Tiempos recios (2019) es la última novela del premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa. En esta historia el escritor peruano aborda, principalmente, el golpe de Estado que sufrió el presidente de Guatemala, Jacobo Árbenz, en 1954, a manos del militar Carlos Castillo Armas, apodado "Cara de Hacha", con el apoyo de los Estados Unidos y la CIA. Con ese fin se creó la excusa o "la mentira que pasó por verdad" de que Árbenz era un presidente que estaba alentando la entrada del comunismo soviético en América. Cuando, por el contrario, fue un gobernante que quiso implantar un gobierno democrático, pero que acabara con la discriminación e injusticias contra la gran mayoría de gente nativa de su país. Con ese fin, implantó algunas medidas impopulares y que eran vistas como "comunistas": la reforma agraria de las tierras ociosas (sin trabajar), apoyo a la formación de sindicatos de trabajadores, implantación del pago de impuestos para empresas extranjeras, como la United Fruit, etc.
Vargas Llosa cuenta la historia desde la perspectiva de distintos personajes, con continuos saltos en el tiempo, para ofrecer un mosaico más amplio de lo ocurrido. Por ejemplo, narra también la llegada al poder del golpista Carlos Castillo Armas, cómo este comienza a perder el apoyo de los Estados Unidos, y finalmente termina siendo asesinado en 1957. Otro personaje importante es Marta Borrero Parra, la amante de Carlos Castillo Armas, y quien, tras la muerte de "Cara de Hacha", termina huyendo a República Dominicana, con la ayuda de Johnny Abbes, jefe del servicio de Inteligencia del dictador dominicano Rafael Trujillo. Precisamente, Johnny Abbes es otro de los personajes fundamentales de la historia, ya que está detrás del asesinato de Carlos Castillo Armas, quien no había correspondido a los favores que recibió de Trujillo para derrocar a Árbenz.
La novela del escritor peruano se lee de manera ágil, a través de capítulos cortos. Salvo uno de los capítulos iniciales, que es algo denso en información histórica y se lee como un reportaje periodístico, la historia sobre los juegos turbios en la política guatemalteca (y americana) toma vuelo en el transcurso. Luego esta historia se conecta, a través del personaje de Johnny Abbes, con la novela La fiesta del Chivo (2000), que gira sobre la longeva dictadura del presidente de República Dominicana, Rafael Leonidas Trujillo. En el capítulo final, tal como en la novela Historia de Mayta, la ficción histórica se mezcla con la realidad. En este epílogo, el narrador es el mismo Vargas Llosa, quien entrevista a una anciana Marta Borrero, que confirma, desmiente o evita comentar varios de los hechos narrados en la novela. Y a partir de este encuentro, lanza a manera de ensayo una conclusión sobre la trascendencia negativa que tuvo el derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Árbenz para América Latina.
En conclusión, Tiempo recios no está a la altura de las grandes novelas de Vargas Llosa, sin embargo, es una novela que reviste interés y resulta entretenida. Aquí el premio Nobel realiza una severa crítica a los Estados Unidos y su doble discurso sobre "democracia". Además, ahonda en un hecho histórico ocurrido en un pequeño y poco conocido país centroamericano (Guatemala) que causaría un gran impacto en nuestro continente.
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martes, 17 de marzo de 2020
martes, 9 de julio de 2019
Pantaleón y las visitadoras
Pantaleón y las visitadoras (1973) es la cuarta novela del premio nobel peruano Mario Vargas Llosa. Tiene en su haber varias reediciones. En 1999, el cineasta peruano Francisco Lombardi filmó una película basada en la novela y fue un éxito de taquilla. Actualmente, en Lima, se presenta un musical del mismo nombre dirigida por un importante director de teatro y goza de gran audiencia. Soy personalmente gran admirador de la obra del escritor arequipeño; sin embargo, considero que Pantaleón y las visitadoras es una de sus obras menos logradas e incluso, quizás, la más fallida.
La novela es una sátira al Ejército peruano y a las instituciones castrenses del país a través de la figura del capitán Pantaleón Pantoja, un dedicado y eficiente oficial que recibe la orden de sus superiores de montar un secreto servicio de prostitutas para aplacar la ola de violaciones en Iquitos de los soldados peruanos a las lugareñas del lugar y, por ende, las denuncias de la población. Pantaleón Pantoja se traslada a la ciudad con su mujer Pochita y su madre Leonor, y recibe la orden de realizar su misión en la más estricta confidencialidad y actuando como un civil. Pantoja cumple de manera milimétrica su misión y crea un eficiente mecanismo de "visitadoras" que visita a las guarniciones más alejadas de la zona, en embarcaciones e incluso en un hidroavión, para satisfacer los apetitos carnales de los soldaditos peruanos. La ola de violaciones se aplaca, pero Pantoja crea un monstruoso mecanismo que se expande de 10 a 50 visitadoras; y esto crea las quejas de la población y autoridades que incluso solicitan que el servicio de visitadoras también se prolongue a los civiles y a los oficiales y suboficiales. La historia no acaba bien para Pantaleón Pantoja, ya que no solo sucumbe a los encantos de la Brasileña, sino también su matrimonio y su carrera militar parecen desmoronarse.
Aunque Pantaleón y las visitadoras es una sátira, la novela no llega a cautivar o despegar, ya que el humor no está bien desarrollado. Es decir, lamentablemente, Vargas Llosa, salvo escasos momentos, no llega a contar dicha historia con humor (sino que se siente un humor en gran parte seco y forzado). Pensé en un instante, incluso, que esta novela hubiera sido perfecta para Jaime Bayly, pues hubiera calzado perfectamente con la personalidad de este escritor. Es cierto que existen diversos tipos de sátira y que existen sátiras burlescas más jocosas que otras. Pero creo que en esta novela, la sátira burlesca que intentó Vargas Llosa no logró su cometido o, en todo caso, desde mi punto de vista, lo burlesco o jocoso casi no se nota o, en general, se siente forzado. Asimismo, buena parte de la novela está escrita en base a informes, reportes, oficios militares y notas periodísticas; y pese a que Vargas Llosa quiere demostrar versatilidad en el uso de diversos recursos estilísticos, la historia se torna aburrida y parece no avanzar. Además, dicha correspondencia militar no causa ese efecto jocoso que el autor busca y, por ende, la historia se torna sosa.
Finalmente, sentí, por primera vez en una novela de Vargas Llosa, cómo la técnica podía interferir con la historia. Esos saltos de una historia a otra, a través de la técnica de los diálogos hiperbólicos, los sentí algo forzados y parecían romper con la línea narrativa.
Pese a eso, luego de sus primeras obras maestras (La ciudad y los perros, La Casa verde, Conversación en La Catedral, Los cachorros), hay que destacar que Vargas Llosa asumió riesgos, buscó nuevas fórmulas de contar una historia y reinventarse con esta novela Pantaleón y las visitadoras. Lamentablemente, desde mi opinión, falló en el intento.
La novela es una sátira al Ejército peruano y a las instituciones castrenses del país a través de la figura del capitán Pantaleón Pantoja, un dedicado y eficiente oficial que recibe la orden de sus superiores de montar un secreto servicio de prostitutas para aplacar la ola de violaciones en Iquitos de los soldados peruanos a las lugareñas del lugar y, por ende, las denuncias de la población. Pantaleón Pantoja se traslada a la ciudad con su mujer Pochita y su madre Leonor, y recibe la orden de realizar su misión en la más estricta confidencialidad y actuando como un civil. Pantoja cumple de manera milimétrica su misión y crea un eficiente mecanismo de "visitadoras" que visita a las guarniciones más alejadas de la zona, en embarcaciones e incluso en un hidroavión, para satisfacer los apetitos carnales de los soldaditos peruanos. La ola de violaciones se aplaca, pero Pantoja crea un monstruoso mecanismo que se expande de 10 a 50 visitadoras; y esto crea las quejas de la población y autoridades que incluso solicitan que el servicio de visitadoras también se prolongue a los civiles y a los oficiales y suboficiales. La historia no acaba bien para Pantaleón Pantoja, ya que no solo sucumbe a los encantos de la Brasileña, sino también su matrimonio y su carrera militar parecen desmoronarse.
Aunque Pantaleón y las visitadoras es una sátira, la novela no llega a cautivar o despegar, ya que el humor no está bien desarrollado. Es decir, lamentablemente, Vargas Llosa, salvo escasos momentos, no llega a contar dicha historia con humor (sino que se siente un humor en gran parte seco y forzado). Pensé en un instante, incluso, que esta novela hubiera sido perfecta para Jaime Bayly, pues hubiera calzado perfectamente con la personalidad de este escritor. Es cierto que existen diversos tipos de sátira y que existen sátiras burlescas más jocosas que otras. Pero creo que en esta novela, la sátira burlesca que intentó Vargas Llosa no logró su cometido o, en todo caso, desde mi punto de vista, lo burlesco o jocoso casi no se nota o, en general, se siente forzado. Asimismo, buena parte de la novela está escrita en base a informes, reportes, oficios militares y notas periodísticas; y pese a que Vargas Llosa quiere demostrar versatilidad en el uso de diversos recursos estilísticos, la historia se torna aburrida y parece no avanzar. Además, dicha correspondencia militar no causa ese efecto jocoso que el autor busca y, por ende, la historia se torna sosa.
Finalmente, sentí, por primera vez en una novela de Vargas Llosa, cómo la técnica podía interferir con la historia. Esos saltos de una historia a otra, a través de la técnica de los diálogos hiperbólicos, los sentí algo forzados y parecían romper con la línea narrativa.
Pese a eso, luego de sus primeras obras maestras (La ciudad y los perros, La Casa verde, Conversación en La Catedral, Los cachorros), hay que destacar que Vargas Llosa asumió riesgos, buscó nuevas fórmulas de contar una historia y reinventarse con esta novela Pantaleón y las visitadoras. Lamentablemente, desde mi opinión, falló en el intento.
martes, 5 de abril de 2016
Cinco esquinas
Cinco esquinas (2016) es la última novela de nuestro Premio Nobel Mario Vargas Llosa. Publicada hace un mes, antes de que el autor cumpla 80 años, ha recibido críticas diversas: algunos alabándola, otros censurándola. Personalmente, creo que es una novela menor de Vargas Llosa, pero a pesar de eso está por encima del promedio y resulta de interés.
La novela relata -tomando como telón de fondo la época del gobierno autoritario de Alberto Fujimori, en la década de los 90s- el chantaje (¿real? ¿ficticio? ¿real-ficticio?) que sufre el acaudalado ingeniero minero Enrique Cárdenas por parte de Rolando Garro, el inescrupuloso director de un semanario amarillo, Destapes, quien le exige dinero a cambio de no ventilar las fotos de aquel en una orgía. Cárdenas se niega a pagarle a Garro y éste se venga publicando las imágenes en su semanario. La novela cobra un giro radical con la inesperada muerte de Garro y el encierro en la cárcel del ingeniero Cárdenas. A partir de ahí, el peso de la novela consiste en saber quién mató a Garro y por qué.
Como muchos indican, incluso el mismo Vargas Llosa, el tema que "impregna toda la historia, es el periodismo, el periodismo amarillo". Y agrega el Nobel: "La dictadura de Fujimori utilizó el periodismo de escándalo como una arma política para desprestigiar y aniquilar moralmente a todos sus adversarios. Al mismo tiempo, también está la otra cara, cómo el periodismo, que puede ser algo vil y sucio, puede convertirse de pronto en un instrumento de liberación, de defensa moral y cívica de la sociedad. Esas dos caras del periodismo son uno de los temas centrales de Cinco esquinas". Y es cierto, estas dos facetas se reflejan bien en esta novela.
Cinco esquinas es una novela de poco más de 300 páginas compuesta de 22 pequeños capítulos, salvo el capítulo 20 (que es más extenso). Cada capítulo lleva un pequeño título. Personalmente, opino que este libro está relacionado o emparentado con la novela anterior: El héroe discreto. En ambas, Vargas Llosa renuncia a los grandes tecnicismos formales de la mayoría de sus novelas (salvo uno que otro momento) y se dedica a escribir historias sencillas y bien contadas sobre la sociedad peruana, con una prosa bien cuidada, pero que se vale de los diferentes registros del lenguaje. Es cierto, también, que es una novela menos ambiciosa, pero en su "simplicidad" esta novela está bien estructurada y bien escrita. Eso sí, la crítica al regimen de Fujimori y a su asesor Vladimiro Montesinos (el "Doctor") pierde peso y carece de la profundidad que adquiere en la brillante Conversación en la Catedral. Además, el otro tema de la historia (el erotismo), tiene momentos que están mejor logrados que otros, y la relación lésbica entre los personajes de Marisa y Chabela no llega a cuajar del todo; sin embargo, reconocemos, el riesgo asumido por Vargas Llosa en plantear una relación lésbica y cómo se adentra en el tema del deseo, de la carne (¡nadie pudiera pensar que el escribe sobre esos temas libidinosos apelando a la jerga y a las lisuras más fuertes, es un hombre de 80 años!).
Otro mérito de Vargas Llosa es que, a pesar de radicar hace muchos años en el extranjero, hace una buena radiografía de la sociedad peruana (en este caso, la limeña) y de sus diferente tipos de ciudadanos. Aquí representa de manera verosímil a personajes de clase alta (el ingeniero Enrique Cárdenas, el abogado Luciano Casasbellas y las esposas de ambos), como de la clase baja (la periodista Julieta Leguizamón "La Retaquita", Juan Peineta, etc.); además de describir muy bien aquel Centro de Lima donde se ubica el emblemático barrio de Cinco esquinas.
En síntesis, Cinco esquinas, a pesar de ser una novela menor de Vargas Llosa, es un libro de lectura amena, que está bien escrito y estructurado, y que refleja una época de nuestra historia que no debemos volver a repetir.
La novela relata -tomando como telón de fondo la época del gobierno autoritario de Alberto Fujimori, en la década de los 90s- el chantaje (¿real? ¿ficticio? ¿real-ficticio?) que sufre el acaudalado ingeniero minero Enrique Cárdenas por parte de Rolando Garro, el inescrupuloso director de un semanario amarillo, Destapes, quien le exige dinero a cambio de no ventilar las fotos de aquel en una orgía. Cárdenas se niega a pagarle a Garro y éste se venga publicando las imágenes en su semanario. La novela cobra un giro radical con la inesperada muerte de Garro y el encierro en la cárcel del ingeniero Cárdenas. A partir de ahí, el peso de la novela consiste en saber quién mató a Garro y por qué.
Como muchos indican, incluso el mismo Vargas Llosa, el tema que "impregna toda la historia, es el periodismo, el periodismo amarillo". Y agrega el Nobel: "La dictadura de Fujimori utilizó el periodismo de escándalo como una arma política para desprestigiar y aniquilar moralmente a todos sus adversarios. Al mismo tiempo, también está la otra cara, cómo el periodismo, que puede ser algo vil y sucio, puede convertirse de pronto en un instrumento de liberación, de defensa moral y cívica de la sociedad. Esas dos caras del periodismo son uno de los temas centrales de Cinco esquinas". Y es cierto, estas dos facetas se reflejan bien en esta novela.
Cinco esquinas es una novela de poco más de 300 páginas compuesta de 22 pequeños capítulos, salvo el capítulo 20 (que es más extenso). Cada capítulo lleva un pequeño título. Personalmente, opino que este libro está relacionado o emparentado con la novela anterior: El héroe discreto. En ambas, Vargas Llosa renuncia a los grandes tecnicismos formales de la mayoría de sus novelas (salvo uno que otro momento) y se dedica a escribir historias sencillas y bien contadas sobre la sociedad peruana, con una prosa bien cuidada, pero que se vale de los diferentes registros del lenguaje. Es cierto, también, que es una novela menos ambiciosa, pero en su "simplicidad" esta novela está bien estructurada y bien escrita. Eso sí, la crítica al regimen de Fujimori y a su asesor Vladimiro Montesinos (el "Doctor") pierde peso y carece de la profundidad que adquiere en la brillante Conversación en la Catedral. Además, el otro tema de la historia (el erotismo), tiene momentos que están mejor logrados que otros, y la relación lésbica entre los personajes de Marisa y Chabela no llega a cuajar del todo; sin embargo, reconocemos, el riesgo asumido por Vargas Llosa en plantear una relación lésbica y cómo se adentra en el tema del deseo, de la carne (¡nadie pudiera pensar que el escribe sobre esos temas libidinosos apelando a la jerga y a las lisuras más fuertes, es un hombre de 80 años!).
Otro mérito de Vargas Llosa es que, a pesar de radicar hace muchos años en el extranjero, hace una buena radiografía de la sociedad peruana (en este caso, la limeña) y de sus diferente tipos de ciudadanos. Aquí representa de manera verosímil a personajes de clase alta (el ingeniero Enrique Cárdenas, el abogado Luciano Casasbellas y las esposas de ambos), como de la clase baja (la periodista Julieta Leguizamón "La Retaquita", Juan Peineta, etc.); además de describir muy bien aquel Centro de Lima donde se ubica el emblemático barrio de Cinco esquinas.
En síntesis, Cinco esquinas, a pesar de ser una novela menor de Vargas Llosa, es un libro de lectura amena, que está bien escrito y estructurado, y que refleja una época de nuestra historia que no debemos volver a repetir.
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jueves, 23 de octubre de 2014
Borges y Maria Kodama
El cinco de octubre, en La República, apareció un excelente artículo de Mario Vargas Llosa sobre Jorge Luis Borges y el amor. Señala Vargas Llosa que Borges solo al final de su vida descubrió lo que era el amor correspondido gracias a María Kodama. Véase en la imagen, el viaje en globo de Borges con su joven pareja, y que sirvió de base para su libro Atlas. El genio argentino ya estaba ciego, pero eso no le impidió disfrutar sus últimos años.Muy recomendable. Copio el enlace para los interesados.
http://www.larepublica.pe/columnistas/piedra-de-toque/el-viaje-en-globo-05-10-2014
Fuente imagen: arquitrave.com
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lunes, 29 de septiembre de 2014
La fiesta del Chivo
Novela publicada en el 2000, “La fiesta del Chivo” es considerada como la mejor novela peruana de los últimos 20 años, según una reciente encuesta entre entendidos. Luego de leerla, no puedo más que alabar a su autor, Mario Vargas Llosa, por su ambición y por plasmar una novela que seguramente pasará la barrera del tiempo, retratando de manera artística lo que significan las dictaduras y las consecuencias negativas que trae, siempre, para un país y para la gente en materia de derechos humanos y libertad. No es casual, también, que Vargas Llosa escribiera y publicara este libro en la época que en el Perú se vivía el gobierno autocrático de Alberto Fujimori, quien por entonces se lanzaba a una segunda reelección y que controlaba las instituciones.
“La fiesta del Chivo” retrata la dictadura sangrienta y prepotente de Rafael Leonidas Trujillo, quien gobernó República Dominicana entre 1930 y 1961. Trujillo era una suerte de Dios humano que todo lo que él decía se cumplía sin murmuraciones. Tal fue su poder que la capital (hoy Santo Domingo) llevaba el nombre de Ciudad Trujillo. Además, durante su gobierno (que terminó con su asesinato por un grupo de rebeldes), se cometieron innumerables asesinatos y desapariciones; e incluso se acostaba con las mujeres de sus subalternos, sin que estos hicieran nada al respecto.
La novela está magistralmente estructurada y narrada. Comienza con 3 narradores que se van intercalando capítulo a capítulo: Urania Cabral, hija del Presidente del Senado, quien fue violada por Trujillo y que regresa a República Dominicana 35 años después; el grupo de rebeldes que está a punto de emboscar y asesinar a Trujillo; y el mismo Trujillo en sus últimos días de vida. En la parte final, luego del asesinato de Trujillo, la historia desarrolla lo que ocurre después de su muerte (una persecución contra los asesinos e implicados en el golpe y la vuelta a la democracia y la amnistía para los sobrevivientes) y concluye con la historia de Urania Cabral narrando la pesadilla que le tocó vivir de niña a manos de Trujillo.
En conclusión, este libro es un claro ejemplo de que Vargas Llosa, contra lo que muchos piensan, no solo escribió sus mejores novelas al inicio de su carrera, sino que en el 2000 publicó otra excelente obra que está a la altura de aquellas y estoy seguro formará parte de sus novelas imprescindibles.
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lunes, 30 de diciembre de 2013
El héroe discreto
El héroe discreto (2013) es la última novela del escritor
peruano Mario Vargas Llosa, Premio Nobel 2010. Aquí cuenta dos historias, que
en los últimos capítulos, se entrelazan: la primera, la del empresario piurano
Felícito Yanaqué, quien es extorsionado y se resiste a dicha extorsión porque
su padre le enseñó que nunca debía dejarse pisotear por nadie. La segunda, gira
alrededor del Ismael Carrera, un exitoso hombre de negocios, dueño de una
aseguradora en Lima, quien planea una venganza contra sus dos hijos, quienes
desean verlo muerto para cobrar su herencia.
Lo positivo de la novela es que es una novela ágil, sencilla, bien escrita, entretenida. Vargas Llosa atrapa rápidamente el interés con las historias de estos dos personajes peruanos (Felícito Yanaque e Ismael Carrera), que a pesar de sus diferencias socioculturales y geográficas, comparten un drama similar: son presa de la codicia o ambición de gente cercana a ellos (sus hijos). Y ambos traman una venganza contra estos. Además, Vargas Llosa retrata bien la idiosincrasia de sus personajes: la de un humilde empresario piurano, la de un limeño jubilado de clase alta (Don Rigoberto), de un capitán de la Policía, etc. También crea excelentes atmósferas para el desarrollo de la trama y su prosa, en varias partes, se luce.
Lo negativo es que es una novela menor en la trayectoria de nuestro Nobel. Claro, en otro contexto, o tratándose de otro escritor, sería una buena novela (ya yo quisiera escribir al menos una novela así), pero comparándola con obras maestras como “La ciudad y los perros”, “Conversación en la Catedral” o incluso las buenas “La tía Julia y el Escribidor”, “Travesuras de la niña mala”, “El paraíso en la otra esquina”, sin duda el “El héroe discreto” es un libro menor. Y no solo porque es menos ambicioso, sino también porque en su sencillez (que no en sí un desmérito) le falta cierta profundidad. Pareciera, tal vez me equivoque, que Vargas Llosa quiso escribir una novela sencilla, que cualquier persona de a pie pudiera leer, y lo consiguió, pero a su vez sacrificó profundidad o mayor fuerza psicológica en sus personajes. Lo cual no quiere decir que no lo tenga, sino que no existe en estos personajes principales la fuerza psicológica que sí tienen los protagonistas de sus principales novelas.
En suma, “El héroe discreto” es una novela discreta en la
gran trayectoria de Vargas Llosa, pero aun así es un libro ágil, divertido y
bien escrito.
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martes, 24 de septiembre de 2013
Conversación en La Catedral
Luego de 12 años, he vuelto a releer Conversación en La
Catedral (1969), de Mario Vargas Llosa, y no me queda duda que es una obra
maestra y en mi humilde criterio la mejor novela peruana escrita hasta el día
de hoy, no solo por su calidad literaria sino también por su ambición. ¿Cómo
pudo Vargas Llosa con poco más de 30 años escribir semejante novela? ¿Cómo pudo Vargas
Llosa escribir un libro tan logrado y con un dominio de la técnica que
impresiona? Porque luego de leer Conversación en La Catedral quedas abrumado y
emocionado por el talento y ambición que demuestra Mario. Haciendo el símil, es
la misma sensación que experimentas cuando terminas de ver El Padrino (filmada
por Coppola también a los 31 años) y te preguntas, abrumado, cómo lo hizo… Pues
lo mismo ocurre con esta novela.
Conocida por la frase: “¿En qué momento se había jodido el
Perú?”, que se hace Zavalita, el personaje principal de la novela, Conversación
en La Catedral es una crítica furibunda de Vargas Llosa a nuestro país. Con ese
fin, sitúa la trama de la novela en la época del gobierno dictatorial de Odría
(1948-1956), y cómo ese gobierno autoritario corrompió todo lo que lo rodeaba,
incluyendo a las autoridades y ciudadanos.
Así, Vargas Llosa desarrollas varias historias a la vez que se
entrecruzan y tienen como telón de fondo el gobierno de Odría. Por ejemplo, tenemos
la historia de Cayo Bermúdez (Cayo Mierda) quien es el encargado del trabajo
sucio en el gobierno de Odría; la de Santiago Zavala, joven de clase alta y que
tiene a su padre, señor Fermín, como colaborador del gobierno; Amalia y
Ambrosio, empleados de don Fermín; La Musa, amante de Cayo Bermúdez. Pero,
claro, Vargas Llosa no cuenta esta historia de manera lineal, sino que,
utilizando la técnica de manera magistral, va narrando escenas que van
reconstruyendo lo que sucedió, con constantes saltos en el tiempo y el espacio,
que en vez de entorpecer el relato lo enriquecen. Y todo esto a partir de la
conversación que sostienen Santiago Zavala (ya de 30 años) con Ambrosio, quien
fue el chofer de su padre y su familia, cuando él era un adolescente. A partir
de ese reencuentro y conversación en el bar La Catedral, ambos van
reconstruyendo lo sucedido en el pasado y los recuerdos y traumas (personales y
sociales) afloran.
Por otro lado, llama poderosamente la atención cómo Vargas
Llosa cuenta de manera verosímil y crea adecuadas atmósferas para lo que nos va
narrando: por ejemplo, resulta magistral como narra el contexto en el cual se
desenvuelve Cayo Bermúdez y su relación con las esferas del poder (generales,
ministros, medios de comunicación); la vida llena de lujos y el posterior ocaso de Hortensia (La Musa), quien
es la amante de Cayo Bermúdez; los pesares de Amalia y Ambrosio, empleados de
don Fermín; la vida del empresario Fermín Zavala y su familia, etc. Pareciera
que Vargas Llosa, antes de escribir su novela, hubiese hecho un detallado
estudio de campo para recabar información y así construir de manera verosímil
su novela. Solo así se puede explicar haber conseguido retratar magistralmente
a cada uno de estos personajes tan disímiles y que representan un fresco de la
sociedad peruana de entonces y de no hace mucho (me refiero a la época del
gobierno de Alberto Fujimori)
Sin lugar a dudas, hay que leer y sobre todo deleitarse con esta maravillosa novela que habla muy bien del talento y genio de nuestro Premio Nóbel.
Sin lugar a dudas, hay que leer y sobre todo deleitarse con esta maravillosa novela que habla muy bien del talento y genio de nuestro Premio Nóbel.
domingo, 28 de julio de 2013
El beso de la mujer araña
El escritor argentino Manuel Puig (1932) publicó El beso de
la mujer araña en 1976. Esta es una de sus novelas más conocidas e incluso se
la llevó al cine en el 85. El argumento gira sobre dos personajes que conviven
en la celda de una cárcel: Valentín, un revolucionario, y Molina, un homosexual
acusado de corrupción de menores. Ambos, para sobrevivir, se cuentan historias;
más precisamente Molina le cuenta a Valentín historias que vio en el cine y que
le gustaron. Estas historias les permite evadir la cruda realidad de estar encerrados,
además de soñar y sobrevivir. Este vínculo, posteriormente, se vuelve más
cercano y llega a crearse un vínculo afectivo y sexual entre los dos.
Luego de leer la novela, o durante la lectura de la novela, pensaba en la crítica que le hizo Vargas Llosa a aquel autor al no considerar como literatura lo que este hacía. En parte, su crítica tiene cierto asidero. La obra de Puig, o al menos esta novela, no es la típica novela que uno suele leer, sino que es una obra diferente, particular, con una sensibilidad especial, que posee además largas notas al margen, a manera de ensayos, que tratan sobre la identidad sexual, en específico la homosexualidad. Sin embargo, y a pesar de lo inclasificable y a veces desconcertante novela de Puig, debo resaltar que es un libro interesante, hay partes que son buenas (por ejemplo, aquellos relatos melodramáticos y simbolistas que le relata Molina a Valentín), e incluso esas notas al margen a manera de ensayo resultan valiosas. Por si fuera poco, Puig mezcla diversas técnicas en la confección de su novela: diálogos, ensayo, informe, monólogos.
En suma, creo que la novela de Puig es interesante ya que refleja una sensibilidad y un estilo diferentes. Ahí radica su valor. Pero creo también, en mi humilde opinión, que no llega a ser un gran libro o una obra maestra.
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martes, 24 de julio de 2012
Kathy y el hipopótamo
“Kathy y el hipopótamo” (1983) es la segunda obra teatral de
Mario Vargas Llosa, luego de “La señorita de Tacna” (1981). Posteriormente
escribió, si no me falla la memoria, 4 obras más de este género, del cual el
Nobel se declara admirador. Pues, bien, tengo que reconocer, luego de leer “Kathy
y el hipopótamo” que el teatro no es el fuerte de nuestro gran escritor
peruano. Y no por falta de ambición, pues si algo se rescata de esta obra es
precisamente esto, sino porque el teatro tiene sus propios códigos y la obra no
encaja en dicho género. Mientras leía la historia, entendía por qué las obras
de Vargas Llosa no son escenificadas con frecuencia en los escenarios y la
razón es porque son demasiado complejas y no tan teatrales, por decirlo de
algún modo. Escenificar una obra de Vargas Llosa sería una labor ardua y
compleja para un director, que ni siquiera tendría el éxito garantizado. Y ojo
que la trama de “Kathy y el hipopótamo” es sencilla a primera vista (dos
personajes que se reúnen en una buhardilla, dos horas al día, para elaborar un
libro y dar rienda suelta a su imaginación y fantasía), pero se bifurca en
tantos tiempos y momentos de las vidas de estos personajes (reales e
inventados), que se llega a perder la perspectiva del tiempo y el espacio. Así,
la técnica de alternancia de los tiempos, que maneja de maravilla Vargas Llosa en
la novela; llevado al teatro se vuelve demasiado artificial o forzado. Y no
queda más que darle la razón a Alonso Alegría cuando señala que los mejores dramaturgos han
sido siempre gente de teatro, gente que ha hecho y hace teatro.
Sin embargo, todo lo anterior no quita que la obra sea de
interés, para quienes somos admiradores del escritor. Aquí aparece nuevamente
Santiago Zavala, el personaje principal de la maravillosa novela Conversación
en la Catedral. Y aparecen algunos de los temas recurrentes en su obra: la
verdad de las mentiras, la ficción como una manera de hacer la vida más llevadera
y que nos enriquece. Además, entendemos el por qué el autor es fan de los hipopótamos:
estos animales son unos grandes amantes con sus parejas, representan el poder
sexual.
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miércoles, 14 de marzo de 2012
Luz de agosto

Luz de agosto (1932), del escritor y nóbel norteamericano William Faulkner, es considerada una de las obras maestras del autor y uno de los clásicos imprescindibles de la literatura. Vargas Llosa así lo considera y ha escrito varios ensayos al respecto. Lo respaldan otros autores importantes. Personalmente, mientras la leía, estuve de acuerdo con ellos hasta la primera mitad: pensaba que dicha novela era, sin duda, una obra maestra y William Faulkner un gran autor. Sin embargo, la segunda mitad se vuelve más tediosa, pesada, el estilo de Faulkner se vuelve barroco, por decir algo, e impide la lectura, el goce. El penúltimo capítulo (el 20), por ejemplo, se torna confuso, inextricable, hermético. A pesar de eso, en el último capítulo, Faulkner retoma la simplicidad y termina siendo un buen final para la historia de Lena Grove que busca a Lucas Burch, el padre de su hijo.
Lo mejor de la novela, como ya dije, es la primera parte. La parte en donde el autor cuenta y reconstruye la historia de Joe Christmas, este blanco de sangre negra que termina matando a una mujer mayor, es simplemente brillante. Esos saltos en el tiempo, ese detalle minucioso de las etapas de su vida, esa capacidad de describir y jugar con la técnica, recuerda por qué Faulkner es maestro de Vargas Llosa, García Márquez y otros importantes autores. Así, si uno quiere rastrear las influencias de Vagas Llosa, al menos en la técnica, tiene obligatoriamente que leer al escritor norteamericano.
A pesar de todo esto, creo que Luz de agosto no llega a ser una obra maestra. Sí tiene momentos brillantes, pero también tiene momentos muertos, fallidos, complejos pero no en el buen sentido, y a pesar del buen final, no quita que la novela presente falencias importantes. Finalmente, lanzo una pregunta: ¿será, acaso, que Luz de agosto ha envejecido con el tiempo?
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viernes, 6 de mayo de 2011
Travesuras de la niña mala

Publicada en el 2006, esta novela de Mario Vargas Llosa es diferente a la mayoría de sus otras obras y , a la vez, en mi opinión, una de las mejores. Si tuviera que hacer un paralelo, es como esa película "Match point" de Woody Allen, que es una excelente pela pero que no parece que la dirigiera Allen. Lo mismo ocurre aquí con Travesuras de la niña mala: es una gran obra,pero totalmente ajena al estilo que nos tenía acostumbrado el autor. Vargas Llosa, en esta obra, no se vale de una gran técnica, no hay saltos en el tiempo constantes, no hay malabarismos técnicos; sin embargo, es una maravillosa historia de amor muy bien contada y verosímil -ese es uno de sus grandes méritos- que abarca más de 40 años y que tiene como protagonistas a Ricardo Ruiz de Somorcucio, un miraflorino que sueña con vivir en Paris,y la niña mala.
La novela nos envuelve desde el primer momento, con ese excelente capítulo titulado "Las Chilenitas", y nos hace viajar, a través de la ficción,por los parajes donde transcurre esta apasionante, retorcida y tierna historia de amor:la Lima de los 50s, el París de los 60s, la Inglaterra hippy de los 70s, Japón, la España de los 80. Es francamente alucinante cómo la maestría de Vargas Llosa hace de esta historia aparentemente inverosímil, totalmente creíble y vivible por el lector. Y uno al leerla se siente identicado con Ricardo, que trabaja como traductor e intérprete, que constantemente es víctima de las travesuras de esta niña mala (que adopta diversos nombres y se casa con distintos hombres según sus objetivos prácticos) que lo usa,lo ama y lo expectora cuando quiere y como quiere, y a pesar de eso, el "tonto" de Ricardo sigue enamorado de ella como un becerro o hasta el cien. Por si fuera poco, el final es también hermoso.
Qué duda cabe, esta novela,en mi opinión, es una excelente novela que enriquece la obra de este gran escritor. Es tambièn, y sin dudas, su novela màs divertida, y que muestra que el premio Nobel sigue buscando nuevas fórmulas en el arte de narrar historias. Todos mis respetos.
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viernes, 15 de abril de 2011
Fonchito y la Luna

Señor Mario Vargas Llosa, nuevamente gracias por hacerme soñar. Fonchito y la Luna (2010), su cuento para niños es brevísimo pero una delicia. La trama es sencilla pero encantadora y tierna: Fonchito, un niño de unos 7 u 8 años, está enamorado de Nereida, la chica más bonita de su clase. Un día, en el recreo, venciendo su timidez se le acerca y le dice: "Me gustaría darte un beso en la mejilla. ¿Me dejarías?" Y Nereida, ruborizándose ligeramente, lo mira muy seria antes de responder: "Te dejaré si bajas la Luna y me la regalas".
Así comienza este hermoso cuento que tiene un desenlace igual de bello. Por si fuera poco, las ilustraciones de Marta Chicote Juiz son encantadoras. ¿Qué más decir? Solo una sonrisa.
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lunes, 14 de marzo de 2011
El pez en el agua

Publicado en 1993, El pez en el agua es un libro de memorias de Mario Vargas Llosa sobre su infancia y juventud y el nacimiento de su vocación de escritor, así como su etapa de candidato a la Presidencia de la República en 1990. Dividida en 20 capítulos, los capítulos impares cuentan aquellos primeros años (1946-1958); y los capítulos impares, los de la etapa política (1987-1990). Aquellos se inician cuando Mario, de 10 años, ve modificada su vida cuando conoce a su padre, a quien creía muerto. Estos, por su parte, se inician cuando Mario, ya un hombre de 51 años, escucha por radio que el Presidente Alan García ha decidido estatizar los bancos, lo cual lo lleva a aquel protestar y a liderar, en los años siguientes, un movimiento político llamado Libertad.
Lo fascinante de El pez en el agua, más allá de la evidente maestría del narrador, es que Vargas Llosa hace una magnífica radiografía de nuestro país tanto política como social. Así como un conmovedor retrato de su pasión: la literatura. Así, vamos recorriendo a través de las páginas, su apasionante vida de infante en Cochabamba, la traumática relación con su padre, el amor por los libros desde que era niño; el inicio del Movimiento Libertad y el Frente Democrático, su decisión de postular a la Presidencia, a pesar de su amor a la Literatura; sus primeros enamoramientos en su barrio miraflorino de Diego Ferré, su ingreso al colegio Leoncio Prado, su ida a los prostíbulos; las intrigas políticas, la guerra sucia en la campaña política, sus recorridos por los diversos departamentos y provincias del país; su ingreso a San Marcos, su permanencia en el grupo marxista Cahuide, sus amigos Lea, Javier y otros, el casamiento con la Tía Julia a sus escasos 19 años; la aparición de Alberto Fujimori en la encuestas a 10 días de la votación, las tensiones de la campaña política, su apretada victoria en la Primera vuelta presidencial, pero su certeza de que perdería en la segunda; sus innumerables trabajos para vivir de manera independiente con Julia, la aceptación de su familia, finalmente, a esta relación, el viaje a París tras ganar un concurso literario, su gran decisión de ser un escritor y partir rumbo a Europa; la derrota en la segunda vuelta, la desazón de esta derrota pero también su felicidad de volver a la Literatura; la tesis sobre Rubén Darío que realiza para graduarse, su obtención de la beca Javier Prado para hacer su doctorado en Madrid, el viaje a la selva, y por fin, el viaje a Europa, junto a Julia, con el único fin de ser un escritor.
Este libro es vertiginoso, lleno de escenas y personajes todos interesantes. Uno, al leer este libro, piensa en querer vivir una vida así, llena de aventuras y dejar todo y ponerse a escribir. Por si fuera poco, y como ya insinué al principio, este libro también es un magnífico ensayo sobre el Perú, y en el colofón, como una suerte de Nostradamus, Vargas Llosa avizora lo que va a suceder con el país (y no se equivocó) luego del cierre del Congreso en 1992 por parte de Alberto Fujimori: un gobierno dictatorial, donde el respeto de la legalidad y la democracia, como en buena parte de la historia del Perú, se verían interrumpidas.
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viernes, 4 de febrero de 2011
Crónicas
El domingo pasado apareció, en el diario El Comercio, una buena crónica de Mario Vargas Llosa sobre cómo el ser un gran artista no garantiza que uno sea una buena persona. Y da el caso del escritor francés Louis Ferdinand Celine, autor de Viaje al final de la noche, que fue un magnífico escritor, pero una persona que dejaba mucho que desear, pues era antisemita y apoyó abiertamente a Hitler. Por otro lado, y después de tiempo, Jaime Bayly escribió una buena crónica titulada "Dicen que estoy loco", la cual apareció el lunes en Perú 21. Ya era hora... A continuación, coloco el enlace y un pequeño fragmento de este texto.
http://peru21.pe/impresa/noticia/dicen-que-estoy-loco/2011-01-31/295929
"...Me llaman drogadicto. La palabra llega cargada de un cierto vitriolo. Me la dicen como una injuria o una procacidad o una expresión desdeñosa. Es cierto, hace años fui adicto a la marihuana, o me gustaba mucho fumarla, no sé si era realmente un adicto, el hecho es que me gustaba fumarla y la fumaba a diario. Es cierto, hace años fui adicto a la cocaína y la dejé solo y sin ayuda o con la ayuda de Dios. A estas alturas de mi vida, siendo un hombre a pocos días de cumplir cuarenta y seis años, no me interesa fumar marihuana ni aspirar cocaína porque cuando lo hago duermo mal (si a duras penas consigo dormir) y al día siguiente quedo reducido a escombros y soy entonces la peor versión de mí mismo. Pero supongo que todos en algún momento hemos necesitado (o todavía necesitamos) evadir la cruel aspereza de la realidad. Algunos la evaden con los libros, las películas, los deportes, las religiones, la televisión o, más recientemente, con el hechizo de las computadoras y su mundo virtual. Otros, tal vez los más vulnerables o sensibles a la sevicia de la realidad, la evaden con sustancias tóxicas, prohibidas, o con drogas legales como el alcohol, la cafeína, los ansiolíticos, los hipnóticos y tantas otras. Pero ¿quién no ha necesitado alguna vez escapar de la chatura que es la vida misma? ¿Quién no ha sido o es dependiente de alguna forma, legal o ilegal, de evadir la realidad y el modo en que ella suele ensañarse con nosotros?..." (Extraído del diario Perú 21)
http://peru21.pe/impresa/noticia/dicen-que-estoy-loco/2011-01-31/295929
"...Me llaman drogadicto. La palabra llega cargada de un cierto vitriolo. Me la dicen como una injuria o una procacidad o una expresión desdeñosa. Es cierto, hace años fui adicto a la marihuana, o me gustaba mucho fumarla, no sé si era realmente un adicto, el hecho es que me gustaba fumarla y la fumaba a diario. Es cierto, hace años fui adicto a la cocaína y la dejé solo y sin ayuda o con la ayuda de Dios. A estas alturas de mi vida, siendo un hombre a pocos días de cumplir cuarenta y seis años, no me interesa fumar marihuana ni aspirar cocaína porque cuando lo hago duermo mal (si a duras penas consigo dormir) y al día siguiente quedo reducido a escombros y soy entonces la peor versión de mí mismo. Pero supongo que todos en algún momento hemos necesitado (o todavía necesitamos) evadir la cruel aspereza de la realidad. Algunos la evaden con los libros, las películas, los deportes, las religiones, la televisión o, más recientemente, con el hechizo de las computadoras y su mundo virtual. Otros, tal vez los más vulnerables o sensibles a la sevicia de la realidad, la evaden con sustancias tóxicas, prohibidas, o con drogas legales como el alcohol, la cafeína, los ansiolíticos, los hipnóticos y tantas otras. Pero ¿quién no ha necesitado alguna vez escapar de la chatura que es la vida misma? ¿Quién no ha sido o es dependiente de alguna forma, legal o ilegal, de evadir la realidad y el modo en que ella suele ensañarse con nosotros?..." (Extraído del diario Perú 21)
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domingo, 16 de enero de 2011
¿Quién mató a Palomino Molero?

Publicada en 1986, tras Historia de Mayta, ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986) es una pequeña novela (150 páginas) que, aunque no llega al nivel de las grandes novelas de Mario Vargas Llosa, es de todas maneras una buena e interesante obra. Y la prueba de esto es que me la leí de un tirón, en solo un par de días. Ni bien empecé la lectura, que se inicia con el descubrimiento del cadáver de Palomino Molero (asesinado brutalmente), me enganché y no paré hasta acabarla. La trama consiste, como sugiere el título, en cómo el teniente Silva y su ayudante Lituma buscan saber quién es el asesino de Molero.
Una de las cosas que destaca en la novela es que hay 5 o 6 escenas claras que están bien hechas y conectadas: el descubrimiento del cadáver; la visita de Silva y Lituma al coronel Mindreau; la visita a la madre de Palomino Molero; la conversación con el oficial Dufó (novio oficial de la hija de Mindreau); la visita a la señora doña Lupe al pueblo de Amotape; el encuentro de los dos policías con la hija del coronel Mindreau; y el encuentro con el coronel. Además de todo esto, Vargas Llosa logra hacer del guardia Lituma y el teniente Silva dos personajes muy ricos en sus sicologías y lenguaje, y así entender el pensamiento de los policías, Asimismo, el sexo, el deseo, también está presente, como en toda obra de Vargas Llosa, a través de la fuerte atracción física que siente el teniente Silva por la señora Adriana, esposa de un pescador de Talara (y que le otorga la cuota de humor a la novela). Por si fuera poco, el autor recrea muy bien aquel ambiente caluroso y arenoso de Talara y Piura.
¿Quién mató a Palomino Molero? es, además, algo más que una historia sobre la resolución de un crimen: es ahondar en la serie de prejuicios de un pueblo, de un país, del Perú, dividido en cholos y blancos (pues la muerte de Palomino Molero, un “cholo”, se produce debido a que se enamora de una "blanquita", la hija del coronel Mindreau). A su vez, el desenlace del crimen resulta inesperado, un final digamos que “freudiano”. Ahh, me olvidaba, esta es otra obra de Vargas Llosa sobre el Perú.
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sábado, 1 de enero de 2011
Vargas Llosa y el cine

Este fin de semana vi tres películas sobre las siguientes novelas de Mario Vargas Llosa: “La ciudad y los perros”, “Pantaleón y las visitadoras” y “La fiesta del chivo”. Las dos primeras están dirigidas por Francisco Lombardi y la tercera por Lucho Llosa (sobrino del escritor). Me gustaron “La ciudad y los perros” y “La fiesta del chivo”. Aquella es una buena adaptación sobre la primera novela de Vargas Llosa y expone muy bien el conflicto en torno a la muerte del Exclavo, la crítica a la vida militar y la hipocresía de sus instituciones. Las actuaciones son solventes (Pablo Serra realiza muy bien su papel de El Poeta) y la historia corre ágil.
En el caso de “Pantaleón y las visitadoras” me parece técnicamente bien hecha, pero me parece que la película nunca llega a despegar. El humor que maneja la película se ve forzado, arranca carcajadas pero a cuenta gotas (habría que leer la novela si ocurre lo mismo). La actuación de Salvador del Solar es aceptable y buena, pero no llega a desequilibrar. Angie Cépeda es un mujerón pero le falta algo. La que sí destaca, aunque su papel es breve, es Mónica Sánchez. Realiza magníficamente su papel y se le ve guapísima.
Finalmente, “La fiesta del Chivo” me sorprendió gratamente. Aunque tiene un inicio frío y algo confuso, poco a poco la trama comienza a cobrar forma, pues se concentra en dos ejes: el conflicto de Urania Cabral con su padre y el grupo de conspiradores que deciden la muerte del dictador Leonidas Trujillo. Mientras veía la película pensaba que Fujimori fue un niño de teta comparado con la dictadura de Trujillo. Asimismo, las actuaciones son buenas, solventes, y parejas. Y en lo técnico (fotografía, iluminación, música) la película funciona eficazmente. La parte final es lo mejor de la película, aquella que explica el porqué del odio de Urania a su padre y cómo acaba la dictadura de Trujillo tras largos años en el poder.
domingo, 7 de noviembre de 2010
Historia de Mayta

Esta novela de Mario Vargas Llosa, publicada en 1984, es una buena novela, que aunque no llega al nivel de sus grandes obras (“Conversación en la Catedral”, “La guerra del fin del mundo”, “La casa verde”) vale la pena leer. “Historia de Mayta” habla también del Perú y específicamente de la Izquierda y del revolucionario trostkista Alejandro Mayta (quien , junto con un alférez del Ejército y unos cuantos hombres más, hicieron una pequeña revolución en Jauja –Junín- en 1958). Dividida en 10 capítulos, la novela muestra a un narrador que es un escritor que, 25 años después de dicho suceso, busca reconstruir la historia del revolucionario Mayta a través de diversos testimonios, con el fin de escribir una novela. Finalmente, en el último capítulo, aquel tiene una conversación personal con Mayta, que le permite cotejar la realidad con la ficción que ha creado en torno al revolucionario.
La maestría de Vargas Llosa está en lograr identificarnos con Mayta y su revolución. Uno como lector se identifica con ese idealismo, ese afán de querer cambiar el mundo, de querer pasar a la acción; pero, a la vez, nos muestra el fanatismo ideológico que existe en dicho proyecto. No es casual que el presente de la obra se centre en la dura época terrorista que se vivió en el Perú en los años 80 y que el narrador pinta de manera apocalíptica. Asimismo, Vargas Llosa, capítulo a capítulo, nos jala hipnotizados por cada paso de esa revolución de Mayta (cómo conoce al Alférez Vallejos, cómo planean la revolución, el viaje a Jauja, la toma de la cárcel, la comisaría y el asalto de bancos jaujinos, la persecución de la policía, la captura y muerte de algunos revolucionarios, el paso de Mayta por la cárcel y su vida después). Como lectores, capítulo a capítulo, queremos saber, intrigados, aunque ya sabemos desde el principio el fracaso de la revolución de Mayta, cómo sucedió este acontecimiento.
Finalmente, hay que indicar que aquí Vargas Llosa explora, nuevamente, como “En la tía Julia y el Escribidor”, el ínfimo límite entre la realidad y la ficción, e indaga, otra vez, sobre el Perú y su realidad. Hay que indicar, como conclusión, que en ojos del premio Nóbel, el Perú, en esta novela –y también en otras- se ve como un país sin esperanza, lleno de miseria y basura. Al menos, el Perú hasta los años 80.
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viernes, 8 de octubre de 2010
El gran Mario Vargas Llosa

Estoy feliz por la obtención del Premio Nóbel de Mario Vargas Llosa. Él es un excelente escritor y un intelectual comprometido con su tiempo. Él con sus obras ha contribuido a que el Perú sea un mejor país y a que muchas personas enriquezcan su vida con el poder de la literatura. Yo no soy la excepción, para mí leer a Vargas Llosa ha sido una de las experiencias más perdurables de mi vida. Leer “La ciudad y los perros” (1963), “Los cachorros” (1967), “La casa verde” (1966), “Conversación en la catedral” (1969), “La tía Julia y el escribidor”, “La guerra del fin del mundo” (1981), “El pez en el agua” (1993), “El paraíso en la esquina” (2003) y otras más, me han marcado profundamente y me han estimulado a ser mejor. La obra de Vargas Llosa ha estimulado mi capacidad crítica y ha estrechado mi relación con mi país; además, ha dejado conceptos en mi mente que aún me dan vueltas: la libertad, la justicia, el sentido de las dictaduras, el amor, el deseo, el erotismo, etc.
El Perú necesita héroes y Mario es uno de ellos. El reconocimiento de la Academia Sueca me llena de orgullo y ayer, al enterarme de la noticia, me alegre tanto que sentí como si un familiar muy cercano hubiese sido el ganador. Este premio es también para el Perú, para su autoestima, para entender, que con todos sus problemas y carencias, este país tiene o alberga gente tan genial como Mario Vargas Llosa. Este premio, finalmente, es un reconocimiento a la literatura latinoamericana y a la peruana, que goza de muy buena salud…¡Gracias, Mario!
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Premio Nóbel de Literatura
domingo, 26 de abril de 2009
"Estatua Viva" (poema de Mario Vargas Llosa)

ESTATUA VIVA (Fragmento)
Tengo un revoltijo
en la cabeza
Pensamientos,
un sombrero de
púas y barrotes
descascarados
y la imagen de
una pierna
fragante de
mujer.
(Digo fragante
pero podría decir
también
suculenta,
voluptuosa,
aterciopelada,
núbil o
febril)
La armazón
deleznable
que me colma
significa dispersión,
riqueza,
no confusión.
Soy todas
esas cosas:
desechos y sueños,
basura y deseo,
belleza,
escombros
y una tierna
ansiedad.
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jueves, 22 de enero de 2009
Epígrafe
Epígrafe de un futuro libro de cuentos:
"Cuando la realidad se vuelve irresistible, la ficción es un refugio. POr eso existe la literatura, esa escapatoria de los tristes, los nostálgicos y los soñadores"
Mario Vargas LLosa
"Cuando la realidad se vuelve irresistible, la ficción es un refugio. POr eso existe la literatura, esa escapatoria de los tristes, los nostálgicos y los soñadores"
Mario Vargas LLosa
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