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viernes, 24 de septiembre de 2010

Reflexiones entre molinos de viento


“Reflexiones entre molinos de viento” es un libro del periodista peruano Francisco Igartua (1923-2004), quien fundó y dirigió revistas tan importantes como Caretas y Oiga. En dicho libro de 1997, Igartua pasa revista, a través del ensayo y la crónica, a temas y personajes que abordó durante su larga e intensa carrera periodística. Por ejemplo, encontramos artículos muy interesantes sobre Miguel de Unamuno (uno de sus grandes referentes), el periodista peruano Federico More, José Carlos Mariátegui, Esparza Zañartu, el historiador Raúl Porras Barrenechea, los periodistas Pedro Beltrán y Guillermo Hoyos Osores, entre otros; además, de ensayos sobre temas de coyuntura política en cierto momento de la historia del Perú y que aún tienen vigencia pues los problemas son los mismos y siempre se repiten: la libertad de prensa, la democracia, el respeto a la ley, asimismo el fracaso del gobierno de Juan Velasco Alvarado, la debacle de los partidos políticos y el evidente autoritarismo durante el gobierno de Alberto Fujimori.

Es cierto que Paco Igartua no era infalible y también se equivocó muchas veces (él mismo lo acepta), pero es evidente reconocer y admirar en este periodista la defensa de sus convicciones y principios: defendió hasta el final (cuando en 1995, Oiga quebró debido a la fuerte presión fiscal y tributaria del gobierno de Fujimori) derechos tan fundamentales como la libertad de expresión, la búsqueda de un sistema donde exista igualdad y libertad (y por eso se opuso a los regímenes autoritarios) y a la construcción de una verdadera democracia en el Perú –que se resume en el respeto a la ley- que permita su desarrollo. Finalmente, hay que decir que Paco, como lo llamaban sus amigos, tenía una asombrosa capacidad para los análisis políticos y podía avizorar el futuro de un gobierno solo haciendo un exhaustivo análisis de sus acciones. Por si fuera poco, hay cierta belleza en su empleo del lenguaje, cierto afán de hacer literatura mediante la crónica política (no es casual que admire a Federico More por su prosa e ingenio) y creo que lo logra. Cuando uno lee a Igartua respira sabiduría, entereza moral y también belleza en las palabras.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Paco Igartua y Velasco


Francisco Igartua, director de la revista Oiga, apoyó al gobierno revolucionario de Juan Velasco Alvarado durante buena parte de su proceso. De 1968 a 1974, defendió a la revolución y sus medidas reformistas para cambiar el Perú: la reforma agraria, la recuperación de la Brea y Pariñas, la estatización de la banca, la formación de cooperativas para administrar las empresas, la nacionalización de un buen número de industrias del país, etc. Paco Igartua, como muchos peruanos en aquella época (60s y 70s) creía que este era el único camino para salir del subdesarrollo y eso se hizo evidente en la línea editorial de Oiga. Sin embargo, y como Paco era un hombre de convicciones pero no un incondicional, no solo destacó y apoyó lo que él creía eran los aciertos del gobierno revolucionario comandado por las Fuerzas Armadas, sino también lo criticó cuando vio errores y abusos. Igartua deseaba una revolución para el Perú, pero defendía abiertamente la libertad de prensa y, como seguidor de Unamuno, reclamaba que los políticos sean gente decente y con principios morales.

Sin embargo, el gobierno de Velasco, quien tenía buenas intenciones, pronto fue mostrando sus yerros y su incapacidad para la política económica: en 1974, la burocracia, que se había inflado exponencialmente, solo había llevado a malos manejos y a una gran corrupción; el manejo económico de los años anteriores nos estaba conduciendo a una gran crisis económica; la reforma agraria había empobrecido aun más a los campesinos; la censura a los medios opositores (Caretas fue silenciado en 1974 y en años anteriores también) era evidente; y los periódicos expropiados y otorgados a los trabajadores, solo había conducido a un periodismo servil. Todo esto condujo a que Oiga, encabezado por Igartua, a pesar de mantener su apoyo a Velasco, comenzó a criticarlo con más frecuencia. Esto hizo que el gobierno le pusiera trabas a su trabajo periodístico; hasta que en noviembre de 1974, luego de una fuerte crítica de Oiga a la política económica del gobierno, este lo censuró y le pidió que se rectificara. Francisco Igartua se negó a esto y poco después partió deportado a México. Solo en 1977, este volvería de su destierro.

En suma, uno puede criticarle a Igartua aquella toma de posición a favor del gobierno de Velasco, que por cierto era entendible en aquella época y de la cual participaron muchos peruanos como Vargas Llosa, pero lo que no se puede negar es que Paco fue leal a sus convicciones y cuando vio que aquel gobierno nos estaba conduciendo a la falta de libertad de prensa, dio un paso al costado y defendió aquella como siempre lo hizo en su vida.

viernes, 26 de febrero de 2010

Francisco (Paco) Igartua


Recuerdo haberme enamorado de los artículos políticos que escribía Paco Igartua para el diario Correo allá por los años 2002-2003. Los leía con sumo gusto e intuía o percibía su sabiduría. Recuerdo también haberlo entrevistado un par de veces para unos trabajos universitarios, y en aquellas charlas me obsequió dos libros: Siempre un extraño (de él mismo) y Andanzas (un libro de artículos del periodista Federico More, que Igartua había editado).

Recuerdo, además, que a inicios del 2004 falleció a la edad de 80 años. Pocos meses después, cuando acababa de terminar mi carrera de Comunicador y empezaba a practicar en el diario Perú 21, leí Siempre un extraño, y esto motivo, entre otros razones, que decidiera alejarme del periodismo y meterme a estudiar Literatura. Ya para entonces sabía que Paco Igartua no era solo un inteligente periodista, sino, además, uno de los más importantes periodistas que ha tenido el país. Él fue fundador y director de revistas tan importantes como Caretas y Oiga y ha contribuido bastante en la lucha por la libertad de prensa y la defensa del orden democrático.

Actualmente, tengo la oportunidad de leer sus editoriales de la revista Oiga, tanto de la época del fujimorismo (el cierre del Congreso en 1992) como del golpe de Velasco a Belaúnde (1968) y debo confesar que cada uno de sus editoriales está lleno de amor, coraje, valentía, inteligencia, fuerte y feroz crítica, respeto al adversario, calidez y estilo en su pluma, y mucha verdad de lo que es la historia de este país tan hermoso y jodido como es el Perú. Sería bueno hacer una recopilación de los editoriales de Igartua y ver en ellos parte de la historia del país y de nuestro periodismo.