En segundo de media, leí el cuento "El potro salvaje" del uruguayo Horacio Quiroga. Y se me quedó grabada para siempre la historia de aquel caballo que cuando joven su máxima pasión era correr como el viento. Era un placer para él que la gente lo vea correr y entregarlo todo, a pesar de que solo recibía un poco de pasto de recompensa. Sin embargo, con los años, ya adulto y exitoso, el potro pierde esa pasión y, aunque mantiene su velocidad, ya no se entrega como antes y reserva sus energías...Hoy me acordé de este cuento, porque a muchos (y de repente a mí) les pasa o les puede pasar lo que le ocurrió al protagonista de este hermoso cuento. En mi caso, también siento que en mi oficio (la docencia) poco a poco voy perdiendo la pasión inicial y me pregunto si terminaré como el potro salvaje. O por el contrario, consciente de mi pérdida de pasión, buscaré la forma de volverla a encontrar y, hasta el último día que me dedique a enseñar, entregaré lo mejor de mí incluso sabiendo que aunque algunos no reconozcan mi esfuerzo, yo estoy entregando mi vida. Creo que ahí está la clave de la historia de Quiroga: en no perder la pasión o en volverla a encontrar.
Comparto el enlace con el cuento:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/quiroga/el_potro_salvaje.htm
viernes, 3 de octubre de 2014
lunes, 29 de septiembre de 2014
La fiesta del Chivo
Novela publicada en el 2000, “La fiesta del Chivo” es considerada como la mejor novela peruana de los últimos 20 años, según una reciente encuesta entre entendidos. Luego de leerla, no puedo más que alabar a su autor, Mario Vargas Llosa, por su ambición y por plasmar una novela que seguramente pasará la barrera del tiempo, retratando de manera artística lo que significan las dictaduras y las consecuencias negativas que trae, siempre, para un país y para la gente en materia de derechos humanos y libertad. No es casual, también, que Vargas Llosa escribiera y publicara este libro en la época que en el Perú se vivía el gobierno autocrático de Alberto Fujimori, quien por entonces se lanzaba a una segunda reelección y que controlaba las instituciones.
“La fiesta del Chivo” retrata la dictadura sangrienta y prepotente de Rafael Leonidas Trujillo, quien gobernó República Dominicana entre 1930 y 1961. Trujillo era una suerte de Dios humano que todo lo que él decía se cumplía sin murmuraciones. Tal fue su poder que la capital (hoy Santo Domingo) llevaba el nombre de Ciudad Trujillo. Además, durante su gobierno (que terminó con su asesinato por un grupo de rebeldes), se cometieron innumerables asesinatos y desapariciones; e incluso se acostaba con las mujeres de sus subalternos, sin que estos hicieran nada al respecto.
La novela está magistralmente estructurada y narrada. Comienza con 3 narradores que se van intercalando capítulo a capítulo: Urania Cabral, hija del Presidente del Senado, quien fue violada por Trujillo y que regresa a República Dominicana 35 años después; el grupo de rebeldes que está a punto de emboscar y asesinar a Trujillo; y el mismo Trujillo en sus últimos días de vida. En la parte final, luego del asesinato de Trujillo, la historia desarrolla lo que ocurre después de su muerte (una persecución contra los asesinos e implicados en el golpe y la vuelta a la democracia y la amnistía para los sobrevivientes) y concluye con la historia de Urania Cabral narrando la pesadilla que le tocó vivir de niña a manos de Trujillo.
En conclusión, este libro es un claro ejemplo de que Vargas Llosa, contra lo que muchos piensan, no solo escribió sus mejores novelas al inicio de su carrera, sino que en el 2000 publicó otra excelente obra que está a la altura de aquellas y estoy seguro formará parte de sus novelas imprescindibles.
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jueves, 11 de septiembre de 2014
Jennifer Capriati
Crecí escuchando los nombres de mujeres tenistas como Steffi Graf, Martina Navralatinova, Gabriela Sabatini, Arantxa Sánchez, etc. En 1990, irrumpió una adolescente estadounidense de 13 años, Jennifer Capriati (1976), que fue catalogada como una niña prodigio y que se avizoraba como la futura número 1 en reemplazo de la invencible alemana Steffi Graff. Tanto así que en sus primer año como profesional ya había alcanzado una semifinal en el Roland Garros y estaba en el top 10. En 1991 y 1992, obtuvo también buenos resultados: semifinales en Wimbledon y US Open, en 1991; y medalla de oro en las Olimpiadas de Barcelona 1992. Se esperaba, en los próximos años, su consolidación.
Sin embargo, en 1993 tuvo un bajón en su juego y durante 1994 y 1995 se retiró del circuito para estudiar en la Universidad. En ese lapso de tiempo se vio implicado en problemas de drogas y robo. En 1996, con 20 años, retorna al circuito, pero está muy lejos de su nivel y cae en primera ronda en todos los Grand Slams en los que participa. Igual ocurre en 1997 y 1998. Ya para entonces, nadie daba un peso por la otrora niña prodigio del tenis. Ni siquiera sus seguidores. Se pensaba que Jennifer Capriati era un claro ejemplo de esas deportistas que surgieron como grandes promesas, pero que quedaron solo en eso: en una promesa.
En 1999 y 2000 mejoró su juego, aunque todavía estaba lejos de sus inicios. Consiguió cuartas rondas en algunos Slams y una semifinal en el Abierto de Australia en el 2000. Hasta que vino el milagro. Hasta que ocurrió lo que nadie se esperaba. Jennifer Capriati, en el 2001, hizo una temporada fenomenal que la llevó al número 1 del ránking. En ese inolvidable año ganó los abiertos de Australia y el Roland Garros, además de semifinales en Wimbledon y Abierto de Estados Unidos. En el 20012, también comenzó de manera brillante, obteniendo por segunda vez el abierto de Australia y llegando a la semifinal en el Roland Garros y luego a cuartos de final en los dos torneos restantes. Jennifer jugó dos años más obteniendo buenos resultados: tres semifinales y cuatro cuartos de final y se retiró en el 2004.
En el 2012, según Wikipedia, ingresó al Salón de la Fama del Tenis por su brillante carrera deportiva.
Concluyendo, Capriati resulta un ejemplo para todos, porque demostró, cuando nadie daba un cobre por ella, que el poder mental y el trabajo disciplinado pueden dar frutos. Y que depende de uno salir adelante. Capriati, en esos años perdidos, me imagino que dudó de su talento, de su capacidad, estaba llena de problemas que no la dejaban estar tranquila para poder jugar, hasta que un día hastiada de aquello, comenzó a trabajar, a trabajar, a buscar su esencia que había perdido (esa niña que jugaba al tenis con amor y en el cual el tenis era su vida). Y finalmente, lo consiguió.
Sin embargo, en 1993 tuvo un bajón en su juego y durante 1994 y 1995 se retiró del circuito para estudiar en la Universidad. En ese lapso de tiempo se vio implicado en problemas de drogas y robo. En 1996, con 20 años, retorna al circuito, pero está muy lejos de su nivel y cae en primera ronda en todos los Grand Slams en los que participa. Igual ocurre en 1997 y 1998. Ya para entonces, nadie daba un peso por la otrora niña prodigio del tenis. Ni siquiera sus seguidores. Se pensaba que Jennifer Capriati era un claro ejemplo de esas deportistas que surgieron como grandes promesas, pero que quedaron solo en eso: en una promesa.
En 1999 y 2000 mejoró su juego, aunque todavía estaba lejos de sus inicios. Consiguió cuartas rondas en algunos Slams y una semifinal en el Abierto de Australia en el 2000. Hasta que vino el milagro. Hasta que ocurrió lo que nadie se esperaba. Jennifer Capriati, en el 2001, hizo una temporada fenomenal que la llevó al número 1 del ránking. En ese inolvidable año ganó los abiertos de Australia y el Roland Garros, además de semifinales en Wimbledon y Abierto de Estados Unidos. En el 20012, también comenzó de manera brillante, obteniendo por segunda vez el abierto de Australia y llegando a la semifinal en el Roland Garros y luego a cuartos de final en los dos torneos restantes. Jennifer jugó dos años más obteniendo buenos resultados: tres semifinales y cuatro cuartos de final y se retiró en el 2004.
En el 2012, según Wikipedia, ingresó al Salón de la Fama del Tenis por su brillante carrera deportiva.
Concluyendo, Capriati resulta un ejemplo para todos, porque demostró, cuando nadie daba un cobre por ella, que el poder mental y el trabajo disciplinado pueden dar frutos. Y que depende de uno salir adelante. Capriati, en esos años perdidos, me imagino que dudó de su talento, de su capacidad, estaba llena de problemas que no la dejaban estar tranquila para poder jugar, hasta que un día hastiada de aquello, comenzó a trabajar, a trabajar, a buscar su esencia que había perdido (esa niña que jugaba al tenis con amor y en el cual el tenis era su vida). Y finalmente, lo consiguió.
sábado, 23 de agosto de 2014
Lucy
Luc Besson (1959), el director francés, vuelve con fuerza con “Lucy” (2014), su nueva película, de ciencia ficción, protagonizada por la guapa Scarlett Johansson y Morgan Freeman. Veinte años después del estreno de la inolvidable “El profesional”, y luego de una película regularona, “Mala vita” (2013), que hacía pensar que su nivel creativo iba en descenso, Besson nos vuelve a demostrar que su genio sigue intacto. La prueba contundente de esto es “Lucy”, película que exuda talento y genio por todos lados y que en su primera semana de estreno en Estados Unidos y Canadá ha sido un éxito de taquilla y de crítica.
La historia comienza como una clásica historia de Besson
sobre drogas y mafiosos, en la cual Lucy –interpretada magistralmente por
Johansson– es obligada a hacer de burrier por unos mafiosos chinos. Sin
embargo, esta sufre un percance y tras una paliza, la droga, que es una droga
nueva y muy poderosa, y que está dentro de su cuerpo, se esparce y hace que
desarrolle habilidades y poderes sobrenaturales que se van incrementando cada
vez más. Con la ayuda de estos poderes, trata de cobrar venganza y encontrarle
un sentido a su vida sabiendo que no le queda mucho tiempo. Como en las películas de Besson, quien es
guionista y director, este argumento podría parecer intrascendente, sin embargo el genio del director francés hace
que esta cinta brille y uno como espectador quede perplejo de tanta belleza
visual que arroja el inmenso ecran.
Porque en Besson, si hay una lección que nos deja, es que en el arte
cualquier tema es bueno y que lo más importante no es tanto lo que cuentas,
sino sobre todo cómo lo cuentas. Y es ahí cuando Besson hace arte sublime. Una
película de acción, de drogas, de disparos, de sangre, se vuelve en una puesta
en escena que maravilla. Otra cosa más, Besson aquí vuelve a apostar por un
personaje femenino como protagonista
(recordemos a Nikita, Matilda, Mila Jovovich en “El quinto elemento” y en
“Juana de Arco”) y vaya que crea otro personaje de antología, rico, llenos de matices, fuerte y a la vez vulnerable.
A los que hemos seguido parte de la carrera de Besson, nos
alegra mucho esta nueva película. Sabemos que se convertirá en un nuevo clásico
del cine y en una cinta que enriquecerá su ya inolvidable obra. Solo me queda
destacar que celebramos su gran regreso, que aún esperamos más de él (ver si
nos puede seguir regalando su talento con otras historias) y resaltar que con
el peso de los años, lo siguen acompañando sus fieles compinches de varias y
espléndidas batallas: Eric Serra (en la
música) y Thierry Arbogast (en la fotografía). ¡Gracias, Luc!
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martes, 29 de julio de 2014
Introducción (o lo que pudo ser una introducción)
Hace poco más de un año escribí una introducción para el libro que estoy escribiendo. Ayer la releí y sentí que estaba de más, que no era necesario incluir una presentación, proemio e introducción en un libro. Mejor es que el libro se defienda solito. Pero para que no quede en el olvido, incluyo esto que pudo ser una introducción y no fue:
***
***
Escribo
esto a mitad del libro, y lo hago porque tengo una pena en el corazón. Hace
tres meses conocí a una cuzqueña linda en una discoteca. Primera vez que
conocía a alguien en serio en una discoteca, donde lo normal es tener solo
aventuras. Hicimos química de inmediato y salimos una vez junto con sus amigas.
No miento, fue una de las salidas más bonitas que tuve en mi vida. Pensé: yo
quiero una chica así. Y ese día, no pude contener mis ganas, le dije que me
parecía linda y que quería conocerla. Ella aceptó y acordamos salir para
conocernos. Pero su trabajo y falta de tiempo impidió que esto ocurriera un par
de veces. Sin embargo, conforme las semanas pasaban, ella comenzó a poner
excusas cada vez más inverosímiles y comencé a sospechar que su interés estaba
disminuyendo. Me esforcé entonces por hacer méritos para salir con ella, pero
parece que no dio resultado. Hace tres semanas fue la última vez que hablamos
por teléfono y le confesé nuevamente mi gran interés, pero ella se excuso
diciendo que estaba ocupada, que acababa de salir de una relación y que me veía
como amigo. Y yo ahora, a pesar de mantener ese gran interés, he tenido que
hacer de tripas corazón y no he vuelto a insistirle. En estas semanas no la he
llamado, a pesar que ganas no me han faltado. Y esta sensación de vacío, pena,
nostalgia por algo que pudo ser y parece que no será, me deja apenado. Sin
embargo, viéndolo desde un plano más amplio y optimista, pienso que sí me sirve
de repente no para escribir una historia de ella (porque faltó que sucedieran
más cosas), pero sí para dar pie a este libro, para recoger emociones que me
hicieron recordar historias pasadas, para recordar que a pesar de la evidente
pena, esta pasa y la alegría y la sonrisa vuelven a aparecer. Me gustaría
pensar que la historia con esa chica (la cuzqueñita) va a acabar en una final
feliz, en un final a lo Charles Chaplin en Tiempos
modernos o La quimera de oro,
pero eso es incierto. Sin embargo, el tiempo pasa y lo más importante, a pesar
de las derrotas amorosas y que a veces nos provoque llorar, es mantener la
sonrisa, el optimismo. Sí, eso es, mantener la sonrisa, el optimismo y pensar
que eso que sueñas pasará.
sábado, 19 de julio de 2014
Necesario pero no suficiente
“Necesario, pero no suficiente” (2000) es una “novela empresarial” de Eliyahu M. Goldratt, autor de bestsellers como “La meta”, “No es cuestión de suerte”, “Cadena crítica”. Lo leí por motivos de trabajo y porque lo encontré de casualidad sobre el escritorio de mi hermano: me llamó la atención que tenía el rótulo de “novela empresarial” y como nunca había leído algo similar me embarqué en la aventura.
La novela gira sobre una empresa de software, a finales de
los 90s, que ha llegado a su techo, o cree haberlo llegado, y tiene que buscar
ampliar su mercado para no estancarse y seguir creciendo con las altas tasas de
los últimos años. La historia empieza bien y se centra en el director de la
empresa -el brillante y ambicioso Scott-
y sus más cercanos colaboradores (Maggie, Lenny, Gail); poco a poco vamos conociendo los nuevos retos que se le
impone a la empresa de software en el mercado. Narrada de manera ágil y con
cuidado del lenguaje (al menos en la primera parte) la historia fluye muy bien
hasta la mitad o poco más (el libro tiene 259 páginas), pero en la última parte
la novela se vuelve demasiado técnica y didáctica con el fin de que el autor
explique a fondo su Teoría de las Limitaciones (TOC) y soluciones que competen
solo a personas que trabajan en plantas, almacenes y tienen que lidiar con existencias
y stocks. Lo que queda claro luego de leer
esta novela es que una empresa de software (u otra cualquiera) siempre debe
estar innovando y buscando reinventarse, ya que es la única forma de seguir
creciendo. E incluso cuando crees que ya estás llegando a tu techo, siempre
falta bastante, solo es cuestión de ampliar la perspectiva y ser buen
observador de lo que ocurre alrededor.
En suma, esta novela inicia bien, pero luego se vuelve
demasiado didáctica y técnica y se presta solo para que el autor explique su
Teoría de las Limitaciones, que puede interesar a cualquier empresario o gente
vinculada al ramo.
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domingo, 13 de julio de 2014
Mundial de fútbol Brasil 2014
Recuerdo la frase de Albert Camus de que “el fútbol es como
la vida”. Lo comprobé o lo verifiqué con certeza luego de ver el Mundial del
Brasil 2014, en el cual Alemania se llevó la copa derrotando al equipo argentino
(1 a 0). Y sí, el fútbol es como la vida porque en un partido se ve lo mejor y
lo peor del ser humano, se ven escenas conmovedoras, de juego limpio, de
hermandad, de valentía, de trabajo en equipo, de ganas de dejar lo mejor de uno
mismo; pero también se ven faltas certeras y de mala entraña, partidos para el
olvido y la sensación de que se trata de un deporte primitivo carente de
mística.
Pero luego de ver el mundial, y ver cómo cayeron selecciones
favoritas como España o Brasil, se entiende que es como la vida. Porque incluso
los grandes caen, tienen días pésimos en que la derrota los envuelve, pero eso
sirve, finalmente, para reflexionar, levantarse y seguir adelante. Brasil,
luego de este par de calamitosas derrotas, sabrá, estoy seguro, recuperar la
humildad y trabajar en silencio para recuperar el sitial que ostentan: ser la
potencia mundial en fútbol.
Alemania, por su parte demostró, regularidad en su fútbol,
en su sistema, en una apuesta por un trabajo a largo plazo que dio frutos en
este mundial. En Sudáfrica 2010, quedaron terceros, con un equipo de
jovencitos, y ya se perfilaba como favorita para este mundial. Argentina, por
su parte, mejoró de manera notable y si no ganó el Mundial fue por suerte o
porque su máxima figura, Lionel Messi, no estuvo en su mejor noche. La vida le
sabrá dar una revancha.
Esto también se traslada a equipos como Costa Rica que dio
la sorpresa quedando primero en su grupo derrotando a grandes selecciones como
Italia y Uruguay. Esto fue un ejemplo de que trabajando serio y con un trabajo
de mentalidad se puede llegar lejos.
Lo mismo ocurre con los jugadores. Hubo grandes jugadores
que tuvieron opacas actuaciones, es el caso de Cristiano Ronaldo. Messi tuvo
una regular participación, aunque fue figura indiscutible en la primera parte
del torneo. El holandés Robben demostró ser un gran jugador y estoy seguro pasó
a la historia del fútbol y quedó en la memoria de muchos niños que vieron por primera vez un mundial.
Con qué gusto jugaba el condenado pelado. Parecía un chiquillo de colegio que
sale al recreo dispuesto a divertirse con la pelota. Parecía como quisiera
pasar a la historia y dejar la última gota.
En suma, muchas postales para el recuerdo nos dejó este
mundial, incluido la mordida que le propinó el uruguayo Luisito Suárez al
defensa italiano, pero sobre todo nos hizo o me hizo entender a cabalidad esa
sentencia del escritor y filósofo francés Albert Camus: “La vida es como el
fútbol”. Sin lugar a dudas.
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