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jueves, 21 de febrero de 2019

El inolvidable año de 1994

En el verano de 1994, las canciones que más sonaban en las radios limeñas eran "Otra como tú" (de Eros Ramazoti), "Me haces tanto bien" (del grupo español Amistades peligrosas), Desesperada (de la guapísima española Martha Sánchez), Said i love you but i lied (de Michael Bolton), Llámame (del español Jesús Vásquez, quien en 1993 había sonado bastante con "Y yo te besé"), "Cosmopolitan girl" (de Menudo), "Carol quiere un viaje a Londres (del grupo Río), entre otras. Ese año de 1994, en las radios limeñas, varios cantantes y grupos nuevos aparecieron y otros se consolidaron. Por ejemplo, en abril de ese inolvidable año aparecería un desconocido grupo llamado Radio Head con una canción titulada "Creep", que rápido se convirtió en un éxito. Una jovencita italiana, de 19 años, llamada Laura Pausini hizo también su aparición en la escena musical y se hizo conocida con canciones como "La soledad" y "Amores extraños". El grupo argentino Vilma Palma y Vampiros, que el año anterior había sonado con una par de temas, se consolidó en 1994 y sacó hits como "Auto rojo", "Mojada", "Me vuelvo loco por vos", entre otras. También, a mediados de año, "Mr Jones" de los Counting Crows captó la atención de los jóvenes y se escuchó con fuerza en las fiestas de colegio. En 1994, el ya conocido baladista canadiense Bryan Adams impuso tres nuevos éxitos en su dilatada carrera: "Please forgive me", "Have you ever really loved a woman" y "All for love" (al alimón con Rod Stewart y Sting). El mismo Sting, con su tema "The shape of my heart" (tema principal de la formidable película "El profesional", de Luc Besson, del mismo año, que muchos vimos en Función Estelar por canal 2) también se volvió una de las favoritas.

De los peruanos, Pedro Suárez Vértiz, con su primer disco solista (No existen) Técnicas para olvidar cosechó sus primeros éxitos ya alejado de Arena Hash: "Cuéntame", "Me elevé", "Si escuchas a un ángel" y "No pensé que era amor" se volvieron clásicos del rock peruano. Durante el mundial de fútbol USA 94, la canción que sonó con fuerza fue "Matador"del grupo argentino Los Fabulosos Cádilacs, encabezados por Vicentico. También sonó su tema "El león Santillán". En la segunda mitad de 1994, apareció la lindísima y talentosa española Christina Rosenvinge (de ascendencia nórdica) que lideraba un grupo llamado Christina y Los subterráneos. Sus canciones, de originales letras, "Mil pedazos", "Tú por mí", "Voy en coche" y "Pálido" la llevaron al estrellato. También la música techno, que no era tanto de mi agrado, se consolidó y tuvo bastantes seguidores en la juventud. En 1994, el grupo sueco Ace of Base se convirtió en un suceso a nivel internacional y aquí no fue la excepción: "All that she wants", "Happy nation" y "The sign" fueron sus temas principales. El mejicano Ricardo Arjona también consolidó su fama con canciones como "Señora de las cuatro décadas", " Te conozco" e "Historia de taxi" (para mí, el último un muy buen tema). A fines de año, apareció finalmente un grupo irlandés desconocido llamado "The Cranberries", liderado por Dolores O´Riordan, y tuvo dos grandes hits: "Zombie" y "Dreams". Seguro que me olvido de otros músicos más, pero estos son los que más recuerdo y, cada vez que los escucho, mi mente viaja -en un segundo- a aquel inolvidable año de 1994.



jueves, 30 de agosto de 2012

Andrés Calamaro


Normalmente, uno conoce a un artista, de manera superficial, a través de las 4 0 5 canciones que ha escuchado de este en la radio. Nuestros juicios de valor dependen de solo estás pocas canciones que las emisoras radiales se animan a pasar. Sin embargo, cuando uno profundiza en la carrera del artista, se da con la sorpresa que su mundo artístico es mucho más rico y complejo de lo que uno puede imaginar, ya sea para bien o para mal.

Eso es lo que ocurre con el músico argentino Andrés Calamaro (1961). De manera superficial, uno lo conoce por sus canciones “Mil horas”, “Mi enfermedad”, “Sin documentos”, “No se puede vivir del amor”, “Flaca”, “Cuando te conocí”, “Loco” y un par más. Y por estas uno concluye, de manera apresurada, que Calamaro es un músico regular que ha sacado un puñado de canciones buenas pero nada más. Sin embargo, nos equivocamos, al menos en parte. Porque es claro que el argentino no es Charly García o un genio mayor, pero sí es un músico más talentoso, creativo y arriesgado de lo que uno pudiera imaginar. Rastreando su larga carrera, se inició muy joven en los Abuelos de la Nada (a los 21 años), se percibe su evolución, su búsqueda  por experimentar otros sonidos, su etapa prolífica a fines de los 90 y su sequía artística en la última década.
Lo que más conmueve en Calamaro, luego de reinventarse con la banda Los Rodríguez (1991-1995), es su época solista a finales de los 90s. En ese lapso publica tres discos que lo consolidarían: Alta suciedad (1997), Honestidad brutal (1999), El Salmón (2000). El penúltimo es un disco doble y el último un disco quíntuple. Y en estos discos encontramos varios  temas que hoy son clásicos. Me imagino a Calamaro  en esa época, todavía no llegaba a los 40, y me imagino que ya se sentía envejecer y estaba creando de una manera loca y furiosa, como si el tiempo se le escapara de las manos, como si la vida se le fuera en el intento. Quería hacer canciones, hacer arte, crear, sin pensar en límites o si estuviese cometiendo excesos, había que crear sí o sí, dejar constancia de su paso por esta vida, dejar su huella, sus canciones, su voz ronca deslizándose en suaves o furiosas melodías, y que la gente, en unos años, recuerden y canten sus canciones, y repitan su nombre y su leyenda. Y así lo hizo y así lo recordamos. No es un genio, es cierto, pero es un buen músico que estará siempre presente.        
http://www.youtube.com/watch?v=zIWhzLN8e4E

viernes, 16 de abril de 2010

El arte

¿Qué sería de nuestras cojudas, chatas e insípidas vidas si no hubiera arte? ¿qué sería de nuestras aburridas vidas sin música, literatura, cine, pintura, etc.? ¿A cuánto aumentaría la tasa de suicidios si la gente no tuviera arte para, por algunos minutos de su vida, poder evadirse del mundo y escapar de la realidad? Y es que la vida es tan opuesta a nuestros sueños, la realidad es tan cojuda, insípida e injusta, que necesitamos del arte para poder escapar a un mundo más acorde con nuestros sueños y fantasías. ¿Qué sería, pues, de mi vida sin Vargas Llosa, sin Hesse, sin Dostoievski, sin Ribeyro, sin Charly García, sin Beatles, sin Valdelomar, sin Tolstoi, sin Milos Forman, y tantos otros? Debería agradecerles a todos ellos por haberme alegrado la vida con su arte, por hacerme a mí, y a muchas otras personas, más llevadera y tolerable la existencia, y por enseñarme que a pesar de lo mierda que pueda ser muchas veces la vida, hay también mucha belleza y eso hace que valga la pena vivir.