miércoles, 31 de diciembre de 2025

Soñar despierto

Hace 3 años comencé a garabatear algunos cuentos. Actualmente, tengo 8 cuentos aún como borradores, es decir, cuentos en estado primario, con bastantes defectos y aspectos por pulir. Pero ahí está el embrión o la base de lo que será mi próximo libro, seguramente el mejor o el más maduro en comparación a mis 2 libros de cuentos anteriores. El nombre del libro será Soñar despierto, ya que son personajes que viven en el mundo de la ficción, ya que este les parece más perfecto que el mundo real. Además, a diferencia de mi primer libro en el que la dura realidad le da la espalda a los sueños o metas de sus protagonistas, aquí en Soñar despierto la ficción, los sueños, la fantasía vencen. Es decir, este va a ser un libro más optimista, que busca que el lector la pase bien y termine con una sonrisa en el rostro. Mis referentes respecto a esto son básicamente películas, como "Se arrienda" o "Velódromo" del escritor y cineasta chileno Alberto Fuguet; "Qué bello es vivir" y "Mr. Smith va al congreso", de Frank Capra; "La quimera del oro", de Charles Chaplin, entre otros. 

Eso sí, buscaré que no sean cuentos aleccionadores, con moraleja y previsibles. También trataré de no pecar de sentimental o cursi (como en algunos cuentos de mi segundo libro). Finalmente, agregaré unos 2 relatos más, para así hacer un libro de unas 150 a 200 páginas. El plazo para escribirlo será diciembre del 2027 y su publicación será máximo en diciembre del 2028. En otras palabras, antes de los 50 años. ¡A dios rogando y con el mazo dando!

Diario de un profesor (102)

 Se acaba el año y es hora de hacer un pequeño recuento del 2025 en materia de mi práctica docente. Mis promedios en la encuesta referencial docente (que llenan mis estudiantes universitarios) han ido bajando en los dos últimos años. No es que tenga promedios bajos, pero claramente hay una merma en mi rendimiento: los estudiantes ya no me perciben igual que en mis primeros tres años como docente universitario. Entre los comentarios positivos que leí en este último ciclo 2025-2, me quedo con uno que dice: ¡Siga adelante profesor, es muy bueno en lo que hace. No se rinda! Otro positivo es "Hace que el curso se sienta muy a gusto, es el segundo curso que llevo con él, súper". Y entre los comentarios negativos encuentro los siguientes: "Con todo respeto, el profesor es muy poco comprensible con los inconvenientes extraestudiantiles que los alumnos pueden experimentar para llegar a clases o dentro del desarrollo de las mismas, además de ser provocador y poco empático". Otro es "No hace retroalimentación o aclaraciones de las lecturas en clase" o "Buen profesor, amable y cordial. Sin embargo, su clase puede llegar a ser aburrida y poco dinámica". Finalmente, leo "No hace sus clases muy dinámicas y siempre nos hace hacer lo mismo, aunque sí explica bien".

De los anteriores comentarios, me queda claro que como docente debo tratar de mejorar en esos aspectos que señalan los estudiantes. Hay algunos comentarios que no comparto del todo (como aquel de que soy "provocador" o "no hace retroalimentación"); sin embargo, hay que saber escuchar y tomar esas sugerencias como el pretexto para innovar y perfeccionarme en el oficio de la enseñanza. Será ocasión este verano para animarme a llevar clases de clown o impro (que he postergado por temor) y, de esta manera, hacer que mis clases se vuelvan más dinámicas. Siempre he pensado que el teatro es una excelente herramienta para que los alumnos aprendan jugando y el profesor se divierta enseñando. 

sábado, 27 de diciembre de 2025

Obras completas (y otros cuentos)

 

Augusto Monterroso (1921-2003) es un reconocido escritor guatemalteco famoso por sus relatos breves "El dinosaurio" y "El eclipse". Precisamente, en el libro de cuentos Obras completas (y otros cuentos), publicado en 1959, aparecen aquellos dos clásicos relatos.

Debo señalar que el libro es de interés, sin lugar a dudas. Hay cuentos más logrados que otros, pero en todos se aprecia una visión suigéneris del mundo, es decir, una visión particular del narrador sobre las cosas o personas que lo rodean. Eso se aprecia ya en el primer relato, Mr. Taylor, un hombre culto, que se vuelve un vendedor de cabezas de una tribu en la selva amazónica. Esta sería una sátira sobre el mundo occidental consumista y las tribus nativas.

Hay otro cuento titulado "Sinfonía concluida" en la que Monterroso prescinde del punto seguido y cuenta su historia breve en una sola oración larguísima. Aquí cuenta la historia de un guatemalteco que cree descubrir una composición de Schubert y viaja a Europa para demostrarlo. 

Sin duda "El eclipse" es una pequeña obra maestra, ya que en solo una página el autor hace una inteligente y divertida crítica al mundo occidental, el cual subestima a las tribus aborígenes.

Debo agregar que "El dinosaurio" sigue siendo un relato que no llego apreciar del todo y me parece solo ingenioso, ya que Monterroso escribe un cuento en solo una línea.

Otras historias que me gustaron fueron "Primera dama" (aunque el final no es tan contundente); "Leopoldo (sus trabajos)", la historia de un escritor que no escribe; "El centenario", sobre el hombre más alto del mundo; "No quiero engañarlos", sobre una mujer a la que presentan como una gran actriz, pero no lo es y se lanza con un sincero discurso; y finalmente "Obras maestras", otro de los cuentos más logrados del libro, aunque más erudito, que gira en torno a joven con un gran potencial para ser poeta, pero que es arrastrado por su maestro (por envidia) al mundo académico y al estudio de las obras completas de Unamuno.  

En suma, hay que leer a Augusto Monterroso que resulta un escritor de valía y, se palpa, fue un artesano de las palabras. Es decir, más que talento innato, fue un hombre que trabajó duro y salió airoso del difícil desafío de la literatura. 

jueves, 11 de diciembre de 2025

Diario de un profesor (101)

Llego a la universidad abrumado por el trabajo. Es martes y me toca clase en una sección complicada. La clase anterior tuve que llamar la atención a un par de alumnos por estar distraídos y hablar en clase. Francamente, me siento con poca motivación para dictar, pero me dirijo a clase. En el pasillo del pabellón donde dicto, una simpática alumna me saluda con cariño y me dice: "¡Profe, lo extraño! ¡Me gustaba mucho su clase!". Sonrío y la escucho con emoción.  Le agradezco sus palabras y me quedo conversando con ella un rato. Le pregunto su nombre para no olvidarlo. Finalmente, nos despedimos con un beso en la mejilla y le deseo lo mejor. Gracias a ella, mi estado de ánimo mejora, me siento motivado, revitalizado y dicto mi clase lo mejor que puedo. Para mi sorpresa, esa tarde no tengo contratiempos. Los alumnos díscolos se comportan bien. Al salir de clase, en dirección a mi otra sección, recuerdo que lo mismo de hoy ya me había pasado en algunas otras ocasiones, unas tres o cuatro veces. Pienso: los alumnos también nos salvan con sus palabras, palabras mágicas que nos alientan a seguir en la brega y dar lo mejor de uno. 

miércoles, 10 de diciembre de 2025

La prima Bette

 

La prima Bette del escritor Honoré de Balzac apareció originalmente por entregas en un diario de París a mediados del siglo 19. Cuenta la historia de la prima Bette (Isabel), una mujer fea y soltera que busca venganza en la familia que la acogió pero que -siente ella- siempre la relegó y desprecio. A lo largo de las casi 500 páginas de la novela, vemos las intrigas de la prime Bette, aliada con la libertina señora Marneffe, para cobrar venganza de su prima Adelina, su esposo el barón Hulot (otro libertino) y su hija Hortensia.

Aunque la novela ha envejecido con el tiempo (parece un cuadro de costumbres de la época post Napoléón), la segunda parte es entretenida y es un buen reflejo de la sociedad parisina de mediados del siglo 19. Balzac te hace viajar a través del tiempo y te muestra que las personas, aunque cambie el contexto, son las mismas en esencia. Además, muestra que la naturaleza del ser humano es compleja y difícil de aprehender. Finalmente, hay que agregar que el desenlace de la novela también resulta sorpresivo pues, aunque parece terminar en un final feliz, hay una vuelta de tuerca en el último capítulo.

En suma, hay que leer esta novela ya no tanto por su valor literario (que lo tiene en cierto grado), sino sobre todo para adentrarnos en la sociedad parisina clasista y machista de mediados del siglo 19, en la que convivían libertinos con mojigatos. 


El cojo y el loco

 

La obra del escritor peruano Jaime Bayly (1965) es, en buena parte, satírica. Muchos no entienden la obra de Bayly, porque dejan de lado que él forma parte de la gran tradición satírica de la literatura y el periodismo peruano. En otras palabras, Bayly es nuestro Felipe Pardo y Aliaga del siglo 21. Por eso, varias de sus obras son sátiras sobre la sociedad peruana y, en específico, limeña. Por ejemplo, ahí están claramente Los últimos días de La Prensa, Pecho frío y El cojo y el loco. También hay novelas que contienen componentes satíricos, como Y de repente un ángel y Los genios. Hay que indicar que Bayly usa una sátira burlesca y, a veces, lo usa de manera inteligente para matizar una historia dramática como la muerte de su padre (en Y de repente, un ángel) o la amistad que se quiebra entre Vargas Llosa y García Márquez (en Los genios). Sin embargo, en obras puramente satíricas como El cojo y el loco no usa, en mi opinión, el componente satírico con la precisión debida.

El cojo y el loco es una novela corta del año 2009. Cuenta la historia del cojo (su padre) y el loco (su primer suegro) a través de una ficción que satiriza de manera ácida y burlesca a dos hombres de la clase alta limeña que nacen o adquieren una discapacidad que los estigmatiza y traza un destino aciago para sus protagonistas. Como toda novela de Bayly, la trama atrapa rápidamente y el lector no suelta el libro hasta terminarlo. Asimismo, la sátira burlesca que emplea Bayly para caricaturizar a sus personajes principales (y secundarios) logra la complicidad del lector. No obstante, como en otras novelas fallidas del autor (como La lluvia del tiempo), el humor demasiado chabacano, explícito y redundante en temas sexuales le quita fuerza a la sátira. Por ejemplo, en esta novela El cojo y el loco, el cojo es un hombre primario, machista y violento que solo busca meterle “kilómetros de pinga” a Dorita, su futura esposa. Claro, la primera vez que lo lees te sonríes, pero el problema es que Bayly hace hincapié en esto una y otra vez de manera cansina y termina por agotar al lector: “Dorita, puta de mierda, porque ahora te vas a comer esta rataza que tengo para ti”. Por tanto, al leer a Bayly, uno siente que los reguetoneros parecen poetas en comparación a él.

Finalmente, debo agregar que al ser una sátira que muestra a sus personajes como seres primarios, discapacitados y machistas, podría ser válido hacer uso de este humor procaz y chabacano. Sin embargo, el poder crítico de la sátira literaria se diluye y se empobrece. Por todo lo anterior, El cojo y el loco es un libro fallido desde mi punto de vista.

 

martes, 12 de agosto de 2025

Diario de un profesor (100)

Este ciclo que terminó tuve 3 o 4 alumnos difíciles. No eran malos chicos, pero sí me costó saber llevarlos. Recuerdo que, a uno de ellos, en la primera clase, le dije educadamente para que leyera una diapositiva, y me miró con un gesto como si le hubiese insultado a su madrecita. Luego me percaté de que su semblante era así, serio, como si el mundo y la gente le disgustara, y entre ellos el profesor. En otra de las clases, a la que llegó tarde, me hizo un par de preguntas cuestionando los ejemplos que había dado. Tuve que tomar aire para no perder la compostura y responder de la manera más diplomática posible (total, es su derecho y es saludable que el estudiante cuestione lo que se le enseña). En otra ocasión, el estudiante no formó grupo para realizar ciertos trabajos y, en una par de evaluaciones en parejas, simplemente no quiso trabajar con algún compañero (al final, tuve que acceder a sus caprichos pero le desconté 3 puntos en sus notas). Para colmo, no cumplía con los cuestionarios que dejaba. Así vista las cosas, el alumno iba directo a repetir el curso.

Sin embargo, de inmediato, a través de sus preguntas, me di cuenta que el muchacho era hábil y en su primer examen salió con una nota aprobatoria (15) que demostraba que escribía y argumentaba bien. En la segunda parte del curso, pensé que su actitud cambiaría. Pese a esto, en una clase se la pasó mirando su celular y con sus audífonos. Pensé ignorarlo, pero en un momento no me contuve y le llamé la atención. "Joven, ¿va a escuchar la clase o va estar mirando su celular?". Recordé que la clase anterior, buena parte de esta, había estado durmiendo. El alumno no me respondió y me quedó mirando sorprendido. "Bueno, lo espero", agregué, esperando que guardara su celular y prestara atención. No obstante, el alumno se levantó de su pupitre y se retiró sin decir nada. Durante una semana se ausentó y pensé que ya no iba a volver a clases por la vergüenza. Mas se apareció la siguiente semana como si nada hubiese ocurrido e incluso me hizo un par de preguntas en clase, con un tono sosegado, que me dejó perplejo. 

Lo que vino después fue mejor. Por algún motivo, el estudiante cambió de actitud al menos en parte. Por ejemplo, accedió en la segunda etapa del curso a trabajar en grupo con un compañero. Además, un par de veces, noté que trató de esbozarme una sonrisa al despedirse, lo cual contrastaba con el semblante adusto que llevaba siempre. También, en una ocasión, recuerdo que lo veía bostezar en clase de manera exagerada y constante, y le pedí que por favor se cubriera la boca al bostezar; y él me hizo caso.

Y pese a que nunca hizo sus cuestionarios y en alguna evaluación reconoció que no había leído las lecturas del curso, logró dar un excelente examen final (obtuvo 17 de nota) que le permitió aprobar el curso. Incluso, fue una de las mejores notas de la sección.

Quiero finalizar indicando que en una de las últimas evaluaciones, el alumno me llamó y me dijo: "Profe, siempre se lo ve serio.....como si estuviera estresado" y se rio como nunca lo había visto. Pensé en responderle que yo también lo veía serio siempre (como si el mundo y la gente le apestaran), pero terminé dibujando una leve sonrisa y diciéndole: "Seguramente es así, pero a veces uno no se da cuenta. Gracias por tu comentario"; luego le di una suave palmada en el hombro y me alejé. Y pensé: aquí tengo una anécdota para mi diario.