A continuación, un video reseña de la novela La muerte de Iván Ilich (1886), del escritor ruso León Tostoi:
miércoles, 19 de agosto de 2026
Video reseña de la novela Delatora
A continuación, un video reseña de la novela Delatora (2019), de la escritora estadounidense Joyce Carol Oates:
lunes, 17 de agosto de 2026
Diario de un profesor (107)
El ciclo universitario coincidió con el Mundial de Fútbol 2026. Una semana antes de la inauguración recordé que ya empezaba dicho evento. Yo que enseño a muchachos recién salidos de colegio (17 a 19 años), me pregunté cómo afrontar esta peculiar situación: ser flexible o ser rígido. Recordé que a la edad de ellos, yo aún sentía pasión por el fútbol y, vamos, un partido entre Francia-Argentina es más trascendente que una clase de un curso universitario. Recordé también que en mi colegio, para la inauguración del mundial USA 1994, los curas agustinos nos permitieron ver la inauguración y el primer partido del mundial entre Alemania y Bolivia. Bajo esas experiencias, me prometí ser flexible y que los alumnos me recuerden con apertura de mente. Asimismo, un amigo, al comentarle lo que venía, me contó de una profesora que tuvo en la universidad que les dejaba ver los partidos del mundial los primeros 15 minutos de clase.
El día del inicio del mundial, el partido inaugural, en el cual jugaba México (uno de los anfitriones del mundial junto con USA y Canadá), decidí seguir el ejemplo de la profesora que tuvo mi amigo. Es decir, dejé a mi clase de las 2 de la tarde ver el partido por el proyector del aula (conectado a través de internet) durante la primera media hora. Observamos en ese lapso el primer gol de México, quien terminaría ganando el partido a Sudáfrica 2 a 0. Un alumno que llegó ya iniciado el encuentro se sorprendió de la situación, tomó una foto y la compartió, me imagino, a un amigo. Para mi sorpresa, los estudiantes se comportaron bien y observaron tranquilos la primera media hora del partido. Luego retomamos la clase.
Las siguientes semanas no tuve percances por el tema del mundial. Les pedí, eso sí, que en caso desearan ver un partido importante, yo prefería que faltaran a la clase (ellos podían hacer uso de su límite de inasistencias que es de 25%). Incluso, un par de veces, en plena evaluación, ante la pregunta de algún estudiante, les dije el marcador de un encuentro disputado en ese momento. Asimismo, recuerdo haber conversado brevemente de fútbol con unos cuantos alumnos, preguntándoles quiénes eran sus favoritos para ganar la copa. En suma, fue una buena experiencia dictar en medio de la euforia de un mundial.
El partido de tenis
En los siguientes meses, seguí practicando con mi amigo, ya con la mentalidad de participar en el próximo torneo y mejorar mi desempeño anterior. En julio, para mi sorpresa, vi que en agosto se iba a realizar el segundo torneo del año. Me emocioné con la idea y me inscribí solo en individuales en la categoría 5ta B. Debo agregar que siempre practico con mi amigo, y aunque él ha mejorado bastante en el último año, yo siempre le gano con facilidad, salvo días excepcionales.
Pues bueno, tres días antes del torneo recibí el fixture con el cuadro de participantes. Vi el nombre de mi rival y el día y hora del partido: 15 de agosto a las 10 y 30 a.m. Tres días antes tuve mi último entrenamiento y el día anterior fui al gimnasio para ejercitarme. El día del partido, sábado, llegué al complejo deportivo 15 minutos antes. El clima estaba templado. Cuando llegué a la cancha que me tocaba jugar, la número 2, dejé mis implementos en la pequeña tribuna de cemento y me percaté de que un niño pequeño, de unos 12 años, colorado, pecoso, ojitos claros, calentaba sus brazos con una ligas especiales. Al costado un señor maduro, su padre seguramente, le daba algunas indicaciones. Era mi rival. Le pregunté al joven que iba a ser el árbitro, si podían jugar menores de edad. Me contestó que al ser una categoría libre, no había límites con la edad. Ya en el calentamiento, noté de inmediato la calidad del niño y supe que no podía subestimarlo (seguramente era de esos niños que pertenecen a un club o a la federación y son de los mejores en su categoría). Y efectivamente, en el partido, el niño me dio una paliza. Yo fallaba con mis revés y él, que era zurdo, me lanzaba tiros que no podía alcanzar. Más aún, el niño que ganaba con facilidad lanzaba gritos al golpear la pelota y celebraba con estruendo con un "¡Vamos!" o "¡Ehhh!". Y cuando se equivocaba, también exteriorizaba su cólera o enfado. Yo, por el contrario, como adulto, trataba de mantener la calma y estaba silencioso, salvo un par de veces en que intenté imitar al niño (sin éxito). Hubo dos ocasiones en que pude quebrarle el saque, pero erré en el último tiro y no pude concretar. En los dos últimos games, al ver la derrota inminente, traté de arriesgar pero no pude finiquitar. Hice saque y red, y salvo un par de puntos a mi favor bien hechos, perdí el último juego. El niño celebró con un grito jubiloso. Lleno de sudor, me acerqué a la red lentamente, miré al pequeño con una sonrisa, estiré mi mano y lo felicité. Resultado final: 6-0 y 6-0.
Posdata: al día siguiente, acudí al Complejo a presenciar al niño jugar con el rival de la siguiente ronda. Este era un joven en sus treintas. El score fue 6-0 y 6-1 a favor del niño.
Foto: Tomada de elDiario.es.
viernes, 14 de agosto de 2026
Delatora
Personalmente, la primera parte de la novela de Oates no me gustó mucho. La prosa no me parecía muy buena (al menos la traducción al español); el estilo me parecía algo desprolijo; la trama era entretenida, pero nada más. Sin embargo, en la segunda mitad, la novela me comenzó a enganchar; empecé a identificarme con la protagonista; sentí que la autora había creado un personaje potente que, incluso, se podría plasmar en una película interesante. Asimismo, me percaté de un trabajo con la técnica, ya que usaba en varios capítulos la segunda persona y los intercalaba con la tercera y primera. El final me gustó y me dejó una buena impresión.
En suma, Delatora de Joyce Carol Oates no es una gran novela (toca temas como el racismo y la misoginia de manera un poco superficial). No obstante, la protagonista y su historia nos termina por conmover como lectores. Usando la metáfora del boxeo (que la gusta a Oates), la novela no gana por KO, pero sí por puntos.
sábado, 8 de agosto de 2026
Diario de un profesor (106)
El alumno D me saluda siempre al iniciar y terminar las clases. El alumno D es educado conmigo y en su rostro atisbo un gesto de agradecimiento a mi clase y a mi esfuerzo. El alumno D tiene notas regulares, aunque en el segundo examen ha mejorado su rendimiento y ha obtenido 16. Sin embargo, en el tercer y último examen no sale bien. Termina confundiendo un concepto y, lamentablemente, no redacta el texto requerido y obtiene 10 de nota.
Con pesar, debo informarle a D sobre su calificación. Aunque ya aprobó el curso, se acerca fastidiado a mí y me dice que merece más nota. Reviso nuevamente su prueba, pero al ver que no respondió a lo que se pidió, considero injusto colocarle un 11 salvador. Mi conciencia me dice que solo porque me cae bien, no puedo ponerle una nota que siento no se merece (en esta ocasión). Por tanto, le digo a D que no puedo acceder a su pedido, pero le doy la opción de presentar un reclamo sobre su nota, y así otros profesores del curso podrán revisar su examen y considerar si merece una calificación mayor. Se niega y me dice que todo depende de mí. Le señalo, finalmente, que yo no puedo hacer nada, y se marcha enfadado.
Unos quince minutos más tarde, ya en el transcurso de la clase, cambio de lugar a una alumna que conversa con otra e interfiere con el dictado. En ese momento, veo el semblante de D moviendo la cabeza con gesto de reprobación ante mi decisión. Al final de la sesión, se va sin despedirse. En la última clase del ciclo, D realiza su exposición final junto con su grupo. Hace una exposición regular y por debajo del mínimo tiempo requerido. No se lo ve con ganas y su rostro es apático. Ese último día, no me saluda ni al inicio ni al final de clases y se marcha raudo.
Pienso: no es la primera vez que me pasa algo así. Hay alumnos que se toman de modo personal las notas. Unos que creen que uno desaprueba porque el alumno no les cae y otros que piensan que el profesor está en la obligación de aprobar porque sí. No es verdad eso: el docente, al menos yo, coloco la nota que el estudiante se merece (aunque me pueda equivocar). Es decir, le coloco la nota justa dejando de lado si el alumno ha mostrado una buena o mala actitud a lo largo del ciclo.
viernes, 31 de julio de 2026
Diario de un profesor (105)
Hace una semana terminó un nuevo ciclo en la universidad. Acabo hoy de ver los resultados de la encuesta que llenan los alumnos. Nuevamente, mi resultado está por debajo del promedio de mi institución por 0.64%. Es decir, pese a que llevé dos talleres de clown con el fin de mejorar mi rendimiento docente, esto no repercutió en la percepción de los estudiantes. Debo agregar que este descenso en mi promedio ya viene de dos años atrás y contrasta claramente con mis primeros tres años, en los cuales tuve resultados más que satisfactorios.
¿Qué hacer entonces? ¿Quejarme de los alumnos? Sería lo más fácil, pero no lo mejor. Culparlos a ellos no sería lo adecuado. Por el contrario, lo maduro es asumir mi responsabilidad y ver, a partir de sus comentarios, en qué puedo mejorar. Viendo los resultados de las encuestas, observo que en dos aulas salí bien; sin embargo, en otra salí regular-mal. Pensando en eso, sabía que en aquella aula iba a tener mi promedio más bajo, pero no me esperé que tuviera menos de 16. Entre los criterios de calificación, mis puntos más débiles son "Innovación y recursos" (menos de 15), "Evaluación y acompañamiento" (15.44) y "Compromiso y liderazgo" (15.12). En mis otros salones, por su parte, tengo buenos promedios en los últimos dos criterios, menos en "Innovación y recursos" donde tengo mi porcentaje más bajo. Reflexionando, es verdad que en "Innovación y recursos" mis clases no salen de lo tradicional y podría mejorar en actualizarme en esto. Con respecto a los otros dos criterios, veo entre los comentarios de mi salón más bajo (que, por cierto, tuvo las notas más altas) que soy "malo calificando" o "Califica mal, siempre dice ´es que yo siento que está mal´, en vez de seguir la rúbrica". Otro señala lo siguiente: "Buen profesor pero creo que siempre está ocupado, lo cual influye en cómo nos enseña". También encuentro, entre los comentarios críticos, que "no tiene comprensión de situaciones, parece que hablas con un niño en esas situaciones". O "al momento de corregir no ayuda a resolver las dudas y no sabe qué decir cuando le dicen cómo mejoro". Además, "un aspecto a mejorar sería la relación con los estudiantes, en ocasiones no ha sido agradable". Finalmente, leo: "Considero que en caso un alumno tiene un problema con alguna tarea del curso, en cuanto a su resolución, el docente debería darle todo el apoyo que pueda, incluyendo palabras de aliento, sin expresar que ya no se puede hacer nada, no hay solución".
Sobre lo anterior, no voy a justificarme. Solo tomaré nota y, si me equivoqué, trataré de mejorar en lo que pueda, sin llegar a ser concesivo en todo y perder la autoridad necesaria. Termino mencionando que también hay bonitos comentarios de alumnos que valoran mi esfuerzo. Me quedo con tres: "Buen profesor y me agrada su forma de llegar a los estudiantes"; "es un profesor con paciencia que se esmera en hacer bien su trabajo, transmite buena vibra y motiva"; y "es un docente muy amable y dispuesto a ayudar con las dudas que surjan"... A seguir mejorando con paciencia y humildad.
jueves, 30 de julio de 2026
Libros leídos
En estos casi 4 meses, pude leer los siguientes libros:
1.-Tarea incompleta. Una memoria 1938-2023, de Pedro Pablo Kuczynski. Aquí el expresidente peruano nos cuenta su vida desde su nacimiento hasta su fallido periodo presidencial (2016-2018), que terminó con él renunciando y luego en prisión domiciliaria. Es interesante este libro porque permite ver la perspectiva del político, que muchas veces no es el que muestran los medios de comunicación. Además, esta autobiografía lo humaniza y lo muestra, con sus defectos y errores, como una persona con vocación de servicio y amor a su país. Finalmente, Kuczynski culpa a Keiko Fujimori, a Vizcarra y a la empresa brasileña Odebrecht de su desventura.
2.-Mariposas y murciélagos (2022), del peruano Julio Villanueva Chang. Este es un libro de crónicas del fundador de la revista Etiqueta negra. Cabe indicar que la mayoría de estas crónicas aparecieron a fines de los años 90s en el diario El Comercio y formaron parte de la primera edición de este libro en 1999. Sin embargo, me pareció un libro irregular cuyo valor es mostrar o anticipar el estilo de crónicas que se escribirían en la revista Etiqueta negra. Fuera de ello, existen mejores libros de crónicas como los de Juan Manuel Robles, Daniel Titinguer y Gabriela Wiener.
3.-Del boxeo (1987), de Joyce Carol Oates. Este es un ensayo literario sobre el boxeo de la escritora norteamericana Oates (1938), que se apasionó por este deporte gracias a su padre. En este libro de poco más de cien páginas, Oates reflexiona con ojo exhaustivo y literario sobre este controversial deporte. Además, hace un repaso por los boxeadores claves de la historia (Ali, Marciano, Marvin Hagler, Durán, Holmes, Sugar Ray Robinson, Sugar Ray Leonard, Dempsey, entre otros) y nos muestra la complejidad y riqueza de esta profesión que tiene tantos fanáticos como detractores. Finalmente, Oates muestra la gran carga simbólica de este deporte y permite, por un momento, penetrar en la mente de estos gladiadores modernos dentro de un cuadrilátero.
miércoles, 25 de marzo de 2026
Reseña de Flores amarillas, de Raúl Tola (VIDEO)
Aquí un video-reseña de la novela Flores amarillas (2013), del escritor y periodista peruano Raúl Tola:
https://www.youtube.com/watch?v=GGfRYmBooPc
viernes, 20 de marzo de 2026
Seda
En Seda, Baricco cuenta la historia de Hervé Joncour, un joven francés, de mediados del siglo 19, que se dedica a comprar y vender gusanos de seda. Está casado con Hélene y no tienen hijos. Lavilledieau es el pequeño pueblo donde vive. Debido a una epidemia e incentivado por Baldabiou, una especie de guía o maestro, viaja al lejano Japón para obtener huevos de gusanos de seda y poder mantener su negocio.Tras un largo periplo, llega al país oriental y conoce a Hara Kei, el jefe de un pueblo, y una mujer que lo acompaña (cuyos "ojos no tenían sesgo oriental, y que se hallaban dirigidos, con una intensidad desconcertante, hacia él"). Luego de cumplir su propósito de comprar los huevos a Hara Kei, Hervé regresa a su pueblo natal, pero la imagen de aquella mujer se queda grabada para siempre en su memoria.
Como bien indica Baricco, esta no es solo una historia de amor, sino mucho más. Las interpretaciones pueden ser diversas. En mi opinión, aquí el elemento de la seda no es gratuito, ya que Hervé no se dedica a un oficio predecible (su padre que era alcalde del pueblo quería que su hijo fuese militar). Por el contrario, Hervé optará -aconsejado por Baldabiou- al negocio de la producción de seda, el cual se lo ve como "cosas de mujeres", pero a través del cual se volverá rico y ayudará a su comunidad a prosperar.
Por otro lado, en Seda hay una confrontación entre la cultura occidental (al cual pertenece Hervé) y la cultura oriental (vinculada a Japón). Hervé no solo queda impresionado con la mujer que acompaña a Hara Kei, sino también con la vida que lleva este (de contemplación en un lago, de pajareras con abundantes pájaros multicolores que a veces se liberan y regresan). No es casual que al final de la novela, Hervé se retire del negocio de la seda y construya un gran parque con un lago, en el cual medita, lo cual se asemeja a la vida que llevaba Hara Kei.
Asimismo, es una novela de corte existencialista. Un ejemplo al respecto es el final: "Cuando la soledad le oprimía el corazón (a Hervé), subía hasta el cementerio para hablar con Hélene. El resto de su tiempo lo consumía en una liturgia de costumbres que conseguía preservarle de la infelicidad. De vez en cuando, en los días de viento, bajaba hasta el lago, y pasaba horas mirándolo, puesto que, dibujado en el agua, le parecía ver el inexplicable espectáculo, leve, que había sido su vida".
Finalmente, la historia de amor que narra Baricco es la de un amor que nunca se plasma en la realidad, que solo acontece en los deseos, en la imaginación de Hervé. Sin embargo -y ahí está la vuelta de tuerca de la novela- el narrador muestra que muchas veces el verdadero amor no está lejos de uno (la mujer de Japón), sino al costado (su esposa Hélene).
Esa es mi interpretación de Seda, pero como ya dije hay varias lecturas posibles.
Reseña de Estampas mulatas (VIDEO)
Aquí un video-reseña del libro de cuentos Estampas mulatas (1938), del escritor peruano José Diez Canseco:
https://www.youtube.com/watch?v=1OjaCQdtibA
lunes, 16 de marzo de 2026
Estampas mulatas
Sin embargo, José Diez Canseco no solo retrató a la burguesía peruana, sino también a la clase criolla y mulata del país. Este es el caso de su libro de cuentos Estampas mulatas (1938) que busca representar, con un lenguaje rico y barroco, a los peruanos más humildes respecto a sus pasiones, rencillas y sueños. La edición que leí, publicada por Populibros, está compuesta de 8 relatos (aunque no está incluido su famoso relato "El gaviota" que es alabado por el escritor Jorge Eslava). En esta edición está el clásico "El trompo", pero también excelentes cuentos como "Cariño e´ley". "Jijuna" (que ganó un importante concurso en Buenos Aires), "Chicha, mar y bonito", "El velorio", "Don Salustiano Merino, notario", "Kilómetro 83", entre otros. Todos ellos tienen algo en común: siempre hay un desafío, una riña, una venganza de por medio. Por ejemplo, en "El trompo" el niño moreno Chupitos busca cobrar venganza y recuperar el trompo que ha perdido. En "Cariño e´ ley", el zambo Luna busca recuperar el amor de la china Gómez, a la que dejó por tonto. En "Chicha, mar y bonito", don Daniel, un maduro pescador de Huarmey, busca cobrarse venganza de su joven pupilo Apolinario, quien se ha metido con su mujer. En "Jijuna" ocurre algo similar, pero aquí el bandolero Santos Rivas, también de Huarmey, ha escuchado que un tal Ramón Santisteban está hablando mal de él, así que Santos -luego de tener un affaire con la joven hija de Santisteban- busca a este para probar su hombría. Finalmente, otro ejemplo es "Don Salustiano Merino, notario", un hombre mayor que se enamora de una muchacha, pero un joven ingeniero que llega al pueblo de Lunahuaná (Cañete, Lima) -para trabajar en una mina- se la arrebata y le hace pasar una dolorosa humillación cuando el notario lo encara. Es entonces que don Salustiano Merino buscará cobrarse la revancha.
Hay que indicar que en todos estos relatos, a excepción de "El trompo", la figura de la mujer es fundamental, ya que es ella la que origina el conflicto entre los hombres, ya sean criollos o mulatos. José Diez Canseco, con una prosa que juega con el lenguaje, se vale de coloquialismos, abreviaciones de palabras y barroquismos, para plasmar ese bajo mundo de lealtades y traiciones.
Sin duda, José Diez Canseco es un autor imprescindible en la literatura peruana y merecería mayor difusión por parte de la crítica. Es cierto que su lectura no es fácil (me recordó por momentos al barroquismo de Alejo Carpentier), pero es un escritor potente y ambicioso que buscó retratar a la sociedad peruana en su amplia diversidad cultural. ¡Y vaya que lo consigue!
jueves, 12 de marzo de 2026
Reseña de Los golpistas (VIDEO)
Aquí un video que hice sobre la reseña de la novela Los golpistas (2026), del escritor peruano Jaime Bayly:
https://www.youtube.com/watch?v=LxgeMUd0WmM&t=31s
lunes, 9 de marzo de 2026
Los golpistas
martes, 24 de febrero de 2026
Diario de un profesor (104)
El ciclo pasado me tocó, en un aula, una estudiante complicada. Al final, pude salir airoso del desafío, pero vaya que me costó sacar adelante la situación. Ya en la primera clase todo empezó mal. Estaba yo explicando el sílabo del curso y había una alumna que hablaba todo el rato, como si no hubiese profesor en el aula. Le llamé la atención educadamente, y la señorita me miró con mala cara, pero acató mi pedido. Sin embargo, al final de la clase, cuando se retiraba del aula, la alumna tiró la puerta y salió. Minutos más tarde, al verla en el pasillo, la llamé y le pedí explicaciones por su conducta. Ella me dijo que no se había percatado de su mal proceder (sin embargo, todo el salón había sido testigo). Calmado, le dije que esperaba de corazón que no lo haya hecho a propósito y le pedí que se comportara como una joven educada.
En las siguientes clases, la noté más tranquila, pero por momentos hablaba en clase con dos compañeras que ya conocía o paraba mirando su celular. De vez en cuando había que pedirle que guardara silencio, pero nada serio. Una vez una alumna, al final de la clase, se acercó para quejarse de la bulla que hacían las 3 estudiantes. Yo aproveché para trasmitirles a ellas tres la queja de la estudiante y les pedí que se moderaran. Ellas me escucharon risueñas.
De las tres amigas, la estudiante que tiró la puerta era la más flojita. Mientras las otras dos participaban en clase y hacían preguntas, la otra básicamente miraba su celular. Le llamé la atención un par de veces, pero al rato volvía a lo mismo. Intenté lo mismo cambiándola de sitio, pero se las ingeniaba para volver a su asiento original. Cuando llegó el examen parcial, ocurrió lo que preveía: la alumna sacó 09. Sin embargo, sus trabajos grupales la mantenían a flote (ya que sus compañeras tenían interés en aprobar). Pensé, ingenuamente, que en la segunda etapa del curso, la alumna iba a cambiar su actitud. Pero no fue así. Pese a que ya no conversaba mucho, paraba toda la clase mirando su celular. Decidí no renegar y hacerme de la vista gorda. Total, al final ella solita se perjudicaba e iba a jalar. Recuerdo, incluso, que hubo una clase, mientras hacía un ejercicio, que la señorita me dijo: "Profesor, yo lo quiero". Yo la miré incrédulo y le dije "gracias, pero más que palabras, demuéstremelo estudiando y sacando buenas notas". Ella me miró sorprendida.
No obstante, en otra clase, llegó tarde y se sentó en su pupitre. Luego, buscando llamar la atención, levantó su cartuchera y botó todos sus objetos sobre la carpeta provocando un gran estruendo. Ahí fue que perdí la paciencia y le pedí que se retirara del salón. Sin embargo, ella se negó. Yo detuve la clase por unos minutos, le dije que no me gustaba su actitud y que siempre paraba con su celular. Pese a eso, la alumna no quiso salir, pero pidió disculpas por su comportamiento.
En las semanas finales del ciclo, hubo clases que faltó y la verdad no la extrañé. Pero pese a todo, tenía claro que debía mantener el respeto hacia ella, pues, total, era una adolescente que estaba en proceso de madurez y yo era el adulto que debía mantener la calma y la sensatez. Por todo lo anterior, pensé que desaprobaría en su examen final, sin embargo, para mi sorpresa, la alumna sí estudió (por su cuenta o con sus amigas) y obtuvo un 14 en el examen final que le permitió aprobar el curso con 12.
Cuando acabó el ciclo, pude respirar tranquilo. Sin duda, la señorita me había sacado algunas canas verdes. Pese a eso, no le guardo recelo, simplemente espero que en un futuro llegue a madurar, así como lo hice yo cuando tenía su edad, y se convierta en una persona de bien. Seguramente, ella en un futuro no muy lejano tendrá que tener una paciencia infinita con sus hijos o con personas de su entorno, así como yo la tuve con ella (y mis padres y profesores la tuvieron conmigo). Es la ley de la vida. No hay que tomárselo personal.
Diario de un profesor (103)
Antes trataba de memorizarme los nombres de todos los alumnos de mi aula (como lo hacían mis antiguos profesores de colegio). Era una forma de que los estudiantes se sientan importantes y reconocidos. Sin embargo, desde el ciclo pasado, he decidido ya no hacerlo. En primer lugar, era una tarea extra y muchas veces noté que había alumnos que incluso se molestaban si no aprendías su nombre o te confundías (y ellos ni siquiera sabían cómo te llamabas). En segundo lugar, el aprender sus nombres no se reflejaba en una mejora en las encuestas de satisfacción docente que llenaban. Por el contrario, mis promedios eran más bajos cada año. Tercero, con la edad, mi memoria no es la misma y me cuesta cada vez más memorizarme los nombres de 150 alumnos en promedio (dicto 4 aulas por ciclo y cada una tiene de 35 a 40 estudiantes). Finalmente, recordé que varios de mis grandes profesores nunca me llamaron por mi nombre, lo que sí palpé es que te miraban con afecto (como si tuvieran una fe ciega en ti) y enseñaban con pasión, es decir, dando la vida.
domingo, 22 de febrero de 2026
Los años de Leguía (1919-1930)
Cuentos imprescindibles, de Antón Chejov
Primero hay que indicar que son cuentos sencillos, sin gran alarde de la técnica literaria, pero que se leen con placer. Chévoj era un escritor con una prosa limpia; un narrador nato que muestra al poblador ruso de fines del siglo 19 con sus dilemas existenciales y cotidianos, y que muestran la esencia del ser humano. Es decir, el ser humano, pese a sus diferentes tiempos y contextos, es siempre el mismo en su esencia.
Segundo, existen, sin duda, cuentos mejores que otros, pero todos son amenos. "La dama del perrito", esta historia de amor entre un hombre y mujer que están casados, es un obra maestra. Otros cuentos formidables son "La desgracia" (que trata de una mujer que se enamora de un hombre que no es su esposo), "¡Chisst...!" (sobre la vanidad de los escritores mediocres), "El beso" (de los mejores relatos de Chéjov), "Kashtanka" (narrada por un perro que se pierde y cae en manos de otro dueño), "La cigarra", "Vecinos" (en el cual la hermana del protagonista se fuga con un hombre casado), "Los Muzhiks" (que muestra la idiosincracia del campesino ruso que vive en la pobreza pero ha salido de un régimen feudal), "Un ángel" (sobre una abnegada y amorosa mujer que enviuda varias veces) y "La nueva dacha" (sobre la difícil convivencia de los campesinos de una aldea con un ingeniero que se instala con su familia en una lujosa casa).
Todos los relatos de Chéjov exhalan humanidad y algunos de ellos como "Los Muzhics"(Los campesinos) y "La nueva dacha" muestran los conflictos sociales en la sociedad rusa de fines del siglo 19, que luego desencadenaría en la revolución de 1917. Chéjov no llegó a vivir este acontecimiento, ya que murió en 1904 con tan solo 44 años. Sin embargo, su obra cuentística y teatral perdura hasta el día de hoy y son un clásico de la literatura universal.









