y ser libre. Entonces me pongo a pensar en historias como la de aquel profesor de letras que, se dice, utilizaba el método de la cama: se paraba en una silla de su cuarto, arrojaba todos los exámenes desde lo alto y los que caían dentro de la cama aprobaban. Pienso también en el profesor de ciencias que, se dice también, perfeccionó el método: arrojaba los exámenes sobre la escalera de su casa. La posición de las gradas le daba la nota exacta".

*Extraído del facebook del escritor peruano Marco García Falcón.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Diario de un profesor (50)

Tengo la teoría de que con los años, el profesor va perdiendo no solo la pasión por la enseñanza, sino también la frescura. Esa frescura que solo se posee cuando se es joven. No me refiero, por supuesto, a que el buen docente con el tiempo se convierte en uno malo, pero sí que su desempeño -como un deportista profesional- va decayendo ante el paso inexorable del tiempo. Yo, por ejemplo, tengo 38 años, y tengo colegas diez o doce años menores que yo. Y noto, cuando brindamos asesorías individuales a estudiantes de primeros ciclos, que ellos prefieren a los docentes más jovenes, porque -posiblemente- se parecen más a ellos, hablan su lenguaje y los pueden entender más. Aunque no queramos admitirlo, uno como docente, con el tiempo, se vuelve adulto no solo en el aspecto físico, sino también en el plano de nuestras ideas; es decir, nos vamos cuadriculando, nos vamos tornando más serios y cejijuntos... Sin embargo, ahora que lo recuerdo, uno de mis mejores profesores en la universidad (Óscar Luna Victoria), en ese entonces, tenía más de 50 años y lo hacía excelentemente bien y su pasión era indesmayable. También recuerdo a otro gran profesor mío, Eduardo Rada, al cual conocí cuando tenía unos 46 años, y ahora con sesenta añitos sigue manteniendo ese espíritu lúdico, juvenil y contestario que tanto admiro... Entonces, mi teoría planteada al inicio, tal vez, resulta relativa y depende de cada uno, como profesor, "mantenerse en forma" y batallar como si fuese nuestro primer día frente a un grupo numeroso de alumnos.  

domingo, 3 de septiembre de 2017

Pablo Trapero y Luis Buñuel



Hace casi cuatro semanas, en el marco del Festival de cine de Lima (organizado poor la Universidad Católica), acudí a una clase magistral gratuita del talentoso cineasta argentino Pablo Trapero (1971), director de filmes como Elefante blanco, El clan, Leonera, Mundo grúa, El bonaerense, etc. En medio de la charla en el acogedor cine del Centro Cultural de la Católica, Trapero nos relató una hermosa anécdota que le aconteció a Luis Buñuel, el famoso cineasta español. Cuenta este -en un libro autobiográfico suyo- que en las noches, en medio de sus sueños, se le venían a la mente originales bocetos de historias para sus películas, posibles guiones. Sin embargo, en las mañanas, cuando despertaba, ya no se acordaba de las brillantes ideas que le venían a la mente. Se prometió, entonces, dejar un pequeño cuaderno y un lapicero junto al velador de su cama. De esta manera, se vería impelido a despertarse en medio de la noche y a apuntar su original apunte de historia en aquel cuaderno. Dicho y hecho, esa noche, Luis Buñuel, el director de clásicos del cine como El perro andaluz, logró salir de su mundo onírico y tomar nota, urgido, de la trama de su futura película... La mañana siguiente, despertó y lo primero que hizo fue coger el cuaderno de la mesita de noche, y leer lo que había escrito casi inconsciente. Esto fue lo que encontró Buñuel:
                           "CHICO CONOCE CHICA"

*Foto: Diario Correo (web)
 

miércoles, 23 de agosto de 2017

Diario de un profesor (49)

Se inician las clases en el instituto donde laboro. Días previos buscas algún libro o película que te sirvan de motivación, de aliciente. Tengo ya mis favoritos, aunque a veces busco nuevos materiales. Entre mis libros preferidos están Diario educar. Tribulaciones de un maestro desarmado, del peruano Constantino Carvallo (1953-2008). Publicado en octubre del 2005, me lo compré casi de inmediato por motivos de azar, y porque ese mismo mes o el siguiente dicté la primera clase de mi vida a niños y adolescentes. Debo agradecer a ese libro por las valiosas enseñanzas que me dejó. Su autor -profesor,director y fundador del colegio Los Reyes Rojos- derrocha un amor a su profesión que lo dejan a uno sin aliento y maravillado. Escrito a manera de un díario, el libro está compuesto de pequeños apuntes o fragmentos que resultan luminosos por la lucidez y sabiduría que contienen. Uno puede coger el libro por cualquier parte, y como si se tratase de la biblia, leer un fragmento que te dejará pensando y reflexionando sobre el oficio de la docencia. Muchas veces, en estos casi nueve años dedicados a la enseñanza, he acudido a sus páginas en busca de motivación o inspiración, y nunca me ha fallado. Siempre salgo renovado, más comprometido, más calmo, dispuesto a batallar.

Recomiento mucho esta joyita de libro, en el cual me he inspirado para escribir, en este blog, mis reflexiones o mi diario de un profesor. A continuación, dos fragmentos escogido al azar:

"Me preguntan por una sola virtud del maestro. Una sola. No dudo: serenidad".

"Los maestros fracasan porque no aman a sus alumnos, no en el fondo callado de sus almas. Y el oficio desgasta y cansa como ningún otro porque alma y cuerpo se entregan sin tregua al cuidado atento del prójimo, a la generosidad multiplicada, al combate gigantesco con uno mismo para entregar siempre lo mejor".

jueves, 10 de agosto de 2017

Petroaudios. Políticos, espías y periodistas detrás del escándalo



El periodista peruano Gustavo Gorriti, en agosto de 2009, publicó el libro Petroaudios. Políticos, espías y periodistas detrás del escándalo. Este se basa en el escándalo político ocurrido el 5 de octubre del 2008, cuando en el programa Cuarto Poder, de América Televisión, el ex ministro del Interior Fernando Rospigliosi presentó una serie de conversaciones grabadas, en las cuales Romulo León (ex ministro aprista), Alberto Quimper (miembro del directorio de Perupetro, empresa estatal encargada de promover la inversión extranjera en el sector petrolero del país) y el empresario dominicano Fortunato Canaán, promotor de la empresa noruega Discover Petroleum, conversan "sobre una serie de pagos de decenas de miles de dólares que se repartirían entre ellos por contribuir a que la empresa noruega se adjudicase cinco de los siete lotes de explotación petrolífera a los que postuló en una subasta organizada por Perupetro". Cosa que finalmente sucedió, pues esta empresa ganó la subasta.

En el libro Gorriti, periodista de gran trayectoria y prestigio en temas de investigación, describe con gran detalle los entretelones detrás de este escándalo político que llevó a la renuncia del primer ministro de entonces, el aprista Jorge del Castillo, y de su gabinete. Describe, además, los intereses de los protagonistas detrás de esos audios y evidencias electrónicas. Es decir, de los políticos, espías (chuponeadores) y periodistas implicados. Y sobre todo, se centra en los chuponeadores, que fueron a parar después a la cárcel (pese a que eran gente cercana a Alan García).

Lo más interesante del reportaje es esa minuciosa narración sobre cómo, después de la caída del gobierno de Alberto Fujimori y el desmantelamiento del servicio de inteligencia de Vladimiro Montesinos, mucho gente retirada de la Marina del Perú -que era experta en temas de espionaje electrónico- comenzó a ofrecer sus servicios a grandes empresas privadas y, otros, a "chuponear" a políticos y empresarios, y vender dicha información a gente interesada. Es en ese contexto -y en colaboración con ciertos periodistas y empresarios que tenían como fuentes o colaboradores a aquellos "chuponeadores"- que se creo el marco para terminar "chuponeando" a gente del gobierno.

Este libro se presenta como la primera parte de un reportaje más extenso, sin embargo, aún no aparece publicada la segunda parte. Tal vez por eso, la investigación, pese a ser interesante en ciertos tramos, parece como las piezas de un rompecabezas que no llegan a encajar aún. Es decir, se siente como si hubiera piezas sueltas. Por ejemplo, hay momentos de la investigación en que se deja de lado el caso de los Petroaudios y se pasa al rumor, por parte de los espías privados, del peligro de las FARC colombianas en el Perú. Es cierto que esto está de alguna manera implicado con el tema de los Petraudios y los "chuponeadores", pero de todas maneras se nota forzado y no tan claro el vínculo.

Algo interesante, asimismo, es la transcripción de algunos de estas conversaciones telefónicas y correos electrónicos entre los implicados en el caso de los Petroaudios. Es evidente -a través de un lenguaje encriptado pero a veces también propio de gente pícara e inescrupulosa- que el aprista Romulo León; el funcionario y miembro del directorio de Perupetro, Alberto Químper; y Fortunato Canaán, el empresario representante de la empresa noruega (que luego ganaría la licitación), que estaban cometiendo delito y "comprando" la licitación... Luego de destaparse el escándalo, los chuponeadores fueron a parar a la cárcel. Y en el caso de los chuponeados implicados, Alberto Químper pasó de arresto domiciliario a la cárcel durante un par de años. Fortunato Canaán sigue en República Dominicana, pese a que hace 5 años se ordenó su detención. En el caso del aprista Rómulo León, fue expulsado del partido aprista por Alan García (pese a que este ha aceptado haberse reunido con Canaán y según León estaba al tanto de sus negocios con aquel) y, luego de pasar 3 años en la cárcel, sin acusación fiscal, sin juicio y sin sentencia -al igual que Alberto Químper- pasó a arresto domiciliario. 

Ayer 9 de agosto del 2017, todos los implicados en el caso de los Petroaudios, entre ellos Rómulo León y Alberto Químper, fueron absueltos de los delitos de cohecho y tráfico de influencias por la Corte Suprema de Justicia, aduciendo esta, increíblemente, que los audios y correos que se difundieron en canal 4 no son una "prueba lícita" porque fueron obtenidos de manera ilícita. ¡Lamentable la impunidad!

  

  

martes, 8 de agosto de 2017

Leonidas Yerovi y la sátira política en verso

A continuación, un fragmento de una letrilla política del escritor y periodista peruano Leonidas Yerovi (1881-1917), de su columna “Crónicas alegres”, en el diario La Prensa, que data de enero de 1908. Aquí Yerovi se vale de la sátira para censurar a la aristocracia limeña y el “origen oscuro” del entonces Partido Civilista: el huano de nuestras islas.
 
               Timbres huaneros
De entre unos viejos capítulos
de nuestra historia pasada
está saliendo a colada
el origen de los títulos
de mucha gente dorada.

Origen no sobrehumano
y derechos no divinos
como creímos en vano,
esos nobles pergaminos
están timbrados con huano…

Nuestras clases altaneras,
de sangre azul y más graves,
y de cunas más severas
¡Cuánto deben a las aves
de nuestras islas huaneras!

Y el civilista partido
hoy a la cumbre subido
tras un origen oscuro,
ya sabemos lo que ha sido:
puro huano … huano puro.
       […] 











jueves, 27 de julio de 2017

Hace 100 años en el Perú

Hace 100 años, el Perú era gobernado por el civilista José Pardo, quien ejerció la presidencia de 1915 a 1919. Era su segundo mandato, pues también gobernó de 1904 a 1908. Guillermo Billinghurst, presidente del Perú, de 1912 a 1914, sufrió un golpe de estado en febrero de 1914, porque corría el rumor que iba a disolver el Congreso. Y fue así, que todos los partidos opositores y la prensa se unió para derrocarlo, apresarlo y luego desterrarlo. Billinghurst murió al año siguiente presa de la desazón. En 1917, Augusto B. Leguía, presidente del Perú de 1908 a 1912, estaba exiliado en Panamá por sus enemigos, pero ya soñaba con regresar a su país y hacerse nuevamente con la presidencia. Lo conseguiría dos años más tarde y gobernaría los siguientes once años (de 1919 a 1930) implantando una nueva Constitución y un gobierno autoritario. Pese a eso, el Perú se modernizo en esos años. Lo que Leguía nunca se imaginó, es que terminaría derrocado y apresado en el Panóptico. En febrero de 1932, falleció en el Hospital Naval. 

En 1917, hace solo cien años, los diarios La Prensa, El Comercio y La Crónica eran algunos de los principales diarios del país. Ahí, sobre todo en La Prensa, se congregaban jóvenes y brillantes artistas intelectuales: Abraham Valdelomar, Leonidas Yerovi, Luis Fernán Cisneros, Jose Carlos Mariátegui, Federico More, José María de la Jara, José Gálvez Barrenechea, etc. Uno revisa los textos de estos -muchos de ellos eran autodidáctas que ni siquiera había culminado la universidad- y se queda sorprendido por la basta cultura y la brillantes de sus textos. Sabían de literatura, de filosofía, de historia del arte, de historia, de geografía, de biología, de zoología, de antropología y, por si fuera poco, escribían endiabladamente bien. En comparación con estos periodistas-intelectuales de comienzos del siglo XX, los periodistas de nuestra época palidecen, sobre todo, por la prosa. Actualmente, hasta los periodistas más reputados gozan de una prosa pobrísima. ¿Será lo mismo en la oratoria?

Ese año, de 1917, moría de un disparo Leonidas Yeroví, el gran satírico y dramaturgo peruano y fundador de la revista  Monos y Monadas. Finalmente, Abraham Valdelomar, un artista nato y una de las mentes más brillantes que ha dado nuestro país, estaba escribiendo en La Prensa verdaderas joyas periodísticas, además de publicar brillantes cuentos. Lo que no se imaginaba, es que dos años más tarde, en noviembre de 1919, con tan solo 31 años, la muerte lo estaría esperando. Como dice una canción, ¡nadie sabe lo que vendrá!

*Foto extraída de la web Lima Gris.

jueves, 13 de julio de 2017

Gilles Muller



Gilles Muller, tenista profesional, nació en Luxemburgo en 1983. Tras una carrera auspiciosa en juveniles (llegó a ser el número 1 de su categoría en el 2001), pasó al circuito profesional. Sin embargo, el cambio le afectó, pues recién el 2005 -a los 22 años- pudo disputar sus primeros Grand Slams de manera seguida. Pese a eso, los resultados no le acompañaron. Del 2005 al 2007, fue derrotado, la mayoría de veces, en primera o segunda ronda. Su mejor performance fue en Wimbledon, del 2005, donde accedió a la tercera ronda, luego de derrotar a un jovencito Rafael Nadal que acababa de ganar el Roland Garros. 

En el 2008, a los 25 años, luego de no jugar los primeros tres Grand Slams del año, llegó a cuartos de final del Abierto de Estados Unidos, perdiendo en dicha instancia con Roger Federer en un ajustado partido (6-7/4-7/6-7).  Esta fue la mejor actuación de su carrera. 

Luego de no participar en ningún Grand Slam el 2010 (tal vez, por motivos de lesión o quizá personales), retomó el circuito el 2011, alcanzando una 3ra ronda en Wimbledon y una 4ta ronda en el US Open. Su verdugo en ambas fue el español Rafael Nadal, ya entonces consagrado. En Wimbledon, Muller había perdido 6-7/6-7/0-6 y en el US Open 6-7/ 1-6/ 2-6. A estas alturas, quedaba claro que Gilles Muller (1 metro 93 de estatura) era un buen tenista, con un excelente saque, que en sus mejores momentos podía hacerle sombra a los mejores tenistas; no obstante, le faltaba fortaleza mental y, por tanto, era irregular en su desempeño. 

Esto se hizo visible en años posteriores, ya que, salvo una 4ta ronda en el Abierto de Australia (en el 2015), perdió en 1ra. o 2da. en los demás Grand Slams que participó. Este año 2017 no fue la excepción: perdió en 2da. ronda en Australia y en 1ra. en el Roland Garros. Sin embargo, Muller, pese a sus limitaciones, y a sus 34 años a cuestas, perseveró y eso lo llevó a obtener títulos pequeños de la ATP World Tour 250 series. Por ejemplo, en mayo llegó a la final de Estoril y ganó, en enero, el torneo de Sydney; y en junio, en hierba, el de Hertogenbosch. Fue así que ascendió en el ránking mundial y escaló al puesto 26. 

Muller llegó al Wimbledon 2017 como cabeza de serie 16. Y para sorpresa de muchos, firmó su mejor actuación en su carrera deportiva. En 2da. ronda le ganó al checo Rosol en cinco sets. Luego de vencer al británico Bedene en tres sets, le tocó enfrentarse en 4ta. ronda con un viejo conocido: Rafael Nadal. Gilles Muller sabía que si él confiaba en sí mismo, si se concentraba y daba todo de él, podía vencer al reciente campeón de Wimbledon y número 2 del mundo. Solo Muller sabía que lo mejor de sí salía en los momentos más difíciles, y que era hora de demostrárselo. Luego de ganar los dos primeros sets con relativa facilidad: 6-3 y 6-4 (y para sorpresa de los aficionados ingleses), Nadal comenzó a remontar. El español se hizo de los dos siguientes: 3-6/4-6. Gilles Muller supo entonces que no se podía dar por vencido. Sería Nadal su oponente, pero él ya le había ganado antes. Sería Nadal su adversario, pero Muller tenía un magnífico saque y debía aprovecharlo. Sería Nadal su rival, pero no era invencible. Fue entonces que Muller peleó con toda su alma, corrió y golpeó como nunca antes en su vida, y luego de un maratónico partido de 4 horas y 48 minutos, le ganó 15 a 13 en el quinto set. Estaba feliz, completamente feliz. Por fin, se había demostrado que si él confiaba en sí mismo, podía realizar cosas imposibles, incluso ganarle a uno de los mejores tenistas de todos los tiempos. Y aunque en Cuartos de Final cayó, en otro maratónico partido, con el croata Marin Cilic (6-3/6-7/5-7/7-5/1-6), Gilles Muller supo que le había ganado al rival más difícil: a sí mismo. 

  

jueves, 6 de julio de 2017

Rebelión en la granja

Escrita por el inglés George Orwell (1903-1950), Rebelión en la granja (1945) es una de las mejores y más potentes novelas satiricas sobre la dictadura soviética tras la revolución de 1917. A manera de fábula, se cuenta la historia de los animales de una granja, comandada por los cerdos Napoleón (Stalin) y Snowball (Trotsky) -que inspirados en el discurso del Viejo Mayor (Marx)- se rebelan contra los humanos tiranos de la granja y los expulsan de esta. Sin embargo, al tomar el poder, poco a poco, los cerdos van a comenzar a instaurar un sistema autoritario y de privilegios en desmedro de aquellos animales a los que consideraban sus iguales. Es decir, los cerdos (no es gratuita esta asociación animal con los líderes socialistas) terminarán implantando una dictadura sangrienta y cruel que resultará incluso peor que el gobierno de aquellos humanos (el sistema capitalista).

Esta fábula satírica, no obstante, representa también una censura feroz a cualquier sistema socialista que se presenta, al inicio, como la solución al explotador e injusto Capitalismo, pero que a la larga solo desemboca en un feroz autoritarismo y en la privación absoluta de la libertad. Asimismo, se burla y se critica a aquellos líderes socialistas que terminaron llenándose de privilegios y sojuzgando a aquellos que consideraban sus iguales. Eso no quita que Orwell también critique al sistema capitalista en algunos momentos de la novela. Pero lo que sí queda claro es que, muchas veces, la cura resulta peor que la enfermedad. 

A más de 70 años de su publicación, y escrita con un estilo ágil, claro y preciso, Orwell -que era simpatizante del socialismo democrático y que también escribió novelas y ensayos criticando las injusticias del Capitalismo- muestra en Rebelión en la granja su desencanto del Socialismo al ver que este era incompatible con la libertad. ¡Un clásico muy recomendable!



 

miércoles, 5 de julio de 2017

Diario de un profesor (48)

Penúltima semana de clases en el instituto donde laboro. La próxima ya toca los exámenes finales. A estas alturas, tanto profesores como estudiantes están exhaustos y desean que todo culmine de una vez. Aquellos -con las pocas fuerzas que les quedan- dan las instrucciones y pautas sobre lo que serán las evaluaciones finales, pero los alumnos escuchan sin prestar mucha atención. Ya sus mentes y cuerpos están puestas en las vacaciones: ¡y vaya que ambos las necesitan!

Al igual que aquellos inquietos estudiantes, los profesores ansían con todo su ser terminar con el bendito ciclo; se imaginan ya culminando de corregir la montaña de exámenes que se acumularán sobre sus escritorios (tras cuatro y cinco días de vía crucis) y, poder por fin, echarse en sus camas y respirar tranquilos. Tendrán alguna semanas (incluso hasta un mes) para reponer energías, pues -solo el que ha sido profesor lo sabe- el desgaste físico y emocional que han experimentado es igual o mayor al de correr una maratón de 42 kilómetros. El profesor entrará, por tanto, a un proceso de reposo absoluto, de hibernación, pues en un mes volverá -tal como el atleta-  a enfrentarse al reto de "correr otra maratón", de poner a prueba sus capacidades fisiológicas y psíquicas para alcanzar la "meta": liderar y motivar a cientos de jovencitos que ni siquiera lo conocen y a quienes su curso no les dice nada. El docente ,por tanto, deberá batallar para llegar a buen puerto, aunque sienta - en varios momentos de la travesía- que ha perdido el rumbo.        

miércoles, 28 de junio de 2017

Nada que decir...solo palabras

Nada que decir...solo palabras. La vida muchas veces no es como uno quisiera que sea. La realidad está tan lejos de tus sueños. Y sin embargo, hay cierta belleza en ese abismo que separa a ambos. Belleza en tratar de calzar esos sueños con la realidad que te da la espalda y se burla de ti. Pero no importa, uno lo intenta una y mil veces a pesar de que nunca logres tu objetivo. Y ahí radica la belleza de la vida: en seguir perseverando pese a que muchas veces quedes desalentado sintiendo que has fracasado una vez más. No importa. No hay que rendirse. Hay que seguir bregando.

Hay momentos en la vida en que uno siente que esta va tomando rumbo, que uno va creciendo, superándose, haciéndose más hombre o más mujer. Pero hay otros, en que percibes que tu vida no cobra sentido, que todo es caos y alboroto. Que en vez de avanzar y progresar, retrocedes y te estancas y te vuelves un mediocre.

Hay momentos en que revisas los sueños que has cumplido y te sientes orgullo por algunas de aquellas metas logradas. Pero hay otros instantes, en que ves que muchos de tus sueños se ven cada vez más lejanos e imposibles de alcanzar.

No importa. Hay que seguir batallando. No ceder. Mantener nuestros ideales, nuestra bondad, nuestra nobleza. No volvernos una mierda, porque la sociedad así lo sea. Por el contrario, hay que reír, hay que sacar lo mejor de nuestro carácter, arriesgarse, atreverse a decir y hacer nuevas cosas a pesar del miedo; a luchar aunque las fuerzas sientas que te abandonan. Es ahí donde debemos golpear más fuerte. Apoyarse en nuestro corazón, aquel que tiene todas la respuestas o la mayoría de ellas.




sábado, 17 de junio de 2017

Diario de un profesor (47)

En cada ciclo, hay un salón que va a hacer sufrir al profesor. Un grupo de muchachos inquietos, bulliciosos e incluso, a veces, malcriados, que no lo van a dejar dormir tranquilo por las noches. El profesor despertará en medio del sueño y su pensamiento se enfocará en cómo lograr que esos chiquillos -que se sientan al fondo del aula- logren aquietarse, prestar atención e involucrarse en sus clases. Varias alternativas asoman por su mente vacilante: desde la orden autoritoria hasta aquella que nace de la tranquilidad y el amor. Su miedo recurrente es que esos chiquillos le hagan perder la paciencia y él no tenga el carácter suficiente. Sin embargo, el profesor -que ya lleva algunos años en esta abnegada labor- ha pasado, antes, por situaciones incluso más complicadas, y sabe que ante esas dificultades, siempre ha salido airoso. Lo mejor de su caráter aparece ahí.

El profesor sabe que, aunque no tiene una respuesta clara de cómo afrontar el problema, tiene que actuar con el corazón y no con ira. Tiene que actuar sereno y firme. Debe tranquilizarse y convercerlos con razones y no con gritos, con inteligencia y no con prepotencia . Y sabe que esta es una nueva oportunidad para crecer y llegar a ser un día un hombre.

jueves, 8 de junio de 2017

Merlí


Merlí es una serie de televisión catalana, estrenada en el 2015, y que gira en torno a un controvertido e irreverente profesor de filosofía, llamado como la serie, que enseña en un instituto (colegio) a muchachos de bachillerato. Cada capítulo lleva el nombre de un filósofo (Aristóteles, Platón, Sócrates, los sofistas, Foucoult, etc.) y aborda la problemática de un profesor y sus estudiantes en una escuela. 

Lo primero que llama la atención de Merlí, un profesor nuevo que tiene como alumno a su hijo -que es homosexual-, es su fuerte personalidad y una gran seguridad en sí mismo que lo lleva a ser, rápidamente, popular entre los alumnos y con las mujeres. Sin embargo, Merlí, que educa para que sus alumnos piensen con libertad, también, por su mismo carácter, genera fuertes resistencias entre la mayoría de sus colegas y se para metiendo en líos de faldas que ponen en peligro su trabajo. Personaje complejo y contradictorio, simpático y cuestionable, no tiene escrúpulos y reparos para varias cuestiones (sobre todo cuando se trata de mujeres), pero también tiene un noble corazón que lo hace -a pesar de sus defectos- un buen profesor y un buen padre. 

Es interesante, además, como en cada capítulo, en medio de la trama, se cuela un poco de la visión de cada filósofo que da nombre al capítulo. La actuación del protagonista (Francesc Orella) es destacable, al igual que los actores y actrices que dan vida a los profesores, autoridades, padres de familia y jóvenes escolares. Destaca, sobre todo, la participación de los adolescentes (encabezados por los personajes de Bruno y Pol Rubio). 

Es cierto, como señalan algunas páginas web, que esta serie tiene influencia de la excelente película La sociedad de los poetas muertos (1989), de Peter Weir, ya que este profesor nuevo -al igual que la cinta- con sus nuevas ideas que cuestionan el status quo, pondrán en aprietos a sus alumnos frente a la realidad que los rodea. También se abordan temas como la homosexualidad, la discrimación entre escolares, los problemas que afrontan los adolescentes con sus familias, los dilemas de los docentes, de una manera interesante y amena, pero a la vez algo superficial.  

Con todo, Merlí es una serie muy interesante que vale la pena ver. Solo he podido observar la primera temporada (compuesta de 13 capítulos) y espero que Netflix cuelgue pronto la segunda que salió en el 2016.

domingo, 4 de junio de 2017

La Tesis

Desde que llegué de Europa, a fines de marzo de este año, solo he salido a divertirme un par de veces y no he pisado ninguna discoteca (la próxima semana espero desquitarme). Ni siquiera he ido al cine o al teatro y peor he leído novelas. La razón de esto es que estoy abocado, de pies a cabeza, en realizar y culminar mi tesis de maestría. Sí, he leído varios libros en estos meses, pero han estado relacionadas con la bendita tesis. He devorado libros, capítulos y artículos  pero sobre teoría de la sátira. He ojeado revistas, periódicos y novelas relacionadas con la sátira...Recuerdo que hace exactamente diez años pasé por lo mismo, pero en aquel entonces la meta era la tesis de Licenciatura. Un día, frente a la computadora, impotente porque sentía que no avanzaba y no tenía cuando acabar, me puse a llorar como un niño. Sin embargo, luego de un año y medio de esfuerzo purito vi la luz y pude licenciarme en mayo del 2008. 

Parece que ahora la historia se repite. El sufrimiento es el mismo y recién estoy en la tercera parte de mi investigación. Aprovecho el tiempo libre que me da mi trabajo para avanzar y, con ese fin, he sacrificado salidas con amigos y posibles citas. He decidido también no viajar ni darme grandes gustos hasta terminar la tesis (calculo que lo haré en diciembre o febrero). Mientras tanto, a seguir conviviendo con el trabajo silencioso, ese trabajo intelectual que poco a poco, con gran paciencia y corazón, comienza a dar frutos cuando menos lo esperas. Hoy domingo, por ejemplo, de 11 a.m. a 3: 45 p.m., he pulido un poco el capítulo 1, aunque aún me falta empaparme mejor sobre mi tema. 

De esta tesis depende muchas cosas. Es un paso vital para mi futuro, ya que voy a poder acceder a mejores oportunidades laborales (y mejor remuneradas). Pero, por sobre todo, lo que espero es hacer una tesis interesante, de la cual me sienta tan o más orgullo que la primera. No pretendo hacer "la investigación", pero sí una de la cual me sienta satisfecho y que aporte con un granito de arena a un futuro estudiante interesado en el tema: "La sátira en las crónicas políticas de Valdelomar".


domingo, 28 de mayo de 2017

Maratón Movistar 2017

El pasado domingo 21 de mayo, hace una semana, corrí la distancia de 21 kilómetros en la carrera Movistar, que es una de las más importantes del circuito atlético peruano. Los dos años previos, había participado en la distancia de 10 kilómetros con una participación digna o regular. Era la primera vez que partipaba en una distancia tan larga como 21 kilómetros y me había preparado más o menos bien: de lunes a viernes, corría interdiario media hora; y los sábados o domingos, corría de 1 hora hasta 1 hora y 45 minutos. Dos días antes corrí dicha distancia y el día previo a la competencia practiqué piques de 400 metros. Calculaba correr la distancia en 1 hora y 59 minutos. Sin embargo, el día de la carrera marqué 1hora, 56 minutos y 19 segundos. Me ubiqué en el puesto 923 entre poco menos de 4 mil participantes, y en mi categoría (de 35 a 39 años) me ubiqué en el puesto 139. 

Me gustó correr la distancia. Me resultó emocionante, retador, aunque gran parte del recorrido veía que mucha gente me pasaba. Sin embargo, no perdí la calma. Sabía que era una distancia larga y que mi éxito radicaba en mantener un ritmo constante y en guardar energía para los últimos 5 kilómetros. Me había olvidado mi reloj y corrí más por intuición siguiendo a un grupo que mantenía un buen ritmo. Los kilómetros se sucedían rápidamente. Los distritos, con sus calles diversas, iban desfilando ante mis ojos y, a veces, a pesar de mi cansancio, levantaba el rostro para contemplar las bellas fotografías de mi ciudad. Mientras corrías, veías multitud de atletas de los más diversos: razas, contexturas, tamaños, etc. Ahí en medio de la carrera, como una metáfora de la vida, eras consciente de ser una escasa gotita de agua dentro del océano. La palpable comprobación de que no corrías contra ellos, sino contra ti mismo. 

En los últimos 5 kilómetros, noté que aún tenía energía. Que a pesar del sudor que recorría todo mi cuerpo, podía ir un poco más rápido y comenzar a pasar atletas. Fue así que en ese último tramo fui sobrepasando a aquellos compañeros de ruta. Cuando escuché que estaba en el último kilómetro, y contemplé al fondo la meta, aceleré sin saber cómo. La cuestión es que corría más con el corazón que con el físico. Debía dar mi último esfuerzo y me imaginé en el colegio cuando corría como el viento. Al cruzar la meta, totalmente exhausto, y ver que había hecho tres minutos menos del tiempo esperado, me alegré y supe que había cumplido un sueño más...El próximo año intentaré la maratón completa: ¡¡¡los 42 kilómetros!!!



sábado, 20 de mayo de 2017

Diario de un profesor (46)

Los miércoles tengo reunión de coordinación en el instituto donde laboro. Además de la coordinadora, la acompañaba un profesor a tiempo completo. Era un hombre de poco más de 40 años, bajo, trigueño, de contextura mediana. A pesar de ser uno de los profesores con más experiencia del área, se le veía nervioso (al menos así yo lo noté). A veces, tartamuedeaba al expresar sus ideas y su rostro dibujaba muecas involuntarias. En ciertos momentos, hablaba muy rápido y no le entendía lo que decía. Tenía rostro de "chico bueno", tranquilo, que ha sido "medio lorna" en el colegio. Sin embargo, a pesar de eso, se notaba a leguas que tenía convicciones y, por eso, todos los profesores lo escuchabamos con respeto y atención. Sin duda, mientras escuchaba a aquel coordinador, me identifiqué con él. Al principio con leve molestia y luego con gracia, pues aquel coordinador era como yo. Las mismas virtudes y defectos. Me vi reflejado como un espejo y valoré que él, a pesar de sus "defectos", hubiese llegado lejos. Creo, personalmente, que para ser un buen profesor lo más importante es la vocación de servicio, la pasión. ¿Y el carácter? ¡El carácter nace de nuestras convicciones!

miércoles, 10 de mayo de 2017

Diario de un profesor (45)

Esa mañana, tenía que dictar clase a las once de la mañana. Llegué temprano al instituto (diez y cuarto) y me dirigí a la biblioteca a repasar mi sesión y esperar la hora. Me senté en un pupitre y desde los ventanales veía a los estudiantes  desplazarse por el campus. Me sentía nervioso. Más nervioso que en otras ocasiones. La clase anterior me había costado sudor y lágrimas atraer la atención de esos alumnos inquietos. Pensaba, ahí sentado, que debía tomarlo con calma, que estando tranquilo, o controlando mis nervios, haría una mejor performance. Respiré hondo y me decía: "Canaliza  tus nervios como una energía positiva". "Ayer preparaste bien tu sesión y si te tranquilizas todo va a salir bien". El corazón me latía y en el pecho sentía como electricidad. Entré al aula con una sonrisa que escondía mi temor, mi miedo a no hacerlo bien. Como cuando era niño y corría en las competencias del colegio. Esos nervios que eran la evidencia palpable de que algo nos importa. Me encomendé a dios y gracias a él, y al azar, la clase me salió muy bien. Con los minutos me fui relajando, los alumnos participaban y se mostraban interesados. Incluso hubo momentos en que desperté sonrisas. Al final de la sesión, algunos se despedían agradecidos y yo respiré satisfecho. ¡Todo es cuestión de confiar en uno!                      

lunes, 1 de mayo de 2017

Diario de un profesor (44)

Imagínate que entras a un aula de clase y el salón es un alboroto: cuarenta chiquillos conversan bulliciosos soltando lisuras y sonoras carcajadas. Inicias tu clase y esperas que ellos, al verte dictar, guarden silencio. Pero no: prosiguen como si no existieras, como si fueras un fantasma, un ser invisible. Levantas la voz pidiendo silencio. Ellos se callan unos segundos, tal vez medio minuto, pero luego continúan conversando en medio de sonrisas cómplices. Ahora gritas exigiendo silencio, indignado, con los ojos desorbitados, casi sin aire y contemplas la risa maliciosa de algunos alumnos mirándose entre sí. Sientes que ellos huelen tu miedo y te van a hacer la vida imposible, te van a hacer perder los papeles, te van a volver loco... Me imagino que este es uno de los grandes miedos de un maestro. El miedo a no saber qué hacer ante un aula de muchachos malcriados que han visto en el profesor una víctima en la cual mostrar su crueldad. Es ahí cuando el profesor debe guardar la calma, respirar profundamente y pensar rápidamente qué medida tomar. Esa noche, seguramente, el profesor no podrá dormir pensando qué hacer, cómo solucionar aquel desbarajuste y preguntándose si tendrá el carácter para enfrentar la situación. Creo que si el docente tiene fuertes convicciones y actúa con el corazón y no con odio va a poder (sufriendo un poco) sacar adelante aquel salón de clases. Podrá enseñarles a esos chiquillos inmaduros a respetar al prójimo y a hacerse respetar. La base de toda convivencia sana es el respeto entre las personas, pues sin eso no hay nada. No creo, por tanto, que la solución sea gritar o carajearlos: eso solo produciría miedo y le cortaría las alas a los chicos sensibles que también pueden haber en clase. O solo les "enseñaría" a respetar por miedo y no por que les nazca. Por tanto, hay que buscar medidas más inteligentes, medidas que tal vez a corto plazo no ofrezcan una solución, pero que a la larga permitan formar seres pensantes y respetuosos. Por ejemplo, se me ocurre cambiarlos de sitio, conversar con cada uno aparte para hacerle entender su proceder, hacerles preguntas a los chicos que conversan demasiado, hacerlos exponer el tema en el cual estaban distraídos, etc. Claro, es un camino largo, muy difícil, pero el único que nos puede garantizar que estamos formando ciudadanos listos para vivir en sociedad y respetar al prójimo.

domingo, 23 de abril de 2017

Rutina de domingos

Cuando no salgo a alguna reunión o fiesta o cita, acostumbro despertarme los domingos entre las 8 y 9 de la mañana. Saco a pasear al perro a un parque aledaño. Luego tomo un yogurt o desayuno algo ligero y salgo a correr. Corro una media hora alrededor de un bonito monte, poblado de árboles y jardines. Mientras troto, contemplo a las señoras y jóvenes bailando en una de las calles cerradas por ser domingo, y solo abiertas al público deportista y familias. Veo jovencitos corriendo o haciendo barras, niños y padres de familia en bicicletas o patines, grupo de personas jugando voley. Ya con el sudor surcando mi rostro, regreso a mi casa y me doy un duchazo. Desayuno un pan con queso o palta y yogurt. Luego, empiezo el ritual de hace años: enciendo mi Toyota Corona rojo del año 82 y le paso un trapo para retirar el polvo acumulado en las ventanas y la carrocería. Mi toyota está muy bien conservado y parece un carrito de colección (no llega aún a los cien mil kilómetros). Se lo compré a mi hermano hace 5 años (mi madre se lo obsequió cuando terminó su carrera en San Marcos) y desde entonces lo he ido arreglando y agregándole detallitos. Por ejemplo, tapicé el asiento principal que estaba hecho trizas; reparé los faros y las micas de las luces frontales y posteriores, hice pintar los aros que estaban picados, etc. ...Piso el acelerador, con la radio prendida (hoy escuché un disco de Unión Cinema), y me voy por Velazco Astete, Primavera, Angamos, Ovalo de Higuereta, Benavides, Caminos del Inca. Es casi un placer manejar los domingos, pues casi no hay tráfico. Y como solo uso el auto los fines de semana, lo hago correr para que la máquina trabaje. Luego retorno a mi casa y guardo el carrito, hasta el próximo domingo, en la cochera. Tras ello, saco mi bicicleta Goliat (que tengo desde la adolescencia) de franjas negras y rojas, y le paso también el trapo al asiento, el manubrio, los aros y a la base metálica. Tras ello, manejo por la Loma, y veo nuevamente a las mujeres bailando, a los jóvencitos haciendo barras, a los niños y padres patinando o en sus bicicletas. Pasear en bicicleta es una de las cosas más sencillas y hermosas que uno puede hacer. Me da placer y me relaja. Me recuerda también a mi adolescencia, cuando paseaba en esa misma bicicleta por aquellas mismas calles, en busca de conocer alguna vecinita simpática. Más de veinte años de eso (alucinante). Paso por varios parques, realizo algunas maniobras que demuestran mi intacta pericia, y retorno a mi hogar luego de pedalear unos buenos kilómetros. Finalmente, tomo un buen vaso de agua y ya estoy listo para volver a la "realidad".



 

miércoles, 19 de abril de 2017

Diario de un profesor (43)

¿Qué harías si un día llegas a la institución donde enseñas hace varios años y te enteras que se ha cambiado el sistema de calificación, sin previa consulta a los profesores, y te das cuenta de que este es un disparate? ¿Te imaginas un sistema de calificación en el cual un alumno que saca de 0 a 12-en cualquiera de sus cuatro evaluaciones semestrales- se le deba poner como nota 12? Es decir, que si un estudiante saca 03 o 05 o 08 o 10, el profesor le debe poner 12. ¿Te lo imaginas? ¿Qué harías en un caso así? Por otro lado, según ese bendito sistema de calificación, si un alumno saca entre 13 y 15, ¿estarías de acuerdo en colocarle 13 de frente? En otras palabras, tú sacas 14 o 15 -por ejemplo- en tu examen Parcial, pero el profesor debería ponerte 13. ¿Tiene sentido? Finalmente, qué pasaría o qué pensarías si te enteras, que de las cuatro notas principales del curso, la última vale el 60% ... ¿Qué harías en una situación así? Tú, como profesor, ¿enseñarías con la misma motivación?, ¿protestarías ante tus jefes?, ¿te reirías y seguirías trabajando en silencio como si nada hubiese pasado?, ¿lo verías como una oportunidad?, ¿te parecería motivador o la idea más absurda? 

En una situación así, el profesor se presenta ante un dilema y tendrá que resolverlo de acuerdo a sus principios y necesidades (económicas, laborales). No me animo a dar una respuesta, pero sí a preguntarnos si la motivación es la misma y a tomar una decisión con el corazón.     

domingo, 9 de abril de 2017

Viajes y autos

El miércoles pasado, una amiga me jaló en su flamante auto: un pequeño pero bonito y espacioso Honda mecánico de color blanco. Mi amiga, 33 años, me contó que había pagado la mitad por adelantado (6 mil dólares) y en los próximos dos años tendría que pagar, mensualmente, cuotas de 700 soles. Es decir, el auto le iba a costar un poco más de 11 mil dólares (aunque ella me indicó que eran 12 mil). Mientras me contaba eso, ella me hizo recordar que 3 o 4 años atras yo la jalé el mi carrito: un toyota corona, antiguo, pero bien conservado. Yo recordé de inmediato las veces que pensé en venderlo, pero al final el cariño me lo impidió.

En estos cuatro años, a partir de marzo del 2013 (que viajé a Arequipa), he gastado un poquito más de 6 mil dólares en mis viajes. Es decir, tal como mi amiga, con ese dinero pude haber pagado el 50% de un flamante y moderno auto. Sin embargo, si me dieran a escoger entre viajar por el Perú y el mundo y comprarme un auto nuevo, preferiría lo primero. No me arrepiento, por tanto, en estos 4 años, de haber gastado mi dinero en conocer ciudades de mi lindo Perú (Arequipa, Iquitos y nuevamente Cuzco y Apurimac) y capitales y ciudades del exterior (Buenos Aires, Río de Janeiro, Madrid, Roma, Florencia, París). Creo, personalmente, que ha sido una gran inversión y ha sido una forma de recuperar el tiempo perdido en cuestión de viajes...Y es que entre los 27 y 34 años no viajé a ningún lugar, porque atravesé una época de vacas flacas y mis prioridades eran otras.

Si mañana muriera, creo que me podría morir tranquilo en cuestiones de viaje (aunque claro, tengo aún mis deudas pendientes). Me gustaría antes de los cuarenta conocer, en el Perú, Chiclayo y Cajamarca. Y en el exterior, visitar Miami y Nueva York (mi padre estuvo por Nueva York en los 70s). Ojalá las cosas se den. Ojalá dios confabule para lograr esto. Hace un mes conocí Europa. Conocí especificamente 4 ciudades: Madrid, Roma, Florencia y París (y estuve en el aeropuerto de Barcelona). Gasté poco menos de 3 mil dólares. Sabía que si no viajaba ahora, no lo iba a hacer nunca. La verdad que no me arrepiento. Fue la plata mejor gastada, aunque ahora mis ahorros son escasos. Agradezco también a mi amiga A que me brindó hospedaje en Madrid durante 5 días (sin ella este viaje no hubiera sido posible). También agradezco a mis amigas B y C que me sirvieron de guías en Florencia y París. Y claro, otros amigos que me brindaron sus recomendaciones a través del Facebook.

Europa es hermosa, quedé maravillado con muchas cosas: la historia, la belleza de los paisajes y las ciudades, las mujeres (las romanas son hermosísimas), la comida, etc. Pero sobre todo, tal como el título de una obra del peruano Sebastián Salazar Bondy, descubrí o entendí lo que mi intuición ya me decía: "No hay isla feliz". Es cierto, pues, que dichas ciudades están mucho más avanzadas que mi Perú, en muchos aspectos; sin embargo, mientras viajaba en los metros subterráneos, comprobé o palpé la soledad, la frustración, el desasosiego, la falta de comunicación entre las personas. Allá no son más felices que acá, al contrario, varias veces noté que la gente de Europa -no toda por supuesto- es más fría y está encerrada como en su burbuja. Es decir, en los metros, las personas eran como fantasmas que no cruzaban miradas y parecían no existir el uno para el otro (cosa que aún no sucede en el Perú). Además, noté que la gente allá es como en todos lados: existen personas muy atentas, educadas y serviciales con el extranjero; y otras que te ven como un extraño y te tratan de manera despectiva. En suma, allí, a la distancia, entendí que mi destino estaba en el país en que me tocó nacer. Y que con sus miles de problemas, el Perú es un país que tiene también muchos aspectos positivos y que debemos valorar!!! 












domingo, 2 de abril de 2017

Diario de un profesor (42)

Para mi gran sorpresa, y a una semana de empezar un nuevo ciclo en el instituto donde laboro hace más de cinco años, el viernes pasado recibí un reconocimiento por mi labor como docente en el semestre pasado. Es decir, obtuve un buen puntaje en mi rendimiento docente (encuestas de alumnos, supervisión, entrega de notas y exámenes, puntualidad, etc.) y, junto a un grupo de 20 o 25 docentes, se nos premió en una pequeña ceremonia de apertura del ciclo 2017-1. No era la primera vez que me premiaban. Dos veces antes (la última dos años antes) ya había sido distinguido con ese pequeño reconocimiento. No puedo negarlo, uno se alegra y se siente como un niño o adolescente de colegio que recibe su diploma de honor. Mientras recibía la felicitación del directivo y el papel que certificaba mi reconocimiento, pensé que así era la vida de un docente: llena de altas y bajas. Recordé, clarito, cómo un año antes, salí mal en mi encuesta docente, y en dos de mis aulas salí con promedios bajos. Por eso, a pesar de que agradezco el logro obtenido, no me la creo mucho. Se que ahora mis alumnos e institución reconocieron mi esfuerzo, pero sé que mañana eso puede cambiar. La vida es impredecible. Nunca sabes cuándo estás arriba y cuándo abajo, por más pasión que le pongas a las cosas... Así que a conservar la humildad, no creérsela mucho, y seguir trabajando (batallando, como diría Jorge Eslava) con humildad y pasión, esperando o rogando que los alumnos valoren (con tus defectos y limitaciones) el esfuerzo que pones en cada clase!!! Y claro, a renovar el entusiasmo en estos días previos al inicio de ciclo!!! Como dice el refrán, "a Dios rogando y con el mazo dando".

lunes, 27 de febrero de 2017

Un año más de vida

Mañana cumplo un año más de vida. Recuerdo que hace unos años escuché decir al escritor y cineasta chileno Alberto Fuguet lo siguiente: "Cuando tenía 34 años sentía que estaba envejeciendo por minuto". No sentí eso cuando cumplí esa edad, tampoco me pasó a los 35 o 36. Por el contrario, me sentía joven, en la mejor edad de mi vida. Recién entendí esa frase el año pasado que cumplí 37. Precisamente el año en que me comenzaron a decir "señor". Ahí entendí que nadie se salvaba del paso del tiempo. Que el reloj de arena de la juventud se estaba agotando. Recordé cuando tenía 22 años y, a pesar de que ya era consciente de la rapidez con la que pasaban los años, veía lejano, por no decir nunca, que yo empezara a envejecer. "Los demás podrán envejer, pero yo no", pensaba ilusamente. Sin embargo, en los últimos dos años, a pesar de que aún soy y me siento joven, las canas han aumentado en buen número; he engordado unos cinco kilos (a pesar de que hago deporte y como sano); he sentido que mi cuerpo ha comenzado a cambiar y asemejarse más al cuerpo de un hombre adulto... Es así, es la vida, es el paso del tiempo. Y ni siquiera los que parecíamos chibolos nos salvamos. Recuerdo que recién a los 14 me comenzaron a  decir joven, pues haste los 13 me decían "niño" y muchos adultos, por mi escaso tamaño, pensaban que estaba en primaria. Recuerdo cuando tenía 26 años y mis amigos pensaban que tenía 21. Veo mis fotos cuando cumplí 30 años y se me veía un jovencito de 25. Recuerdo que a esa edad (30) salía con una chiquilla de 18 y ella pensaba que tenía mucho menos. ....Pero los años pasaron: ahora voy a las discotecas y cuando quiero sacar a bailar a una jovencita de 20 o 21, veo en muchas el rostro de que ya les pareces mayor, como muy "tío" para ellas -y muy mocosas para ti-. Pensé que nunca iba a llegar a esa edad, mas ya ocurrió... A pesar de lo anterior, sé que estoy en la mejor etapa de mi vida: en esa edad en que se mezcla, aún, la juventud y la madurez; y lo único que queda es gozar al máximo, aprovechar cada oportunidad y llegar lo más lejor que uno pueda, siempre manteniendo la humildad y sin perder nuestra esencia.

lunes, 20 de febrero de 2017

Diario de un profesor (41)

Hoy culminé un nuevo ciclo en el instituto donde enseño. A diferencia de otros ciclos, este ha sido un semestre tranquilo ya que he tenido pocas aulas a cargo y mis alumnos -adolescentes de 17 a 20 años- eran muchachos buenos y tranquilos. Es decir, he tenido suerte, ya que en otras oportunidades siempre me ha tocado al menos un aula que me ha costado sangre, sudor y lágrimas llevarla a buen puerto: esos salones de muchachos inquietos a los que es difícil tenerlos callados más de quince minutos... En cambio, en este ciclo, no he tenido problemas de ese tipo, mi único reto ha sido tratar de enseñar bien y espero, ojalá, haberlo logrado. Por supuesto, que lo he intentado y di lo mejor de mí, pero siempre me quedo con un ligero sinsabor: el rostro ausente de alguna chica o chico al cual no llegué a persuadir o involucrar en mi curso. ¿Cómo tocar las fibras más íntimas de un adolescente? ¿Cómo avivar el brillo de sus ojos? Recuerdo cuando tenía 19 años, y había ingresado a la Facultad de Comunicaciones. Aún entonces me sentía a la deriva y los estudios y la universidad no me decían nada de la vida: los cursos me parecían aburridos, insípidos. Fue entonces que conocí al profesor Luna Victoria, que enseñaba un curso que vinculaba la Filosofía con las Comunicaciones. Al principio no le entendía nada, pues hablababa en un lenguaje hermético. Pero me conmovía como daba la vida en el aula de clase. Pareciera que estaba ante un ring de box y sus palabras eran como golpes que buscaban hacernos reaccionar. Fue por eso que comencé a tratar de entenderlo, aunque sin mucho éxito. Ese semestre solo obtuve un 13 con él. Al ciclo siguiente, llevé otro curso con Luna Victoria y obtuve una nota similar. Un par de años más tarde, a los veintidós, me inscribí en una asignatura electiva con él. A esa edad ya estaba más leído y ahora sí lo entendía. Mi meta era, sabiendo que era mi último curso con aquel, tener una buena nota y no esos mediocres treces de antes. El trabajo final era un ensayo sobre pintura contemporánea. Recuerdo que estuve un par de días en la biblioteca de la Universidad recopilando información. Pero la noche previa a la entrega, que era a las 9 am del día siguiente, mi ensayo aún estaba en pañales y me sentía deseperado frente a la computadora, pues no podía expresar y organizar mis ideas. Me sentía impotente y pensé que otra vez iba a obtener una nota mediocre. Pero no. Esa noche no me conformé. No me fui a dormir derrotado como otras noches. Sino que me quedé toda la madrugada escribiendo. Poco a poco las ideas comenzaron a brotar como por arte de magia y cerca de las seis, con las primeras luces de la mañana, terminé mi bendito ensayo con una sensación de triunfo. Una semaña después fui a recoger mi nota y el profesor me hizo pasar a su pequeña oficina y me felicitó por mi "excelente ensayo" y me dijo que lo iba a "obsequiar" al Museo de Arte de Lima. Incluso lo alabó en frente de otros alumnos. Yo estaba feliz, pues a pesar que me puso 16 (17 era la nota máxima que ponía), para mí era como un 20...Pues ese mismo brillo o llama de curiosidad que aquel inolvidable profesor (y otros profesores) despertaron en mí, es lo que yo sueño lograr con mis estudiantes. ¡Seguiré en la brega, en la lucha ardua! ¡Seguiré batallando!