miércoles, 31 de diciembre de 2025

Diario de un profesor (102)

 Se acaba el año y es hora de hacer un pequeño recuento del 2025 en materia de mi práctica docente. Mis promedios en la encuesta referencial docente (que llenan mis estudiantes universitarios) han ido bajando en los dos últimos años. No es que tenga promedios bajos, pero claramente hay una merma en mi rendimiento: los estudiantes ya no me perciben igual que en mis primeros tres años como docente universitario. Entre los comentarios positivos que leí en este último ciclo 2025-2, me quedo con uno que dice: ¡Siga adelante profesor, es muy bueno en lo que hace. No se rinda! Otro positivo es "Hace que el curso se sienta muy a gusto, es el segundo curso que llevo con él, súper". Y entre los comentarios negativos encuentro los siguientes: "Con todo respeto, el profesor es muy poco comprensible con los inconvenientes extraestudiantiles que los alumnos pueden experimentar para llegar a clases o dentro del desarrollo de las mismas, además de ser provocador y poco empático". Otro es "No hace retroalimentación o aclaraciones de las lecturas en clase" o "Buen profesor, amable y cordial. Sin embargo, su clase puede llegar a ser aburrida y poco dinámica". Finalmente, leo "No hace sus clases muy dinámicas y siempre nos hace hacer lo mismo, aunque sí explica bien".

De los anteriores comentarios, me queda claro que como docente debo tratar de mejorar en esos aspectos que señalan los estudiantes. Hay algunos comentarios que no comparto del todo (como aquel de que soy "provocador" o "no hace retroalimentación"); sin embargo, hay que saber escuchar y tomar esas sugerencias como el pretexto para innovar y perfeccionarme en el oficio de la enseñanza. Será ocasión este verano para animarme a llevar clases de clown o impro (que he postergado por temor) y, de esta manera, hacer que mis clases se vuelvan más dinámicas. Siempre he pensado que el teatro es una excelente herramienta para que los alumnos aprendan jugando y el profesor se divierta enseñando. 

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