Según el crítico y poeta José Carlos Yrigoyen, la novela corta Destierro, de Alina Gadea (1966), ha sido una de las mejores novelas peruanas del 2017. Acabo de leerla en la simpática edición de editorial Planeta bajo su sello Emecé cruz del sur. Tengo la impresión de que se trata de un libro de interés, escrito con una prosa de aliento poético, que muestra a una narradora con talento. La historia gira en torno a la separación de una pareja de esposos; y cada pequeño capítulo (de una a tres páginas como máximo) nos muestra, a manera de pincelazos breves pero rotundos, los instantes previos y posteriores a la ruptura y el divorcio. A su vez, valiéndose la autora Alina Gadea del psiconálisis, desarrolla capítulos donde la narradora (la esposa) cuenta detalles de su infancia y la de su esposo (ambos bajo el dominio de madres autoritarias y represivas) que explican, de cierta manera, el por qué del fracaso de la relación entre ambos.
Gadea, como señala la contraportada, se vale de una prosa fragmentaria que te suelta breves episodios de lo que fue la relación y el por qué de la ruptura. Por ejemplo, que el esposo, un militar, era un hombre que estaba ausente mientras ella se encargaba sola de la crianza de sus hijos. Esta prosa escindida, fragmentaria, brinda información valiosa, pero también deja al lector con preguntas, con cabos sueltos, como piezas de un rompecabezas que él mismo deberá armar.
Lo mejor de esta novela corta, además de su prosa poética, es el desenlace; y no tanto, por lo que ocurre, sino por cómo lo narra. La escena en que ambos firman los papeles del divorcio en una notaría, y ella es presa de la dudas y del temor, y luego de la firma, se derrumba a los hombros del ex esposo, está muy bien contada y conmueve. Igual ocurre con la muerte de su madre, esa mujer autoritaria, castradora, que al final de su vida ha perdido la memoria, y antes de morir tiene un arrebato de lucidez y le pide perdón a su hija. Finalmente, la escena final, en que la narradora (la esposa), a pesar de estar devastada con la separación, se dirige al acantilado en Miraflores, y en vez de lanzarse y terminar con su vida (como le había pasado por la mente), decide volar en parapente con un instructor, y desde lo alto del cielo azul, al ver la ciudad de Lima y sus calles y casas en miniatura, y tras respirar hondo y serenarse, se da cuenta que la vida continúa y que ella ya no es "una locomotora a punto de descarrilarse" ni ha naufragado.
En síntesis, Destierro es una novela corta interesante y muy recomendable. Y muestra que en el Perú hay también escritoras de talento.
miércoles, 7 de febrero de 2018
viernes, 26 de enero de 2018
El indulto a Alberto Fujimori
Mi padre es fujimorista. Votó por Vargas Llosa y sintió cólera cuando salió elegido Fujimori, pero luego -según su visión- al ver que este tomaba decisiones, y el Perú mejoraba su economía y se acababa con el terrorismo, se volvió férreo defensor de Alberto Fujimori. Cuando ingresé a la universidad en 1996, yo repetía como un loro las ideas de mi padre. Recuerdo que en 1998 o 1999 discutía con mi primo sobre los evidentes muestras de autoritarismo y corrupción que ya mostraba este gobierno. Por supuesto, yo defendía a Fujimori influenciado -de manera inconsciente- por las ideas de mi papá. Recién a fines de 1999 -cuando tenía ya 20 años- comencé a abrir los ojos, a darme cuenta de la realidad a través de los reportajes de canal 2 y el programa de Hildebrandt. Recuerdo, incluso, haber marchado en el año 2000 y luego en otra marcha, en el 2001, cuando el régimen de Fujimori ya estaba derrumbándose por la presión de la calle. Luego aparecieron los vladivideos y ahí la verdad fue evidente. Ya para entonces, discutía con mi padre y hasta el día de hoy condeno al gobierno corrupto y autoritario de Fujimori. Cuando se lo extraditó de Chile, me pareció bien que pague por sus crímenes, sin embargo, me dejó un sinsabor que su mayor pena (25 años) fuese por delitos de lesa humanidad. Intuía ahí cierta injusticia, pues, sentía que se había tratado de una guerra y que ahí los excesos, lamentablemente, son inevitables. En el 2005, con el libro del Chema Salcedo, El libro de las sospechas, leí, por primera vez, que el caso de la tortura a la agente Leonor La Rosa (que fue muy difundido por canal 2 en los 90s) había sido un caso armado. Recuerdo al Chema ser entrevistado en un par de medios de comunicación, pero nadie le hizo el menor caso. Ahí comencé a sospechar. Leí el reportaje de Salcedo y me llegó a convencer. En los siguientes años no se volvió a hablar del caso; incluso, cuando se condenó a Fujimori, no se le sancionó por ese caso. De un día a otro, Leonor La Rosa dejó de existir y hasta el día de hoy nadie habla de ella. Recién hace un año, leí en la introducción de Muerte en el Pentagonito (del investigador de Ricardo Uceda), que es un libro que se utiliza para condenar los delitos de lesa humanidad de Fujimori y su asesor Vladimiro Montesinos, que el caso Leonor La Rosa fue un montaje, una mentira. La verdad, en ese momento, me sentí estafado. Sentí que no solo el gobierno fujimorista, en los 90s, nos manipulaba; sino también la oposición. Comencé a entender que esta oposición también tenía su agenda propia y su condena a Fujimori no partía de convicciones, sino de intereses políticos. Es cierto, había gente respetable como Vargas Llosa, Paco Igartua, Gustavo Gorriti y otros más que sí condenaban el gobierno autoritario de Fujimori por principios; sin embargo, estos eran los pocos.
Tiempo después, en el Informe de la Comisión de la Verdad (que también se utiliza para condenar el gobierno de Fujimori), encontré, en un cuadro estadístico, que el mayor número de muertes, por parte del Estado peruano, durante el conflicto armado, fueron durante los gobiernos de Fernando Belaúnde y Alan García. Sobre todo, el mayor número de delitos de lesa humanidad ocurrieron en el gobierno de Belaúnde. Me pregunté: ¿y por qué ellos no fueron también condenados?
En el 2017, con el caso de mega corrupción de Odebrech, se demostró que esos políticos que gobernaron después de Fujimori tomando la bandera de la lucha contra la corrupción, eran unos pícaros corruptos. Se comprobó que eran de la misma calaña que el condenado presidente. ¿Con qué moral podían criticar y condenar al gobierno corrupto de Fujimori?
Hace un par de semanas, leí, en Muerte en el Pentagonito, de Uceda, que en el caso del asesinato de los alumnos de la universidad La Cantuta, la orden que había recibido el jefe del grupo extramilitar Colina, Martín Rivas, por parte de su superior, era capturar a estos estudiantes que -según el trabajo de inteligencia del Ejército- eran senderistas que habían estado implicados en el reciente atentado terrorista de Tarata en 1992. Sin embargo, Rivas, desobedeciendo o haciendo caso omiso, terminó matando, incinerando y enterrando a los presuntos terroristas...Personalmente, yo creía que se trataba de gente inocente. Aunque es evidente que eso no justifica la manera en que murieron y que luego Fujimori haya amnistiado al Grupo Colina. En todo caso, tiene responsabilidad política.
Por todo lo anterior, yo opino que Fujimori debe cumplir su condena por los delitos que cometió, pero desconfío de esos grupos políticos que se rasgan las vestiduras y son igual de corruptos y que también deben pedir disculpas por los excesos que se cometieron en la lucha contra el terrorismo. Eso es doble moral. Se debe combatir el indulto a Fujimori porque es una muestra de impunidad y eso no se puede permitir. El pícaro o el que comete delitos debe saber que tiene que cumplir su condena sí o sí. El caso Odebrech ha demostrado que los presidentes que siguieron a Fujimori eran igual de bribones y ojalá paguen por sus actos, al igual que lo hizo y debe seguir pagando Fujimori. La única forma de indultar a este es por motivos humanitarios (debido a su grave estado de salud), pero por lo que se aprecia (a pesar de que se nota su deterioro físico) Fujimori no está tan grave como se quiere mostrar. Al menos eso parece. Aunque desconfío de los medios de comunicación.
Tiempo después, en el Informe de la Comisión de la Verdad (que también se utiliza para condenar el gobierno de Fujimori), encontré, en un cuadro estadístico, que el mayor número de muertes, por parte del Estado peruano, durante el conflicto armado, fueron durante los gobiernos de Fernando Belaúnde y Alan García. Sobre todo, el mayor número de delitos de lesa humanidad ocurrieron en el gobierno de Belaúnde. Me pregunté: ¿y por qué ellos no fueron también condenados?
En el 2017, con el caso de mega corrupción de Odebrech, se demostró que esos políticos que gobernaron después de Fujimori tomando la bandera de la lucha contra la corrupción, eran unos pícaros corruptos. Se comprobó que eran de la misma calaña que el condenado presidente. ¿Con qué moral podían criticar y condenar al gobierno corrupto de Fujimori?
Hace un par de semanas, leí, en Muerte en el Pentagonito, de Uceda, que en el caso del asesinato de los alumnos de la universidad La Cantuta, la orden que había recibido el jefe del grupo extramilitar Colina, Martín Rivas, por parte de su superior, era capturar a estos estudiantes que -según el trabajo de inteligencia del Ejército- eran senderistas que habían estado implicados en el reciente atentado terrorista de Tarata en 1992. Sin embargo, Rivas, desobedeciendo o haciendo caso omiso, terminó matando, incinerando y enterrando a los presuntos terroristas...Personalmente, yo creía que se trataba de gente inocente. Aunque es evidente que eso no justifica la manera en que murieron y que luego Fujimori haya amnistiado al Grupo Colina. En todo caso, tiene responsabilidad política.
Por todo lo anterior, yo opino que Fujimori debe cumplir su condena por los delitos que cometió, pero desconfío de esos grupos políticos que se rasgan las vestiduras y son igual de corruptos y que también deben pedir disculpas por los excesos que se cometieron en la lucha contra el terrorismo. Eso es doble moral. Se debe combatir el indulto a Fujimori porque es una muestra de impunidad y eso no se puede permitir. El pícaro o el que comete delitos debe saber que tiene que cumplir su condena sí o sí. El caso Odebrech ha demostrado que los presidentes que siguieron a Fujimori eran igual de bribones y ojalá paguen por sus actos, al igual que lo hizo y debe seguir pagando Fujimori. La única forma de indultar a este es por motivos humanitarios (debido a su grave estado de salud), pero por lo que se aprecia (a pesar de que se nota su deterioro físico) Fujimori no está tan grave como se quiere mostrar. Al menos eso parece. Aunque desconfío de los medios de comunicación.
jueves, 28 de diciembre de 2017
La joven Dolores
La joven Dolores es el sexto albúm de la cantautora española Christina Rosenvinge (sí, la de Christina y Los Subterráneos). Verdaderamente es una joyita, es hermosísimo. Christina sonó mucho en Lima en 1994 con sus discos Que me parta un rayo (1992) y Mi pequeño animal (94). En esos discos habían hits como "Mil pedazos", "Pulgas en el corazón" "Tú por mí", "Voy en coche", "Pálido", etc. A partir de ahí, Christina empieza a hacer música más personal y se aleja de los circuitos comerciales (y por ende, de las radios). Tal es así que luego de su disco Cerrado (1997), y tras no renovar con la discográfica Warner, viaja a Nueva York y radica ahí de 1999 al 2003. En los siguientes años, graba tres discos en inglés: Frozen pool (2001), Foreign Land (2002), Continental 62 (2006). En el 2008, vuelve a grabar en español y publica su bonito disco Tu labio superior, en el cual destacan canciones como "La distancia adecuada", "Tu boca", "Eclipse". Pero es sobre todo su siguiente disco el que me parece realmente una obra de arte: La joven Dolores. Todas las canciones me parecen hermosas. La primera, "Canción de Eco" es un homenaje al mito de Narciso y Eco. "Eva enamorada" y "Mi vida bajo el agua" no desentonan y destacan por sus bellas melodías. "Weekend" y "La idiota en mi (mayor)" son el punto más alto del disco aunque sin opacar al resto. Cada canción tiene no solo buenas melodías, sino también excelentes letras de aliento poético a pesar de su aparente sencillez. "Jorge y yo", "Tu sombra", "Nuestra casa", "La noche del incendio", "Desierto", "Debut" y Un hombre muy formal" son claro ejemplo de aquello. No es casualidad que la revista Rolling Stone -según Wikipedia- califique al disco como una "obra maestra".
En una entrevista que dio Christina, hace un tiempo, señaló que en su época de éxito comercial, algunos productores quisieron convertirla en una especia de Shakira. Ella se rehusó a eso y por eso salió de Warner y empezó a hacer música más personal, más íntima, aquella que le nacía del corazón. Su disco La joven Dolores muestra que su apuesta realmente valió la pena. ¡Es purito arte!
Aquí el enlace para escuchar el disco:
https://www.youtube.com/watch?v=AJ2iP_0ECac
En una entrevista que dio Christina, hace un tiempo, señaló que en su época de éxito comercial, algunos productores quisieron convertirla en una especia de Shakira. Ella se rehusó a eso y por eso salió de Warner y empezó a hacer música más personal, más íntima, aquella que le nacía del corazón. Su disco La joven Dolores muestra que su apuesta realmente valió la pena. ¡Es purito arte!
Aquí el enlace para escuchar el disco:
https://www.youtube.com/watch?v=AJ2iP_0ECac
La soledad de los aviones
La soledad de los aviones es un libro de cuentos del escritor peruano Sergio Galarza. Apareció publicado en la editorial independiente Estruendo Mudo en el 2005. He releído este libro luego de doce años y mi impresión es que es mejor de lo que pensé. Los cuentos que más recordaba, cosa curiosa, no son, sin embargo, los mejores. "Donde anidan las arañas" (una historia sobre la experiencia futbolística de un adolescente) y "La soledad de los aviones" (sobre un periodista que viaja a Nueva York para entrevistar a su ídolo Lou Reed) -que son el primero y el último cuento respectivamente- son historias recordables y bien contadas, pero quizás son muy sencillas en su estructura. Por el contrario, en los otros relatos, se ve un autor más dispuesto a arriesgar y algunas veces consigue el objetivo de conmover al lector y en otras no. Por ejemplo, me gustaron el segundo y el tercer relato: "Emergencia" y, sobre todo, "Lo mejor de la vida" que tratan sobre mujeres ancianas que terminan siendo una carga para su familia o para la gente que los rodea. Francamente, me hicieron reflexionar y me conmovieron. Por otro lado, los cuentos "Concierto para corazones idiotas" y "Abel" tienen en común que trazan la historia de personajes rebeldes e incomprendidos cercanos al narrador y que tuvieron un desenlace poco feliz. Por ejemplo, en el primero, se cuenta la historia del músico subterráneo Chalo Matute y, en la segunda, la de Abel, un compañero de colegio del narrador, que se convierte en senderista y termina siendo asesinado. Ambas cuentos están muy bien narrados y hay saltos en el tiempo que agilizan el relato. Finalmente, "Velas" (sobre la época de Sendero y los apagones y las bombas) y "El destino de los patanes" son los cuentos más arriesgados en cuanto a la técnica y de final más abierto (sobre todo el primero), pero no llegan a cuajar del todo, desde mi punto de vista.
En conclusión, haciendo las sumas y las restas, en La soledad de los aviones, Galarza -que entonces contaba con 28 o 29 años- se muestra como un autor con talento, pero todavía en proceso de madurez, de ahí que algunos de sus cuentos sean de interés y otros no tanto. Me quedo con "Lo mejor de la vida" y "Concierto para corazones idiotas".
En conclusión, haciendo las sumas y las restas, en La soledad de los aviones, Galarza -que entonces contaba con 28 o 29 años- se muestra como un autor con talento, pero todavía en proceso de madurez, de ahí que algunos de sus cuentos sean de interés y otros no tanto. Me quedo con "Lo mejor de la vida" y "Concierto para corazones idiotas".
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domingo, 17 de diciembre de 2017
Matilda
Pues bien, leyendo Matilda (1988) confirmo mis apreciaciones anteriores. La novela que gira sobre una niña genio de 5 años -que no es apreciada y valorada por sus padres, y que luego descubre que tiene poderes mágicos- es una obra divertidísima y muy bien narrada. Es altamente recomendable para niños a partir de 9 años, pero también podría leerla y disfrutarla un joven o un adulto como yo. Dahl practica una literatura lúdica, ingeniosa, que constantemente te sorprende, y te hace disfrutar como si fueses un niño. Su prosa es simple pero gráfica y hermosa. Sus personajes (el principal y los secundarios) están perfectamente delineados y uno se siente partícipe de lo que le va ocurriendo a la pequeña Matilda. A su vez, los personajes secundarios (los padres de Matilda, la directora Trunchbull, la profesora Honey, la bibliotecaria, etc.) son una delicia.
Aunque el desenlace no es tan redondo como esperaba (quizá es el punto más bajo de la historia), la novela es literatura de entretenimiento de primer nivel. Más aún, detrás de esa aparente "superficialidad", Dahl, en ciertos momentos, se ingenia para plantear temas más "profundos". Por ejemplo, la importancia de la lectura, ya que la precocidad y el talento de la pequeña Matilda se debe a su pasión por la lectura; además, su afición a las novelas la lleva a "escapar" o evadirse del mundo mediocre de sus padres. Asimismo, hay una crítica tácita a la educación autoritaria en las escuelas y a los padres que no valoran el talento de sus hijos. También, a través del personaje de la señorita Honey, hay un elogio al valor que tienen ciertos profesores en la vida de un estudiante, y a la sacrificada labor que realizan aquellos pese al escaso apoyo.
En suma, Matilda, de Roald Dahl, es una hermosa y entretenidísima novela que podría ser un magnífico regalo de Navidad para un niño o un adolescente que empieza a adentrarse en el fascinante mundo de la lectura. O para un adulto que ha perdido la curiosidad, y desea redescubrirla y dejarse fascinar como en su época de infancia. ¡Muy recomendable!
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lunes, 27 de noviembre de 2017
Rafa, mi historia
Rafa, mi historia (2011), es la autobiografía del gran tenista español Rafael Nadal, escrita por el periodista inglés John Carlín (1956), quien acompañó a Rafael y a su familia durante varios torneos que disputó a fines de la década pasada. El libro es una joyita de la literatura deportiva y abarca la carrera de Nadal desde sus inicios hasta la obtención de los cuatro torneos del Grand Slam, en el 2010, a los 24 años.
Rafa, mi historia, tiene como telón de fondo -en gran parte del libro- el histórico partido (considerado el mejor en la historia del tenis) que ganó Rafael Nadal a Roger Federer, en el 2008, en la final del Wimbledon. Rafael Nadal cuenta en primera persona - a través de la pluma y el gran talento de John Carlín- lo que sintió en aquel inolvidable y épico partido. Se disecciona con gran detalle lo que ocurrió en aquel partido y cómo lo vivió Nadal, las mil emociones que cruzaron por su mente, más aún, tomando en cuenta que el año anterior, el 2007, había perdido la final contra Federer y la derrota lo sumió en una profunda tristeza. Paralelamente, ya en tercera persona, en posteriores capítulos, John Carlín va narrando los inicios de Nadal como tenista y las características físicas y psicológicas que rodean al gran deportista que es. Además, nos cuenta, con gran detalle de datos y fuentes, sobre el equipo y la familia de Nadal: su tío y entrenador Toni, el equipo de profesionales que lo acompañan en las giras, sus padres, su hermana y su enamorada. Deslumbra saber que el gran tenista que es Rafael Nadal es una persona llena de miedos y temores, pero a la vez una que nunca se da por vencida, que aguanta hasta el final, que es súper disciplinada, que es humilde, que siempre busca superarse. Las palabras que más se repiten en el libro (de 330 páginas) son nervios, miedo, temor, ansiedad, aguantar, disciplina, concentración, ambición y humildad.
Además, en este libro, descubrimos maravillados que los grandes tenistas como Nadal (y Federer y Djokovic) también tienen miedo, también son presa de los nervios y luchan -como la mayoría de nosotros- por controlarlos, por domarlos, y muchas veces lo logran y en otras no. Rafael Nadal, con su gran fortaleza mental, también tiene que lidiar con los nervios y el miedo, y su deseo de superación hace, que la mayoría de veces, lo logre. Finalmente, el libro trata sobre el entorno de Nadal -es decir su equipo de trabajo, su familia, su enamorada, su ciudad (Manacor en la isla de Mallorca)- que son piezas claves en su carrera profesional, pues le han dado la calma y el apoyo para afrontar la presión y los difíciles momentos: las lesiones, las derrotas, etc.
Rafa, mi historia, es una historia imprescindible, muy bien escrita, que estoy seguro que deleitará a sus admiradores y a cualquier amante del tenis y los deportes. Asimismo, me atrevería a decir que es más potente que cualquier libro de autoayuda y te deja las mejores lecciones de vida que uno podría desear. ¡De lectura obligatoria!
Esta casa vacía
Ahora, dejando de lado esas comparaciones, García Falcón elabora una historia interesante, simpática, que se lee con fluidez, pero, al menos en mi caso, no me llegó a conmover del todo, salvo ciertos pasajes. Aprecié su prosa, su intento por trabajar con el lenguaje (sobre todo, en ciertos fragmentos), pero el conflicto interno del profesor cuarentón que tiene un hijo con un problema en sus pulmones, y que luego se sume en una crisis existencial (reflejada en problemas de infidelidad y de drogas) y que termina siendo abandonado por su esposa, me resulta algo forzada, incluso, tal vez, hasta inverosímil. No siento auténticas ciertas escenas de crisis (como el intento de suicidio del personaje al querer que un auto lo atropelle) o algunas escenas sexuales (como aquella de que lo hizo cinco veces con una de sus amantes). Pareciera más bien que el protagonista, Giovanni Perleche, quiere ufanarse de la vida licenciosa que lleva. Por otro lado, hay un momento de la historia en que se deja de lado uno de los conflictos principales (la lucha de Perleche y su esposa por la vida de su pequeño hijo), y la trama se concentra más en las aventuras del protagonista con sus amantes y la droga (que también la siento un poco forzada). Luego, al final, se retoma aquel conflicto principal aunque el final es abierto. Finalmente, las reflexiones sobre el arte de la escritura son muy interesantes y muy bien escritas.
En suma, Esta casa vacía muestra a un escritor interesante, con talento, pero no es una novela lograda del todo, sino una historia regular que muestra momentos buenos y otros no tanto. Como diría tal vez Hemingway, a veces, le falta "verdad" (al menos, desde mi subjetiva opinión).
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Marco García Falcón
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