Leí la novela El profesor, del irlandés Frank Mc Court (1930), gracias a una recomendación del escritor y educador Jorge Eslava en un texto periodístico de hace un par de años. Ganador del premio Pulitzer, por su novela autobiográfica Las cenizas de Ángela, Mc Court ingresó a la literatura con dicha novela recién a los 66 años. En el 2005, a los 75 años, publica El profesor, que es un homenaje a su carrera de docente, durante casi treinta años, en institutos (léase colegios) de Nueva York.
Narrada en un estilo ágil y ameno, la novela de Mc Court va cobrando vuelo conforme va avanzando la trama y se va centrando en sus dilemas como docente dentro del aula de clase. A veces hay flashbacks al pasado, a su pobre infancia en Irlanda o sus duros inicios como joven migrante en Nueva York; sin embargo, lo mejores momentos de la novela transcurren en aquellos salones en lo que tiene que lidiar con cientos de adolescentes y debe buscar la manera de entretenerlos y además enseñarles sus cursos: Lengua Inglesa y Creación Literaria. Hay pasajes que resultan conmovedores y muy motivadores (y que he incluido en posts anteriores) y, como toda carrera profesional, Mc Court nos cuenta sus buenos momentos, pero también aquellos en los que el desánimo y la crisis lo invadieron. Aquellos en que te cuestionas si eres realmente un buen profesor o sientes que de repente te falta el carácter o la pasión necesaria para llegar a los alumnos. Como él dice, tienes que buscar tu propio estilo, tu propia voz, y eso demanda tiempo y esfuerzo. Llama la atención, asimismo, sus poco convencionales estrategias de enseñanza. Por ejemplo, aquella en que los estudiantes, del curso de Lengua Inglesa, analizaron y leyeron recetas de comida y las acompañaron con melodías.
Mc Court no es un eximio escritor, pero hay que reconocer su manera ágil de narrar y su brillante uso de las elipsis. El valor de esta novela, El profesor, se basa sobre todo en su gran valor testimonial y motivador: un profesor anónimo, como muchos otros, que batalla a diario con miles de adolescentes, y que comparte sus pequeños triunfos y fracasos, sus convicciones y temores, en esta sacrificada y apasionante labor de la enseñanza. Recomendable.
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jueves, 27 de octubre de 2016
Diario de un profesor (38)
Extracto de la novela El profesor, de Frank Mc Court
"Una joven profesora suplente se sentó a mi lado en el comedor de profesores. Iba a emprender su carrera profesional como fija en setiembre, y me preguntó si podía darle algún consejo.
-Descubre qué es lo que te gusta, y céntrate en ello. A eso se reduce todo. Reconozco que no siempre me gustó enseñar. Estaba perdido. En el aula estás solo, un hombre o mujer ante cinco clases todos los días, cinco clases de adolescentes. Una unidad de energía contra ciento setenta y cinco unidades de energía, contra ciento setenta y cinco bombas de relojería, y tienes que buscarte modos de salvar la vida. Puede que te aprecien, incluso que te quieran, pero son jóvenes, y los jóvenes tienen el deber de expulsar de expulsar del planeta a los viejos. Sé que estoy exagerando, pero es como cuando sube un boxeador al ring o como cuando sale un torero al ruedo. Pueden dejarte k.o. o darte una cornada, y allí acabará tu carrera profesional en la enseñanza. Pero si aguantas, aprendes los trucos. Es difícil, pero tienes que ponerte cómodo en el aula. Tienes que ser egoísta. Las líneas aéreas te dicen que, si falta el oxígeno, lo primero que debes hacer es ponerte tu mascarilla, aunque tu instinto te mueva a salvar primero al niño
El aula es un lugar de gran dramatismo. Nunca sabes lo que has hecho para o por los centenares de alumnos que llegan y se van. Los ves salir del aula: soñadores, apagados, burlones, con admiración, sonrientes, desconcertados. Al cabo de unos años desarrollas unas antenas. Te das cuenta de si le has llegado o si los has hecho apartarse de ti. Es una química. Es psicología. Es instinto animal. Estás con los chicos y , mientras quieras ser profesor, no tienes escapatoria. No esperes ayuda de los que han huido del aula, de los de arriba. Están demasiado ocupados yendo a almorzar y absortos en pensamientos elevados. Estás solo con los chicos. Bien, suena ya el timbre. Nos vemos más tarde. Descubre qué es lo que te gusta, y céntrate en ello".
"Una joven profesora suplente se sentó a mi lado en el comedor de profesores. Iba a emprender su carrera profesional como fija en setiembre, y me preguntó si podía darle algún consejo.
-Descubre qué es lo que te gusta, y céntrate en ello. A eso se reduce todo. Reconozco que no siempre me gustó enseñar. Estaba perdido. En el aula estás solo, un hombre o mujer ante cinco clases todos los días, cinco clases de adolescentes. Una unidad de energía contra ciento setenta y cinco unidades de energía, contra ciento setenta y cinco bombas de relojería, y tienes que buscarte modos de salvar la vida. Puede que te aprecien, incluso que te quieran, pero son jóvenes, y los jóvenes tienen el deber de expulsar de expulsar del planeta a los viejos. Sé que estoy exagerando, pero es como cuando sube un boxeador al ring o como cuando sale un torero al ruedo. Pueden dejarte k.o. o darte una cornada, y allí acabará tu carrera profesional en la enseñanza. Pero si aguantas, aprendes los trucos. Es difícil, pero tienes que ponerte cómodo en el aula. Tienes que ser egoísta. Las líneas aéreas te dicen que, si falta el oxígeno, lo primero que debes hacer es ponerte tu mascarilla, aunque tu instinto te mueva a salvar primero al niño
El aula es un lugar de gran dramatismo. Nunca sabes lo que has hecho para o por los centenares de alumnos que llegan y se van. Los ves salir del aula: soñadores, apagados, burlones, con admiración, sonrientes, desconcertados. Al cabo de unos años desarrollas unas antenas. Te das cuenta de si le has llegado o si los has hecho apartarse de ti. Es una química. Es psicología. Es instinto animal. Estás con los chicos y , mientras quieras ser profesor, no tienes escapatoria. No esperes ayuda de los que han huido del aula, de los de arriba. Están demasiado ocupados yendo a almorzar y absortos en pensamientos elevados. Estás solo con los chicos. Bien, suena ya el timbre. Nos vemos más tarde. Descubre qué es lo que te gusta, y céntrate en ello".
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