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jueves, 5 de diciembre de 2019

Lobos solitarios

Lobos solitarios (2017) es un relato publicado como una plaqueta por el escritor peruano Fernando Ampuero, autor del libro de cuentos Paren el mundo que acá me bajo. En aquel cuento, Ampuero cuenta la historia de dos antiguos compañeros de trabajo en la revista Caretas: Edmundo y Xavier, quienes sueñan con escribir la obra maestra, pero nunca lo hacen, ya sea por pereza o por un perfeccionismo que los termina hundiendo. Edmundo y Xavier son como el Bartleby, del escritor norteamericano Herman Melville, aquel célebre personaje que, ante los requerimientos de su jefe de oficina, respondía: "Preferiría no hacerlo". Edmundo y Xavier son periodistas ermitaños, solitarios a su manera, que sueñan con escribir esa novela que les dé sentido a sus vidas, sin embargo, no pueden concretarla. Ampuero, que los conoció personalmente, aprovecha esa cercanía para narrar sobre esos dos personajes misántropos, extraños que generaban inquietud y cierto temor entre sus colegas. Pese a eso, creo que Ampuero pudo reflejar mejor el ambiente periodístico de esa mítica revista que tenía al "ogro" Zileri como su director. Más aún, no profundiza lo suficiente en sus personajes, aunque el narrador señala -al inicio del relato- que no fue íntimo amigo de ellos y solo compartió un lugar de trabajo durante algunos años. Y aunque realiza buenas descripciones de los personajes y ciertas características o extravagancias suyas, siento que queda en la superficie y no llega a explotar del todo la historia que tiene entre manos. Asimismo, la prosa es correcta, ágil, entretenida, sin alcanzar un vuelo lírico o poético. 

En suma, Lobos solitarios es un cuento que se lee con fluidez, que tiene reminiscencias del Bartleby del Melville, pero que no posee la contundencia psicológica y existencialista de este relato.  
    

viernes, 9 de noviembre de 2012

El enano (Historia de una enemistad)


El enano (2001), libro del escritor peruano Fernando Ampuero (1949), relata la relación de odio entre Ampuero y el periodista César Hildebrandt, que en el libro es llamado Hache. A lo largo de poco menos de 200 páginas, el escritor nos relata de manera autobiográfica –aunque con algunos aderezos de ficción- la enemistad que se fue forjando entre ellos a partir de los años 70, cuando se conocieron en la revista Caretas. 

 Este libro, mientras lo leía, me hizo acordar también a la carta de Bayly, en su novela Los amigos que perdí, dirigida a Manuel (en la vida real, el periodista Jaime Bedoya), en la que cuenta la relación de amistad, envidia y rencor que hubo entre ellos. Al igual que la relación Ampuero-Hildelbrandt, Bayly y Bedoya eran dos jóvenes muy talentosos, con unos egos inmensos. Sin embargo, y a diferencia de estos, Ampuero y Hildebrandt desde el inicio no se “tragaban”. Y era lógico, los dos tenían egos desmesurados y formas opuestas de ver la vida: el chato Hildebrandt era gritón, prepotente y disforzado; y Ampuero, un dizque socialista que se daba la gran vida en los clubs de Miraflores, junto a chicas hermosas.

Debe ser cierto, como cuenta Ampuero, que Hache (como llama a Hildebrandt) era un tipo envidioso, envanecido de sí mismo y prepotente; pero también es cierto, y esto se refleja en la lectura, que Ampuero envidiaba a Hildebrant, pues no le cabía en la cabeza, inconscientemente, que un enano que no llegaba al metro 60 tuviera más poder y “carácter” que muchos. En El enano, aunque Ampuero muestra a Hache como un miserable que envidia a aquel y a cualquiera que quiera opacarlo, también se palpa la envidia de Ampuero, humana al fin y al cabo.

Finalmente, este libro, como señala su autor, es “un divertimento” que se lee de corrido y está escrito de manera correcta, pero no llega a  ser más que eso. Y su mérito está en mostrar, de manera sincera, una relación de odio a lo largo de los años. Y ojo, que hablo de Ampuero, que tiene dos cuentos excelentes como “Paren el mundo que acá me bajo” y “La zurda”. En todo caso, y comparado con estos dos relatos, El enano es una obra menor, pero, al fin y al cabo, sincera.    

sábado, 29 de agosto de 2009

Paren el mundo que acá me bajo


“Paren el mundo que acá me bajo” es el hermoso título del primer libro de cuentos que publicó Fernando Ampuero en 1972. Entonces, el autor peruano contaba con escasos 23 años y este pequeño libro, compuesto de 5 relatos, es una muestra de su talento. Precisamente, el primer cuento, que lleva el nombre del título del libro, es, sin lugar a dudas, el más hermoso en el estricto sentido de la palabra. Situado en medio de la línea de lo fantástico y lo real, cuenta la historia entre un joven narrador e Isabel, una bella muchacha, que salva a aquel de morir ahogado o del suicidio (la razón nunca se especifica y la situación resulta insólita pues el narrador dice que estuvo dos días en el mar antes de ser salvado). El encanto del cuento radica en la psicología de los personajes, en la relación de amor y de conflicto que surge entre ambos, en los diálogos casi existencialistas que protagonizan, y en un final abierto pero, a la vez, claro y contundente; sin contar, además, con la buena prosa de Ampuero.

El resto de cuentos son, por usar algunos términos, existencialistas, filosóficos, imaginativos, ilógicos en ocasiones, plagado de imágenes, llenos de insatisfacción (producto de la juventud), de incertidumbre ante el futuro, y básicamente impregnados de mucha vida.