domingo, 15 de julio de 2012

La palabra del mudo

He vuelto a releer a Julio Ramón Ribeyro (Perú, 1929-1994) y su colección de cuentos recopilados en La palabra del mudo (bueno, he leído una antología hecha por El Comercio en el 2002) y no me ha defraudado. Más aún, me he percatado que Ribeyro es mejor cuentista de lo que creía y que, sin ninguna duda, se codea con los mejores cuentistas de lengua española, pues no tiene nada que envidiar a Horacio Quiroga, Cortázar, García Márquez, Juan Rulfo y otros.

He releído a Ribeyro, pero me he topado con cuentos que no había prestado antes atención o simplemente no había leído. Y son cuentos maravillosos. Y no son todos realistas, sino que abarcan diversos estilos (aunque la mayoría son realistas) y temáticas y lugares diferentes (hay cuentos también experimentales donde la técnica está presente). Por si fuera poco, la prosa de Ribeyro, como dijo alguna vez Desiderio Blanco, es exquisita, no necesita de tanto ornamento, no es barroca, pero en su aparente simplicidad es bella y profunda. La prosa de Ribeyro es excelente y pronto te atrapa en la historia que el escritor nos quiere narrar. Asimismo, Ribeyro sabe que una buena prosa no sirve de nada si no hay de por medio una buena historia y eso se palpa en sus cuentos: son la conjugación perfecta de buenas historias y una deliciosa prosa.

Sin embargo, hay que decir que no todos los cuentos de Ribeyro son obras maestras, hay unos que sí lo son, otros se acercan y son muy interesantes y otros, los pocos, son solo regulares. Pero incluso es sus cuentos regulares, se ve la calidad de Ribeyro: su prosa envolvente, su penetración psicológica en sus personajes, las hermosas descripciones, las situaciones que se engarzan una con otra. Entre los grandes relatos me quedo con los clásicos “La insignia”, “El banquete”, “La botella de chicha”, “Solo para fumadores”, “La piel de un indio no cuesta caro”, “Por las azoteas”, “Al pie del acantilado”, “Alienación”. En esta relectura también redescubro los excelentes “Fénix”, “Silvio en El Rosedal”, “Los jacarandás”, “Tristes querellas en la vieja quinta”; y los interesantes “Interior L”, “El libro en blanco”, “Rider y el pisapapeles”, “Los cautivos”, “Papeles pintados”, la experimental “El carrusel” y otros más. Ribeyro es un capo y hay que leerlo y releerlo. Sin duda, nuestro mejor cuentista y uno de los mejores en letras españolas. Se debería hablar más de él afuera.


  

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Que tal Jorge!!!

Sabes al igual que tú me encantan los cuentos de J.R.Ribeyro y es un orgullo que un escritor tan talentoso sea peruano y tienes razón no se habla mucho de él afuera, pero es más importante que nosotros valoremos lo nuestro, porque sería vergonzoso que lo conozcan más en el extranjero que en su propio país.

Esta es una de la frases que más me gusta de él:

"Cada amigo es dueño de una gaveta escondida de nuestro ser, de la cual solo él tiene la llave e ido el amigo la gaveta queda para siempre cerrada".

Mucha suerte,

Mary

Jorge Rodríguez Gil dijo...

Gracias por comentar, Mary. Tienes razón en lo que dices: hay que valorar lo nuestro. Por cierto, has estudiado Literatura o eres aficionada? Un abrazo.

Anónimo dijo...

Bueno Jorge, no he estudiado literatura, tampoco me considero aficionada, pero el poco tiempo libre que tengo se lo dedico a la lectura, puedo devorar un libro en un día si es bueno… y si estoy de buen humor…. y si es domingo o feriado, como “El viejo y el mar” que recomendaste (excelente recomendación). Graciassss!

Un beso.

Jorge Rodríguez Gil dijo...

Gracias, Mary, por comentar. Y qué bien que te haya gustado el libro de Hemingway. Lee "La tregua" de Benedetti, una maravilla. ¿A qué te dedicas, entonces? Saludos. Jorge R.

Anónimo dijo...

La leeré, lo prometo, en cuanto termine con "La madre" de Máximo Gorki.

Te comento que trabajo en el área de licitaciones y contratos de una consultora que se dedica a elaborar estudios de preinversión para el Estado (aunque suena aburrido, mis labores son muy interesantes). Aprendo algo nuevo cada día. Cuéntame de ti.

Mary

Luis Chumpitaz dijo...

Una de las mejores frases que saqué de esta antología es "no hay cosa más aburrida que las confesiones tristes de una mujer a la que no amamos". Ribeyro, ayer, hoy y siempre.

Jorge Rodríguez Gil dijo...

Luis, excelente frase de Ribeyro! GRacias por comentar! Un abrazo!