Extraído de un fragmento del cuento "Agárrame fuerte, no me sueltes", de la canadiense Alice Munro, premio Nobel de Literatura 2013
"...Más bien parecía un hombre que se tenía en tan buen concepto que podía permitirse ser algo dejado. Tenía un cuerpo robusto y fuerte. Un rostro cuadrado y lozano, cabello blanco ahuecado que le surgía como un adorno vigoroso alrededor de la frente. Estaba encantado de que ella (Hazel) le hubiese tomado por el camarero, como si eso pudiera ser una especie de jugarreta que él le hubiese gastado. En la clase ella le habría tomado por un posible alborotador, no de los ruidosos ni de los tontos, ni de la clase definitivamente despectiva y hastiada, sino de los que se sientan en la parte de atrás de la clase, inteligentes e indolentes, y hacen observaciones de las que no puedes estar totalmente seguro. Subversión mansa, astuta y decidida..., una de las cosas más difíciles de erradicar en una clase. Lo que hay que hacer (Hazel les había dicho esto a los profesores más jóvenes, o a aquellos que tendían a desanimarse más fácilmente que ella), lo que hay que hacer es encontrar alguna manera de desafiar su inteligencia. Convertirla en una herramienta, no en un juguete. La inteligencia de una persona así está infrautilizada".
miércoles, 14 de marzo de 2018
miércoles, 7 de marzo de 2018
Orientación vocacional
Hoy visité la biblioteca de mi ex universidad y me topé con este libro por azar. Compuesto de veintinueve pequeños relatos (de 2 a 5 caras) sobre el colegio y los compañeros del narrador, hojeé un par y me enganché con la entretenida lectura. Fue así que "malgasté" toda la mañana en acabar este divertido libro del autor peruano Pierre Castro Sandoval (Trujillo, 1979) titulado Orientación vocacional.
Cada pequeño cuento está acompañado de ilustraciones del mismo escritor. Lo que más llama la atención de estos relatos es el humor que destilan y el uso de lisuras (putamadre, conchatumadre, huevonazo, huevonazazazazaso, pinga, culo, hijodeputa, tetazas, etc.) de un modo literario. Es decir, estas lisuras están bien empleadas y, además de formar parte del estilo del autor, permiten reflejar el lenguaje desenfadado e irreverente de los adolescentes de los 90s.
Este libro es un regreso a la infancia y adolescencia del narrador, quien evoca con irreverencia, humor e incluso, en ocasiones, con nostalgia, a aquellos compañeros y compañeras que compartieron aulas con él. Por supuesto, hay cuentos más logrados que otros, pero haciendo el balance, el saldo es positivo. Uno como lector lee entretenido las anécdotas y mataperradas de estos escolares en la época de los videojuegos (Mario Bros, Double Dragon), el yogurt Milkito, los ticoticos, y no puede dejar de identificarse y pensar -con una sonrisa resignada- que ser adolescente es sinónimo de inmadurez y palomillada.
Cada pequeño cuento está acompañado de ilustraciones del mismo escritor. Lo que más llama la atención de estos relatos es el humor que destilan y el uso de lisuras (putamadre, conchatumadre, huevonazo, huevonazazazazaso, pinga, culo, hijodeputa, tetazas, etc.) de un modo literario. Es decir, estas lisuras están bien empleadas y, además de formar parte del estilo del autor, permiten reflejar el lenguaje desenfadado e irreverente de los adolescentes de los 90s.
Este libro es un regreso a la infancia y adolescencia del narrador, quien evoca con irreverencia, humor e incluso, en ocasiones, con nostalgia, a aquellos compañeros y compañeras que compartieron aulas con él. Por supuesto, hay cuentos más logrados que otros, pero haciendo el balance, el saldo es positivo. Uno como lector lee entretenido las anécdotas y mataperradas de estos escolares en la época de los videojuegos (Mario Bros, Double Dragon), el yogurt Milkito, los ticoticos, y no puede dejar de identificarse y pensar -con una sonrisa resignada- que ser adolescente es sinónimo de inmadurez y palomillada.
lunes, 26 de febrero de 2018
El libro de los amores ridículos
Leí El libro de los
amores ridículos (1968), del checo Milan Kundera (1929), en el último año
de la universidad. Me gustó mucho (antes había leído su novela La insoportable levedad del ser, que
también me agradó bastante). El libro de
los amores ridículos, recordaba, era un conjunto de relatos divertidos
sobre el amor y que, a través del narrador, se filosofa en torno a este
sentimiento. Recordaba también que tres cuentos me habían gustado en especial.
Pero, sobre todo, me acordaba del cuento “El falso autostop” que me parecía
originalísimo y una obra maestra, y que en el 2003 se realizó, incluso, una
versión teatral en el centro cultural de la Católica.
Pues bien, acabo de releer el libro de Kundera después de 15
años y me he divertido leyéndolo. He vuelto a comprobar la belleza de los cuentos
arriba mencionados, y, más aún, he descubierto un par de relatos más que son igual
de valiosos. Por ejemplo, el primero “Nadie se va a reír” es la entretenida
historia de un profesor mujeriego que se niega a escribir una reseña elogiosa a
un tipo, y trata de eludirlo con cualquier artimaña. Esto pone en aprietos a la
estudiante que es su pareja. El segundo cuento, “La dorada manzana del deseo”
es una buena historia sobre un hombre casado que se dedica a flirtear con las chicas
que conoce; sin embargo, nunca llega a mayores, pues es fiel a su mujer. El
desenlace, no obstante, no es tan bueno. “El falso autostop”, tercer relato, es una
obra maestra y cuenta la historia de una pareja de veinteañeros, que en el
inicio de sus vacaciones -en el auto que conduce uno de ellos- comienzan a
actuar como si fueran extraños, y eso rebela sus inseguridades, miedos y sus
ocultas personalidades. El cuarto cuento (“Symposion”) y el sexto (“El doctor
Havel al cabo de veinte años”) giran en torno a un grupo doctores, en especial
el doctor Havel (un hombre mujeriego). A pesar de que son interesantes y
entretenidos, son los más flojos del conjunto. Quizá porque abusan de las
reflexiones filosóficas del narrador acerca del comportamiento de sus
personajes. Ojo, la mayoría de las reflexiones del narrador son muy
interesantes en casi todas las historias, pero sobre todo en estos cuentos se percibe
cierto abuso e interfieren de cierta forma con la trama (especialmente en “Symposion”).
Pese a eso, como ya dijimos, son dignos de interés y de ágil lectura.
El quinto relato “Que los muertos viejos dejen sitio a los
muertos jóvenes” es uno de los mejores del conjunto. Narra el reencuentro de un
hombre de 35 y una mujer de 54, que quince años atrás tuvieron una aventura. Ya en el departamento de él (ambos infelices con sus vidas actuales
y más viejos), decidirán si vuelven a tener una aventura. Finalmente, “Eduard y
dios” es el divertido último cuento. Trata sobre un joven profesor que sale con
una chica y quiere acostarse con ella; pero ella, que cree en dios, lo rechaza
porque eso iría contra uno de los mandamientos de dios (“No fornicarás”). Él, por
tanto, fingirá creer para poder ablandarla y así lograr su cometido. Eso lo
meterá en graciosos enredos.
En suma, El libro de los
amores ridículos, de Milan Kundera, pese a sus leves defectos, es un
excelente libro que vale la pena leer. El placer está garantizado sin lugar a dudas.
¡Muy recomendable!
jueves, 15 de febrero de 2018
Diario de un profesor (55)
Llego a la sala de profesores de la universidad donde laboro hace un par de años. Solo hay cuatro o cinco docentes concentrados frente a las computadoras. La sala es de tamaño regular: poco más de un aula de clase. Paso de largo, sin saludar, y me siento frente a una computadora, en una fila, en la que estoy solo. Al rato, van llegando otros profesores. Se sientan a mi costado, pero la gran mayoría toma asiento y no saluda. A veces, volteo el rostro, y uno me devuelve la mirada, y nos saludamos. Pero son solo excepciones... Cuento esto, porque en la sala de profesores del colegio y el instituto donde enseñaba antes, todos nos saludábamos y conversábamos con amabilidad, como si fuéramos una familia. Pero en esta prestigiosa universidad donde laboro, pese a que siempre veo los mismos rostros, el trato entre docentes es más frío e impersonal. Tal vez sea, porque al ser una institución mucho más grande, y contar con numerosos profesores, se produce este fenómeno...Yo mismo me he contagiado de esta dinámica. Antes, cuando recién ingresé, saludaba cuando entraba a la sala de docentes, pero luego, al ver que solo unos pocos me devolvían el saludo o se sentaban junto a mí sin proferir palabra, comencé a adoptar el mismo comportamiento. Ahora, a lo más, solo saludo a quienes se sientan a mi costado.... Pero pregunto, ¿acaso no somos profesores y, por ende, deberíamos cultivar las buenas maneras, esas buenas maneras que intentamos transmitir a nuestros alumnos y que hacen, de manera casi imperceptible, que nuestras vidas sean más ricas y humanas? ¿acaso esa falta de cordialidad hacia el prójimo demuestra que nosotros como docentes de repente sabemos mucho de nuestra materia pero no de la educación más básica y fundamental, esa que está en los pequeños detalles?
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miércoles, 7 de febrero de 2018
Destierro
Según el crítico y poeta José Carlos Yrigoyen, la novela corta Destierro, de Alina Gadea (1966), ha sido una de las mejores novelas peruanas del 2017. Acabo de leerla en la simpática edición de editorial Planeta bajo su sello Emecé cruz del sur. Tengo la impresión de que se trata de un libro de interés, escrito con una prosa de aliento poético, que muestra a una narradora con talento. La historia gira en torno a la separación de una pareja de esposos; y cada pequeño capítulo (de una a tres páginas como máximo) nos muestra, a manera de pincelazos breves pero rotundos, los instantes previos y posteriores a la ruptura y el divorcio. A su vez, valiéndose la autora Alina Gadea del psiconálisis, desarrolla capítulos donde la narradora (la esposa) cuenta detalles de su infancia y la de su esposo (ambos bajo el dominio de madres autoritarias y represivas) que explican, de cierta manera, el por qué del fracaso de la relación entre ambos.
Gadea, como señala la contraportada, se vale de una prosa fragmentaria que te suelta breves episodios de lo que fue la relación y el por qué de la ruptura. Por ejemplo, que el esposo, un militar, era un hombre que estaba ausente mientras ella se encargaba sola de la crianza de sus hijos. Esta prosa escindida, fragmentaria, brinda información valiosa, pero también deja al lector con preguntas, con cabos sueltos, como piezas de un rompecabezas que él mismo deberá armar.
Lo mejor de esta novela corta, además de su prosa poética, es el desenlace; y no tanto, por lo que ocurre, sino por cómo lo narra. La escena en que ambos firman los papeles del divorcio en una notaría, y ella es presa de la dudas y del temor, y luego de la firma, se derrumba a los hombros del ex esposo, está muy bien contada y conmueve. Igual ocurre con la muerte de su madre, esa mujer autoritaria, castradora, que al final de su vida ha perdido la memoria, y antes de morir tiene un arrebato de lucidez y le pide perdón a su hija. Finalmente, la escena final, en que la narradora (la esposa), a pesar de estar devastada con la separación, se dirige al acantilado en Miraflores, y en vez de lanzarse y terminar con su vida (como le había pasado por la mente), decide volar en parapente con un instructor, y desde lo alto del cielo azul, al ver la ciudad de Lima y sus calles y casas en miniatura, y tras respirar hondo y serenarse, se da cuenta que la vida continúa y que ella ya no es "una locomotora a punto de descarrilarse" ni ha naufragado.
En síntesis, Destierro es una novela corta interesante y muy recomendable. Y muestra que en el Perú hay también escritoras de talento.
Gadea, como señala la contraportada, se vale de una prosa fragmentaria que te suelta breves episodios de lo que fue la relación y el por qué de la ruptura. Por ejemplo, que el esposo, un militar, era un hombre que estaba ausente mientras ella se encargaba sola de la crianza de sus hijos. Esta prosa escindida, fragmentaria, brinda información valiosa, pero también deja al lector con preguntas, con cabos sueltos, como piezas de un rompecabezas que él mismo deberá armar.
Lo mejor de esta novela corta, además de su prosa poética, es el desenlace; y no tanto, por lo que ocurre, sino por cómo lo narra. La escena en que ambos firman los papeles del divorcio en una notaría, y ella es presa de la dudas y del temor, y luego de la firma, se derrumba a los hombros del ex esposo, está muy bien contada y conmueve. Igual ocurre con la muerte de su madre, esa mujer autoritaria, castradora, que al final de su vida ha perdido la memoria, y antes de morir tiene un arrebato de lucidez y le pide perdón a su hija. Finalmente, la escena final, en que la narradora (la esposa), a pesar de estar devastada con la separación, se dirige al acantilado en Miraflores, y en vez de lanzarse y terminar con su vida (como le había pasado por la mente), decide volar en parapente con un instructor, y desde lo alto del cielo azul, al ver la ciudad de Lima y sus calles y casas en miniatura, y tras respirar hondo y serenarse, se da cuenta que la vida continúa y que ella ya no es "una locomotora a punto de descarrilarse" ni ha naufragado.
En síntesis, Destierro es una novela corta interesante y muy recomendable. Y muestra que en el Perú hay también escritoras de talento.
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viernes, 26 de enero de 2018
El indulto a Alberto Fujimori
Mi padre es fujimorista. Votó por Vargas Llosa y sintió cólera cuando salió elegido Fujimori, pero luego -según su visión- al ver que este tomaba decisiones, y el Perú mejoraba su economía y se acababa con el terrorismo, se volvió férreo defensor de Alberto Fujimori. Cuando ingresé a la universidad en 1996, yo repetía como un loro las ideas de mi padre. Recuerdo que en 1998 o 1999 discutía con mi primo sobre los evidentes muestras de autoritarismo y corrupción que ya mostraba este gobierno. Por supuesto, yo defendía a Fujimori influenciado -de manera inconsciente- por las ideas de mi papá. Recién a fines de 1999 -cuando tenía ya 20 años- comencé a abrir los ojos, a darme cuenta de la realidad a través de los reportajes de canal 2 y el programa de Hildebrandt. Recuerdo, incluso, haber marchado en el año 2000 y luego en otra marcha, en el 2001, cuando el régimen de Fujimori ya estaba derrumbándose por la presión de la calle. Luego aparecieron los vladivideos y ahí la verdad fue evidente. Ya para entonces, discutía con mi padre y hasta el día de hoy condeno al gobierno corrupto y autoritario de Fujimori. Cuando se lo extraditó de Chile, me pareció bien que pague por sus crímenes, sin embargo, me dejó un sinsabor que su mayor pena (25 años) fuese por delitos de lesa humanidad. Intuía ahí cierta injusticia, pues, sentía que se había tratado de una guerra y que ahí los excesos, lamentablemente, son inevitables. En el 2005, con el libro del Chema Salcedo, El libro de las sospechas, leí, por primera vez, que el caso de la tortura a la agente Leonor La Rosa (que fue muy difundido por canal 2 en los 90s) había sido un caso armado. Recuerdo al Chema ser entrevistado en un par de medios de comunicación, pero nadie le hizo el menor caso. Ahí comencé a sospechar. Leí el reportaje de Salcedo y me llegó a convencer. En los siguientes años no se volvió a hablar del caso; incluso, cuando se condenó a Fujimori, no se le sancionó por ese caso. De un día a otro, Leonor La Rosa dejó de existir y hasta el día de hoy nadie habla de ella. Recién hace un año, leí en la introducción de Muerte en el Pentagonito (del investigador de Ricardo Uceda), que es un libro que se utiliza para condenar los delitos de lesa humanidad de Fujimori y su asesor Vladimiro Montesinos, que el caso Leonor La Rosa fue un montaje, una mentira. La verdad, en ese momento, me sentí estafado. Sentí que no solo el gobierno fujimorista, en los 90s, nos manipulaba; sino también la oposición. Comencé a entender que esta oposición también tenía su agenda propia y su condena a Fujimori no partía de convicciones, sino de intereses políticos. Es cierto, había gente respetable como Vargas Llosa, Paco Igartua, Gustavo Gorriti y otros más que sí condenaban el gobierno autoritario de Fujimori por principios; sin embargo, estos eran los pocos.
Tiempo después, en el Informe de la Comisión de la Verdad (que también se utiliza para condenar el gobierno de Fujimori), encontré, en un cuadro estadístico, que el mayor número de muertes, por parte del Estado peruano, durante el conflicto armado, fueron durante los gobiernos de Fernando Belaúnde y Alan García. Sobre todo, el mayor número de delitos de lesa humanidad ocurrieron en el gobierno de Belaúnde. Me pregunté: ¿y por qué ellos no fueron también condenados?
En el 2017, con el caso de mega corrupción de Odebrech, se demostró que esos políticos que gobernaron después de Fujimori tomando la bandera de la lucha contra la corrupción, eran unos pícaros corruptos. Se comprobó que eran de la misma calaña que el condenado presidente. ¿Con qué moral podían criticar y condenar al gobierno corrupto de Fujimori?
Hace un par de semanas, leí, en Muerte en el Pentagonito, de Uceda, que en el caso del asesinato de los alumnos de la universidad La Cantuta, la orden que había recibido el jefe del grupo extramilitar Colina, Martín Rivas, por parte de su superior, era capturar a estos estudiantes que -según el trabajo de inteligencia del Ejército- eran senderistas que habían estado implicados en el reciente atentado terrorista de Tarata en 1992. Sin embargo, Rivas, desobedeciendo o haciendo caso omiso, terminó matando, incinerando y enterrando a los presuntos terroristas...Personalmente, yo creía que se trataba de gente inocente. Aunque es evidente que eso no justifica la manera en que murieron y que luego Fujimori haya amnistiado al Grupo Colina. En todo caso, tiene responsabilidad política.
Por todo lo anterior, yo opino que Fujimori debe cumplir su condena por los delitos que cometió, pero desconfío de esos grupos políticos que se rasgan las vestiduras y son igual de corruptos y que también deben pedir disculpas por los excesos que se cometieron en la lucha contra el terrorismo. Eso es doble moral. Se debe combatir el indulto a Fujimori porque es una muestra de impunidad y eso no se puede permitir. El pícaro o el que comete delitos debe saber que tiene que cumplir su condena sí o sí. El caso Odebrech ha demostrado que los presidentes que siguieron a Fujimori eran igual de bribones y ojalá paguen por sus actos, al igual que lo hizo y debe seguir pagando Fujimori. La única forma de indultar a este es por motivos humanitarios (debido a su grave estado de salud), pero por lo que se aprecia (a pesar de que se nota su deterioro físico) Fujimori no está tan grave como se quiere mostrar. Al menos eso parece. Aunque desconfío de los medios de comunicación.
Tiempo después, en el Informe de la Comisión de la Verdad (que también se utiliza para condenar el gobierno de Fujimori), encontré, en un cuadro estadístico, que el mayor número de muertes, por parte del Estado peruano, durante el conflicto armado, fueron durante los gobiernos de Fernando Belaúnde y Alan García. Sobre todo, el mayor número de delitos de lesa humanidad ocurrieron en el gobierno de Belaúnde. Me pregunté: ¿y por qué ellos no fueron también condenados?
En el 2017, con el caso de mega corrupción de Odebrech, se demostró que esos políticos que gobernaron después de Fujimori tomando la bandera de la lucha contra la corrupción, eran unos pícaros corruptos. Se comprobó que eran de la misma calaña que el condenado presidente. ¿Con qué moral podían criticar y condenar al gobierno corrupto de Fujimori?
Hace un par de semanas, leí, en Muerte en el Pentagonito, de Uceda, que en el caso del asesinato de los alumnos de la universidad La Cantuta, la orden que había recibido el jefe del grupo extramilitar Colina, Martín Rivas, por parte de su superior, era capturar a estos estudiantes que -según el trabajo de inteligencia del Ejército- eran senderistas que habían estado implicados en el reciente atentado terrorista de Tarata en 1992. Sin embargo, Rivas, desobedeciendo o haciendo caso omiso, terminó matando, incinerando y enterrando a los presuntos terroristas...Personalmente, yo creía que se trataba de gente inocente. Aunque es evidente que eso no justifica la manera en que murieron y que luego Fujimori haya amnistiado al Grupo Colina. En todo caso, tiene responsabilidad política.
Por todo lo anterior, yo opino que Fujimori debe cumplir su condena por los delitos que cometió, pero desconfío de esos grupos políticos que se rasgan las vestiduras y son igual de corruptos y que también deben pedir disculpas por los excesos que se cometieron en la lucha contra el terrorismo. Eso es doble moral. Se debe combatir el indulto a Fujimori porque es una muestra de impunidad y eso no se puede permitir. El pícaro o el que comete delitos debe saber que tiene que cumplir su condena sí o sí. El caso Odebrech ha demostrado que los presidentes que siguieron a Fujimori eran igual de bribones y ojalá paguen por sus actos, al igual que lo hizo y debe seguir pagando Fujimori. La única forma de indultar a este es por motivos humanitarios (debido a su grave estado de salud), pero por lo que se aprecia (a pesar de que se nota su deterioro físico) Fujimori no está tan grave como se quiere mostrar. Al menos eso parece. Aunque desconfío de los medios de comunicación.
jueves, 28 de diciembre de 2017
La joven Dolores
La joven Dolores es el sexto albúm de la cantautora española Christina Rosenvinge (sí, la de Christina y Los Subterráneos). Verdaderamente es una joyita, es hermosísimo. Christina sonó mucho en Lima en 1994 con sus discos Que me parta un rayo (1992) y Mi pequeño animal (94). En esos discos habían hits como "Mil pedazos", "Pulgas en el corazón" "Tú por mí", "Voy en coche", "Pálido", etc. A partir de ahí, Christina empieza a hacer música más personal y se aleja de los circuitos comerciales (y por ende, de las radios). Tal es así que luego de su disco Cerrado (1997), y tras no renovar con la discográfica Warner, viaja a Nueva York y radica ahí de 1999 al 2003. En los siguientes años, graba tres discos en inglés: Frozen pool (2001), Foreign Land (2002), Continental 62 (2006). En el 2008, vuelve a grabar en español y publica su bonito disco Tu labio superior, en el cual destacan canciones como "La distancia adecuada", "Tu boca", "Eclipse". Pero es sobre todo su siguiente disco el que me parece realmente una obra de arte: La joven Dolores. Todas las canciones me parecen hermosas. La primera, "Canción de Eco" es un homenaje al mito de Narciso y Eco. "Eva enamorada" y "Mi vida bajo el agua" no desentonan y destacan por sus bellas melodías. "Weekend" y "La idiota en mi (mayor)" son el punto más alto del disco aunque sin opacar al resto. Cada canción tiene no solo buenas melodías, sino también excelentes letras de aliento poético a pesar de su aparente sencillez. "Jorge y yo", "Tu sombra", "Nuestra casa", "La noche del incendio", "Desierto", "Debut" y Un hombre muy formal" son claro ejemplo de aquello. No es casualidad que la revista Rolling Stone -según Wikipedia- califique al disco como una "obra maestra".
En una entrevista que dio Christina, hace un tiempo, señaló que en su época de éxito comercial, algunos productores quisieron convertirla en una especia de Shakira. Ella se rehusó a eso y por eso salió de Warner y empezó a hacer música más personal, más íntima, aquella que le nacía del corazón. Su disco La joven Dolores muestra que su apuesta realmente valió la pena. ¡Es purito arte!
Aquí el enlace para escuchar el disco:
https://www.youtube.com/watch?v=AJ2iP_0ECac
En una entrevista que dio Christina, hace un tiempo, señaló que en su época de éxito comercial, algunos productores quisieron convertirla en una especia de Shakira. Ella se rehusó a eso y por eso salió de Warner y empezó a hacer música más personal, más íntima, aquella que le nacía del corazón. Su disco La joven Dolores muestra que su apuesta realmente valió la pena. ¡Es purito arte!
Aquí el enlace para escuchar el disco:
https://www.youtube.com/watch?v=AJ2iP_0ECac
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