Paren el mundo que acá me bajo
Blog de Literatura
lunes, 9 de marzo de 2026
Los golpistas
martes, 24 de febrero de 2026
Diario de un profesor (104)
El ciclo pasado me tocó, en un aula, una estudiante complicada. Al final, pude salir airoso del desafío, pero vaya que me costó sacar adelante la situación. Ya en la primera clase todo empezó mal. Estaba yo explicando el sílabo del curso y había una alumna que hablaba todo el rato, como si no hubiese profesor en el aula. Le llamé la atención educadamente, y la señorita me miró con mala cara, pero acató mi pedido. Sin embargo, al final de la clase, cuando se retiraba del aula, la alumna tiró la puerta y salió. Minutos más tarde, al verla en el pasillo, la llamé y le pedí explicaciones por su conducta. Ella me dijo que no se había percatado de su mal proceder (sin embargo, todo el salón había sido testigo). Calmado, le dije que esperaba de corazón que no lo haya hecho a propósito y le pedí que se comportara como una joven educada.
En las siguientes clases, la noté más tranquila, pero por momentos hablaba en clase con dos compañeras que ya conocía o paraba mirando su celular. De vez en cuando había que pedirle que guardara silencio, pero nada serio. Una vez una alumna, al final de la clase, se acercó para quejarse de la bulla que hacían las 3 estudiantes. Yo aproveché para trasmitirles a ellas tres la queja de la estudiante y les pedí que se moderaran. Ellas me escucharon risueñas.
De las tres amigas, la estudiante que tiró la puerta era la más flojita. Mientras las otras dos participaban en clase y hacían preguntas, la otra básicamente miraba su celular. Le llamé la atención un par de veces, pero al rato volvía a lo mismo. Intenté lo mismo cambiándola de sitio, pero se las ingeniaba para volver a su asiento original. Cuando llegó el examen parcial, ocurrió lo que preveía: la alumna sacó 09. Sin embargo, sus trabajos grupales la mantenían a flote (ya que sus compañeras tenían interés en aprobar). Pensé, ingenuamente, que en la segunda etapa del curso, la alumna iba a cambiar su actitud. Pero no fue así. Pese a que ya no conversaba mucho, paraba toda la clase mirando su celular. Decidí no renegar y hacerme de la vista gorda. Total, al final ella solita se perjudicaba e iba a jalar. Recuerdo, incluso, que hubo una clase, mientras hacía un ejercicio, que la señorita me dijo: "Profesor, yo lo quiero". Yo la miré incrédulo y le dije "gracias, pero más que palabras, demuéstremelo estudiando y sacando buenas notas". Ella me miró sorprendida.
No obstante, en otra clase, llegó tarde y se sentó en su pupitre. Luego, buscando llamar la atención, levantó su cartuchera y botó todos sus objetos sobre la carpeta provocando un gran estruendo. Ahí fue que perdí la paciencia y le pedí que se retirara del salón. Sin embargo, ella se negó. Yo detuve la clase por unos minutos, le dije que no me gustaba su actitud y que siempre paraba con su celular. Pese a eso, la alumna no quiso salir, pero pidió disculpas por su comportamiento.
En las semanas finales del ciclo, hubo clases que faltó y la verdad no la extrañé. Pero pese a todo, tenía claro que debía mantener el respeto hacia ella, pues, total, era una adolescente que estaba en proceso de madurez y yo era el adulto que debía mantener la calma y la sensatez. Por todo lo anterior, pensé que desaprobaría en su examen final, sin embargo, para mi sorpresa, la alumna sí estudió (por su cuenta o con sus amigas) y obtuvo un 14 en el examen final que le permitió aprobar el curso con 12.
Cuando acabó el ciclo, pude respirar tranquilo. Sin duda, la señorita me había sacado algunas canas verdes. Pese a eso, no le guardo recelo, simplemente espero que en un futuro llegue a madurar, así como lo hice yo cuando tenía su edad, y se convierta en una persona de bien. Seguramente, ella en un futuro no muy lejano tendrá que tener una paciencia infinita con sus hijos o con personas de su entorno, así como yo la tuve con ella (y mis padres y profesores la tuvieron conmigo). Es la ley de la vida. No hay que tomárselo personal.
Diario de un profesor (103)
Antes trataba de memorizarme los nombres de todos los alumnos de mi aula (como lo hacían mis antiguos profesores de colegio). Era una forma de que los estudiantes se sientan importantes y reconocidos. Sin embargo, desde el ciclo pasado, he decidido ya no hacerlo. En primer lugar, era una tarea extra y muchas veces noté que había alumnos que incluso se molestaban si no aprendías su nombre o te confundías (y ellos ni siquiera sabían cómo te llamabas). En segundo lugar, el aprender sus nombres no se reflejaba en una mejora en las encuestas de satisfacción docente que llenaban. Por el contrario, mis promedios eran más bajos cada año. Tercero, con la edad, mi memoria no es la misma y me cuesta cada vez más memorizarme los nombres de 150 alumnos en promedio (dicto 4 aulas por ciclo y cada una tiene de 35 a 40 estudiantes). Finalmente, recordé que varios de mis grandes profesores nunca me llamaron por mi nombre, lo que sí palpé es que te miraban con afecto (como si tuvieran una fe ciega en ti) y enseñaban con pasión, es decir, dando la vida.
domingo, 22 de febrero de 2026
Los años de Leguía (1919-1930)
Cuentos imprescindibles, de Antón Chejov
Primero hay que indicar que son cuentos sencillos, sin gran alarde de la técnica literaria, pero que se leen con placer. Chévoj era un escritor con una prosa limpia; un narrador nato que muestra al poblador ruso de fines del siglo 19 con sus dilemas existenciales y cotidianos, y que muestran la esencia del ser humano. Es decir, el ser humano, pese a sus diferentes tiempos y contextos, es siempre el mismo en su esencia.
Segundo, existen, sin duda, cuentos mejores que otros, pero todos son amenos. "La dama del perrito", esta historia de amor entre un hombre y mujer que están casados, es un obra maestra. Otros cuentos formidables son "La desgracia" (que trata de una mujer que se enamora de un hombre que no es su esposo), "¡Chisst...!" (sobre la vanidad de los escritores mediocres), "El beso" (de los mejores relatos de Chéjov), "Kashtanka" (narrada por un perro que se pierde y cae en manos de otro dueño), "La cigarra", "Vecinos" (en el cual la hermana del protagonista se fuga con un hombre casado), "Los Muzhiks" (que muestra la idiosincracia del campesino ruso que vive en la pobreza pero ha salido de un régimen feudal), "Un ángel" (sobre una abnegada y amorosa mujer que enviuda varias veces) y "La nueva dacha" (sobre la difícil convivencia de los campesinos de una aldea con un ingeniero que se instala con su familia en una lujosa casa).
Todos los relatos de Chéjov exhalan humanidad y algunos de ellos como "Los Muzhics"(Los campesinos) y "La nueva dacha" muestran los conflictos sociales en la sociedad rusa de fines del siglo 19, que luego desencadenaría en la revolución de 1917. Chéjov no llegó a vivir este acontecimiento, ya que murió en 1904 con tan solo 44 años. Sin embargo, su obra cuentística y teatral perdura hasta el día de hoy y son un clásico de la literatura universal.
miércoles, 31 de diciembre de 2025
Soñar despierto
Hace 3 años comencé a garabatear algunos cuentos. Actualmente, tengo 8 cuentos aún como borradores, es decir, cuentos en estado primario, con bastantes defectos y aspectos por pulir. Pero ahí está el embrión o la base de lo que será mi próximo libro, seguramente el mejor o el más maduro en comparación a mis 2 libros de cuentos anteriores. El nombre del libro será Soñar despierto, ya que son personajes que viven en el mundo de la ficción, ya que este les parece más perfecto que el mundo real. Además, a diferencia de mi primer libro en el que la dura realidad le da la espalda a los sueños o metas de sus protagonistas, aquí en Soñar despierto la ficción, los sueños, la fantasía vencen. Es decir, este va a ser un libro más optimista, que busca que el lector la pase bien y termine con una sonrisa en el rostro. Mis referentes respecto a esto son básicamente películas, como "Se arrienda" o "Velódromo" del escritor y cineasta chileno Alberto Fuguet; "Qué bello es vivir" y "Mr. Smith va al congreso", de Frank Capra; "La quimera del oro", de Charles Chaplin, entre otros.
Eso sí, buscaré que no sean cuentos aleccionadores, con moraleja y previsibles. También trataré de no pecar de sentimental o cursi (como en algunos cuentos de mi segundo libro). Finalmente, agregaré unos 2 relatos más, para así hacer un libro de unas 150 a 200 páginas. El plazo para escribirlo será diciembre del 2027 y su publicación será máximo en diciembre del 2028. En otras palabras, antes de los 50 años. ¡A dios rogando y con el mazo dando!
Diario de un profesor (102)
Se acaba el año y es hora de hacer un pequeño recuento del 2025 en materia de mi práctica docente. Mis promedios en la encuesta referencial docente (que llenan mis estudiantes universitarios) han ido bajando en los dos últimos años. No es que tenga promedios bajos, pero claramente hay una merma en mi rendimiento: los estudiantes ya no me perciben igual que en mis primeros tres años como docente universitario. Entre los comentarios positivos que leí en este último ciclo 2025-2, me quedo con uno que dice: ¡Siga adelante profesor, es muy bueno en lo que hace. No se rinda! Otro positivo es "Hace que el curso se sienta muy a gusto, es el segundo curso que llevo con él, súper". Y entre los comentarios negativos encuentro los siguientes: "Con todo respeto, el profesor es muy poco comprensible con los inconvenientes extraestudiantiles que los alumnos pueden experimentar para llegar a clases o dentro del desarrollo de las mismas, además de ser provocador y poco empático". Otro es "No hace retroalimentación o aclaraciones de las lecturas en clase" o "Buen profesor, amable y cordial. Sin embargo, su clase puede llegar a ser aburrida y poco dinámica". Finalmente, leo "No hace sus clases muy dinámicas y siempre nos hace hacer lo mismo, aunque sí explica bien".
De los anteriores comentarios, me queda claro que como docente debo tratar de mejorar en esos aspectos que señalan los estudiantes. Hay algunos comentarios que no comparto del todo (como aquel de que soy "provocador" o "no hace retroalimentación"); sin embargo, hay que saber escuchar y tomar esas sugerencias como el pretexto para innovar y perfeccionarme en el oficio de la enseñanza. Será ocasión este verano para animarme a llevar clases de clown o impro (que he postergado por temor) y, de esta manera, hacer que mis clases se vuelvan más dinámicas. Siempre he pensado que el teatro es una excelente herramienta para que los alumnos aprendan jugando y el profesor se divierta enseñando.


