viernes, 9 de noviembre de 2012

El enano (Historia de una enemistad)


El enano (2001), libro del escritor peruano Fernando Ampuero (1949), relata la relación de odio entre Ampuero y el periodista César Hildebrandt, que en el libro es llamado Hache. A lo largo de poco menos de 200 páginas, el escritor nos relata de manera autobiográfica –aunque con algunos aderezos de ficción- la enemistad que se fue forjando entre ellos a partir de los años 70, cuando se conocieron en la revista Caretas. 

 Este libro, mientras lo leía, me hizo acordar también a la carta de Bayly, en su novela Los amigos que perdí, dirigida a Manuel (en la vida real, el periodista Jaime Bedoya), en la que cuenta la relación de amistad, envidia y rencor que hubo entre ellos. Al igual que la relación Ampuero-Hildelbrandt, Bayly y Bedoya eran dos jóvenes muy talentosos, con unos egos inmensos. Sin embargo, y a diferencia de estos, Ampuero y Hildebrandt desde el inicio no se “tragaban”. Y era lógico, los dos tenían egos desmesurados y formas opuestas de ver la vida: el chato Hildebrandt era gritón, prepotente y disforzado; y Ampuero, un dizque socialista que se daba la gran vida en los clubs de Miraflores, junto a chicas hermosas.

Debe ser cierto, como cuenta Ampuero, que Hache (como llama a Hildebrandt) era un tipo envidioso, envanecido de sí mismo y prepotente; pero también es cierto, y esto se refleja en la lectura, que Ampuero envidiaba a Hildebrant, pues no le cabía en la cabeza, inconscientemente, que un enano que no llegaba al metro 60 tuviera más poder y “carácter” que muchos. En El enano, aunque Ampuero muestra a Hache como un miserable que envidia a aquel y a cualquiera que quiera opacarlo, también se palpa la envidia de Ampuero, humana al fin y al cabo.

Finalmente, este libro, como señala su autor, es “un divertimento” que se lee de corrido y está escrito de manera correcta, pero no llega a  ser más que eso. Y su mérito está en mostrar, de manera sincera, una relación de odio a lo largo de los años. Y ojo, que hablo de Ampuero, que tiene dos cuentos excelentes como “Paren el mundo que acá me bajo” y “La zurda”. En todo caso, y comparado con estos dos relatos, El enano es una obra menor, pero, al fin y al cabo, sincera.    

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