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sábado, 2 de abril de 2011

El cisne negro


Acabo de ver por segunda vez la película “El cisne negro” (2010), dirigida por Darren Aronofsky, y creo que es casi una obra maestra. Obra maestra por su ambición, su originalidad, por crear un mundo propio o por representar a la perfección uno que nos es ajeno (el mundo de las bailarinas de ballet). Por si fuera poco, el guión es una maravilla, el aspecto visual también y por sobre todo las actuaciones. Natalie Portaman, la hermosa Natalie Portman, es la reina de la película, y redondea una magnífica e inolvidable actuación que justifica su obtención del Oscar como mejor actriz. Además, el resto del elenco no desentona: el director del elenco de ballet (Vincent Cassel), su competidora en el rol principal de El lago de los Cisnes (Mila Kunis), la madre de Natalie Portan en la ficción (Barbara Hershey) y la bailarina principal que pierde su puesto por Natalie (la famosa Winona Ryder).

La película no es nada aburrida, desde el principio nos atrapa con el drama que vive la bailarina Nina Sayers (Portman) por conseguir el papel principal y su posterior deterioro físico y mental que la lleva a la muerte. El último tramo de la película es trepidante y es un intenso cuadro de locura y paranoia de la protagonista. Finalmente, y tras ver el trágico desenlace, no me queda más que admirar el talento de su director Aronofski y preguntarme cómo ganó el Oscar una película como “El discurso del rey” que aunque buena no llega ni de asomo al nivel de ambición y originalidad de “El cisne negro”.

lunes, 28 de febrero de 2011

Natalie Portman



Estimada Natalie:

Hoy cumplo 32 años y soy uno de esos miles o cientos de miles de admiradores que tienes desperdigados por el mundo. Me enamoré de ti en 1994 luego de ver “El profesional” del francés Luc Besson. Tu actuación fue espectacular y de verdad me sentí como León (Jean Reno), quien pierde los papeles ante tu niñez, tu belleza y esa magia que mujer adulta que también poseías a pesar de tus escasos 11 años. Sabes, he visto esa película al menos unas 5 veces, la primera a los 15 años, y en todas me he sentido hechizado por tu actuación, y ahí recién entendí lo importante que es ser un actor: este le da vida al personaje que encarna y si lo convierte en arte traspasa los linderos de la película y lo vuelve inmortal. Tú con ese papel pasaste a la inmortalidad, le diste categoría de arte a tu actuación y rompiste la frontera efímera del tiempo y la vida. Natalie, tú con solo esa actuación, ya te merecías el Oscar, y yo, como León, me enamoré de ti y sentí celos cuando conversabas con ese chiquillo italiano, que te ofreció un cigarrillo, mientras aquel trataba con el italiano mafioso. Yo también, cuando llegó la policía a aniquilar a León, sentí unas ganas inmensas de matar a todos esos malditos policías y salvar mi vida para poder volver a verte. Y por eso, ayer, cuando recibiste, ya a tus 29 años, pero aún hermosa y con una bella pancita de futura madre, el Oscar a mejor actriz por tu papel en la película “El cisne negro”, me alegré como si fuese un gran amigo tuyo o como si fuese ese joven al que besaste antes de salir al escenario a agradecer. Natalie, felicitaciones y que sigas cosechando éxitos con tu hermosura y tu talento.

Jorge Rodríguez