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domingo, 25 de octubre de 2020

Los últimos días de La Prensa

 

He releído, después de diez años, la novela Los últimos días de La Prensa (1996), del peruano Jaime Bayly, y he vuelto a confirmar mi opinión. En primer lugar, es una buena novela y sobre todo una poderosa sátira sobre el periodismo limeño y la sociedad peruana en su conjunto. En segundo lugar, sin embargo, la crítica de la sátira se diluye en parte por el humor ligero o superficial que aparece en buenos tramos de la historia. 


Los últimos días de La Prensa cuenta dos historias. Primero, la del adolescente Diego Balbi, quien se incorpora al prestigioso diario limeño, sin embargo, poco a poco va descubriendo que este está lleno de gente sin escrúpulos, machistas, orates, lujuriosos, borrachosos, arribistas, holgazanes, estafadores, etc. Es cierto, no obstante, que Bayly satiriza, es decir, caricaturiza de manera exagerada y burlona dicha situación, y lo lleva todo a un esperpento o una deformación de la realidad acentuando sus rasgos grotescos. Asimismo, esta sátira burlesca posee un humor risueño, con alusiones al sexo y lo escatológico. Por ejemplo, la secretaria principal Patty. cuñada del director del diario, es presentada como la mujer que ostenta el poder real, quien lleva una vida sexual licenciosa y gasta el dinero de La Prensa como le plazca, ya sea en comilonas, en un auto nuevo, y otros lujos. Todo esto, mientras el diario cada día vende menos ejemplares y se dirige a la quiebra.


La otra historia, y la más lograda, es la del abuelo materno de Diego Balbi, Rafael Tudela, quien se vuelve un hombre amargado tras el despojo de su hacienda por parte del exdictador, el cojo Velásquez (en alusión a Velasco Alvarado). Aquí, Bayly, a través de la sátira, critica con humor, la reforma agraria que hubo en los años 70s en el Perú y que permitió la expropiación de las haciendas en aras de una supuesta "justicia social". Pero a su vez, también se censura a la clase alta a la que pertenece el mismo Rafael Tudela. Se lo muestra a él y a su esposa, como racistas, lisurientos, cochinos (ella se tira pedos y se rasca la nariz con el dedo). Además, se alude, de manera cómica, a los hijos no reconocidos que tuvo Tudela con jóvenes trabajadoras de su exhacienda. 

En suma, Los últimos días de La Prensa, detrás de su aparente superficialidad, es una sátira burlesca que critica con hilarante humor a la prensa y la sociedad peruana. Además, es un libro ágil y divertidísimo. 







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domingo, 24 de noviembre de 2019

Yo amo a mi mami

Yo amo a mi mami (1998) es la quinta novela del escritor y periodista peruano Jaime Bayly, luego de su “trilogía gay” No se lo digas a nadie  (1994), Fue ayer y no me acuerdo (1995) y La noche es virgen (1997). A diferencia de estas novelas, en Yo amo a mi mami, como lo confiesa el propio escritor, intentó escribir un libro que su madre pudiera leer sin escandalizarse y que giraba sobre su feliz infancia en una inmensa casa en Chaclacayo, en Los Cóndores. Tomando como inspiración Un mundo para Julius, del peruano Alfredo Bryce Echenique, Bayly narra la historia a partir de un narrador niño curioso y sensible que, a lo largo de 19 capítulos, nos va contando a los personajes que conoció en esa etapa vital de su vida. Muchos de ellos, y quizá algunos de los mejores capítulos, corresponden a los empleados y empleadas humildes que trabajaron en el caserón al mando de su autoritario padre y su beata madre. El niño Jimmy relata sus entrañables vínculos con su nana Eva, quien resultará injustamente despedida por su madre; con el Chino Félix, el divertido  jardinero y mil oficios de la casa, quien se accidentó mientras desempeñaba sus labores y dejó de trabajar; con Albino, quien tenía un quiosquito cerca de la casa de sus padres y le vendía gaseosas y bizcochos chancay; con Leo, el chofer moreno cincuentón que todos los días lo llevaba y recogía del colegio; con Flavio, el mayordomo blanquísimo de sus abuelos paternos; con Manu, la vieja cocinera de su casa, que era como su segunda mamá, y que termina falleciendo inesperadamente. Con todos ellos, Jimmy entabló un vínculo fraterno y lleno de complicidad. Aunque su padre, un banquero insensible, le prohibía a su hijo que sea amigo de ellos, el niño Jimmy encontró mayor cariño en esos hombres y mujeres humildes que en su propio padre. Todas estas historias están narradas con ternura, nostalgia y cierto lirismo. Otros capítulos tratan sobre algunos amigos o compañeros del colegio a quienes admiraba o quería parecerse; otros, quizá dos de los mejores, sobre su hermana mayor Soledad que tenía un cabello largo y hermosísimo, y que vivía en un mundo de ensoñación; y su papapa, es decir, su abuelo materno, quien era un hombre muy divertido y consentidor con su nieto.  También se cuenta la historia de una niñita pecosa de la cual se enamora Jimmy; de un primo mayor que es atrapado por el vicio de las drogas y un día desaparece; y sobre su tío comunista que vive a salto de mata. 

En casi todas estas historias, Bayly nos conmueve con la sensibilidad del niño narrador y nos va revelando la humanidad de estos personajes. Asimismo, nos va mostrando los prejuicios y el racismo de sus padres ante aquellos de condición humilde y razas cobriza o morena. En Yo amo a mi mami, Bayly no solo pinta un lienzo de la clase alta limeña, a partir de su familia y sus relaciones, sino que la critica al mostrarla en sus conductas y taras, también cuestiona el papel de los militares (varios de ellos amigos de su padre); y reivindica el papel de los humildes, de los cholos peruanos, que pese a sus estrecheces son seres llenos de sueños, bondad y humanidad. En esta novela, Bayly demuestra no solo talento narrativo, a través de una prosa lírica y llena de humor (y que juega con oraciones larguísimas), sino también una fina sensibilidad para retratar personajes de diversas clases socioeconómicas del Perú. En suma, Yo amo a mi mami es, posiblemente,  la mejor novela de Jaime Bayly.  

jueves, 7 de noviembre de 2019

El francotirador

En el 2001, el periodista y escritor peruano Jaime Bayly publicó, a través del diario Correo, en fascículos coleccionables, un conjunto de crónicas políticas sobre la campaña a la presidencia del Perú, en la cual resultó ganador Alejandro Toledo. El título con que se agrupó estas crónicas fue El Francotirador. Precisamente, en esa época, Bayly dirigía, en canal 2, el programa político El Francotirador, en el cual entrevistó a diversos candidatos a la presidencia y otros cargos públicos: entre ellos, a Lourdes Flores Nano, Alejandro Toledo y Alan García (este fue su último entrevistado antes de la segunda vuelta). Compuesta de 4 crónicas personales y 16 crónicas políticas, aquí Bayly, con prosa ágil y amena, y dueño de un gran humor, recrea los pormenores, los entretelones de lo que ocurrió en aquella campaña política. Cuenta lo que él vivió desde su papel del periodista y luego como líder, junto a Álvaro Vargas Llosa, de un movimiento que alentó el voto en blanco (sin mucho éxito).

En estas crónicas risueñas y muy bien escritas, Bayly narra cómo su amistad y apoyo inicial al candidato Toledo  termina desmoronándose, luego de que revelara, en su programa de televisión, el caso de Zaraí Orozco, la hija negada de Toledo y que años más tarde tendría que reconocer. A partir de ese momento, luego de una momentánea reconciliación (tras una conversación áspera en casa del empresario Adam Pollack), ambos se vuelven rivales y enemigos. En otra hilarante crónica, relata cómo planeó la pregunta a la lideresa del PPC, Lourdes Flores Nano, acerca de si era virgen o no. Más adelante cuenta cómo hizo caer a José Luis Risco, vicepresidente de la plancha de Flores Nano, con preguntas sobre quién era presidente de tal o cual país. En otra, narra cómo Toledo, con el fin de atraer votos, creó la mentira de que Bill Gates era un viejo amigo suyo e iba a reunirse con él para apoyarlo en un proyecto para instalar computadoras e internet en todos los colegios públicos del país. Asimismo, cuenta con minuciosidad cómo conoció a la precoz adolescente Zaraí Toledo y su madre, y los dilemas de Bayly acerca de si presentar su caso en su programa de televisión. Finalmente, relata con lujo de detalles cómo convenció a Alan García para ser entrevistado antes de la segunda vuelta, y lo que ocurrió el día de la inolvidable entrevista. Sin duda, una de las mejores y más divertidas crónicas del conjunto. Hay que acotar también que las 4 crónicas personales que aparecen en el libro son entrañables e hilarantes.

En suma, Bayly demuestra que, posiblemente, lo mejor de su obra no esté en sus novelas, sino en esas crónicas suyas que aparecen los lunes en Perú 21, y en este libro que pasó casi desapercibido y es muy difícil de conseguir. 

domingo, 3 de noviembre de 2019

El niño terrible y la escritora maldita


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El niño terrible y la escritora maldita (2016) es una novela del escritor y periodista peruano Jaime Bayly, conocido por títulos como No se lo digas a nadie (1994), Los últimos días de La Prensa (1996), La noche es vírgen (1997), entre otros. En El niño terrible y la escritora maldita nuevamente Bayly utiliza como base su vida privada y pública para contarnos su historia de amor con su joven esposa Lucía y el nacimiento de su pequeña hija Sol, y cómo esto desencadena la ruptura en las relaciones con su ex esposa y sus hijas adolescentes, además de su ex pareja varón. Para esto Bayly juega con la autobiografía y la autoficción, incluso, quizá, de manera más notoria que en sus primeras novelas. No es casual que, en su historia, inserte crónicas que publicó para el diario Perú 21 entre los años 2009 y 2012. Sin embargo, tal como señala el escritor y crítico José Carlos Yrigoyen, las novelas de Bayly -sobre todo las últimas- son irregulares, y esta no es la excepción. Este libro de Bayly contiene algunas páginas valiosas, algunas crónicas que se insertan que tienen un vuelo literario y estético, y un desenlace que conmueve y muestra el vacío del narrador; no obstante, la mayoría de páginas son un torrente caudaloso de palabras que resultan redundantes y terminan cansando al lector. Como indica Yrigoyen en su crítica, este libro de más de 300 páginas, pudo haber tenido solo la mitad y el resultado hubiese sido mucho mejor. Parece que Bayly no cuenta con un editor que le diga corta aquí, omite esto, etc. Otro problema con Bayly es que hace uso, varias veces, de un humor grotesco, chabacano que no aporta nada y por el contrario desluce la historia, y esto lo hace cuando realiza alusiones a lo sexual. Por el contrario, el mejor Bayly aparece cuando habla de su gran pasión: el escribir, el perseverar tercamente en ese noble oficio pese a que se considera un escritor mediocre. Otra de las mejores páginas de este libro trata sobre su nueva hija Sol, fruto de su relación con joven esposa, y cómo ellas dos lo llevan a tolerar la vida, a embellecerla, a enriquecerla, pese a la gran tristeza de no poder ver a sus hijas mayores. 

En suma, pese a que Bayly tiene mejores novelas y esta adolece de notorios defectos, El niño terrible y la escritora maldita se lee de manera ágil y entretenida y contiene algunas páginas que merecen la pena ser leídas.


miércoles, 10 de julio de 2019

Hay una chica en mi sopa

Hay una chica en mi sopa (2011) es la segunda novela de la escritora peruana Silvia Núñez del Arco (1988). En la actualidad ya cuenta con 4 novelas en su haber, siendo la última Nunca seremos normales (2018). En Hay una chica en mi sopa se cuenta la historia de amor de una colegiala (Lucía) con su profesora de alemán Alicia. Está contada en 58 pequeños capítulos y abarca desde que Lucía es cambiada de colegio y conoce a Alicia, su profesora de alemán en sexto de primaria, hasta finalizar la escuela a los diecisiete años. Nunca llega a pasar nada explícito entre ambas, pero salvo el claro amor que le profesa la chiquilla a la joven profesora, existe un implícito interés de esta por su alumna que va más allá de la amistad.

Hay que destacar en Núñez del Arco (esposa del escritor Jaime Bayly) su disciplina para escribir, pues no cualquiera publica dos novelas antes de los 23 años. Otro mérito es que la novela posee un estilo ágil en la narración y, salvo momentos, no resulta cansina. Sin embargo, la historia -en mi opinión- es fallida. Primero, el lenguaje que emplea es, salvo ciertos momentos, bastante sencillo y no se aprecia un trabajo con las palabras. No es que escriba mal Silvia Núñez, pues ya dijimos que posee un estilo ágil y de frases cortas, pero hace uso de un lenguaje simple y llano, más ligado al periodismo. En otras palabras, no existe riqueza de vocabulario en su estilo. 

Por otro lado, y principalmente, la historia de amor lésbica entre alumna y profesora no está bien construida. Hay inconsistencias que le quitan verosimilitud al relato. Por ejemplo, ¿los padres ignoraban la relación de "amistad" entre su hija y la profesora? ¿Cómo se explica que Lucía fuera a la casa de Alicia en varias oportunidades y sus padres no estén enteradas del asunto? Es perfectible que los padres de Lucía se presenten como ausentes, pero pareciera que en la novela no existieran, salvo poquísimas alusiones a ellos...Asimismo, los tópicos de las drogas (la bolsa de cocaína, el paco de marihuana que ambas fuman, etc.) se perciben impostados y no naturales.

En suma, pese al intento de la joven Silvia Núñez del Arco de querer contarnos una historia original, esta termina quedando en un audaz y encomiable esfuerzo, pero lamentablemente la historia no llega a cuajar (quizá por la premura de la autora en publicar).   

jueves, 26 de marzo de 2015

El canalla sentimental

Jaime Bayly (Lima, 1965) tiene como principal virtud su perseverancia en el oficio de escribir. Irrumpió en 1994 con "No se lo digas a nadie" y desde entonces no ha parado de publicar. Hasta la fecha tiene publicadas 13 novelas y un libro de poemas. Acabo de leer "El canalla sentimental" (2008, editorial Planeta) y se aprecia una madurez com escritor, que ya se apreciaba en su novela anterior "Y de repente, un ángel", desde mi punto de vista su novela más lograda.

"El canalla sentimental" no tiene una trama clara, sino que aborda la vida del escritor y presentador de televisión Jaime Baylys. En pequeños capítulos o viñetas, el protagonista-narrador nos va contando cómo se desarrolla su vida a través de escenas cotidianas que se desarrollan en Miami, Lima y Buenos Aires. Y nos relata sus relaciones con su ex esposa Sofía y sus hijas Lola y Camila, su pareja Martín y sus ocasionales amantes. Es cierto que no hay continuidad lineal en la historia, sino que hay, a veces, cambios en el tiempo o digresiones a su infancia o simplemente al pasado. Además, la novela está poblada de escenas cotidianas del protagonista, en los que conocemos más la interioridad de este: por ejemplo, su problema para dormir por el frío, las pastillas que debe tomar para dormir, sus problemas con los vecinos, los constantes viajes que van minando su salud, el conflicto con su padre, su relación con su madre, el canto de un pájaro que no lo deja dormir. Pero, sobre todo, y tal como señala el  título de la novela, esta gira sobre las relaciones que tiene con su ex esposa e hijas y su pareja Martín. Y a pesar que los quiere, los conflictos son inevitables y muchas veces se ve actuando como un "canalla sentimental", lleno de manías, que piensa solo en sí mismo.

"El canalla sentimental" es una novela que tiene páginas bien escritas y coge vuelo conforme transcurre la historia. En ese momento, uno piensa que esta podría ser la mejor novela de Bayly, sin embargo el desenlace o la parte final decae en intensidad y eso hace que solo sea una novela regular. Me sigo quedando con "De repente, un ángel" y la hilarante "Los últimos días de La Prensa". A pesar de eso, "El canalla sentimental" es un libro divertido, entretenido que tiene buenos momentos y que es superior a su fallida novela "La lluvia del tiempo" (2013).


 

viernes, 2 de agosto de 2013

La lluvia del tiempo


La lluvia del tiempo (2013) es la última novela del escritor y periodista peruano Jaime Bayly, quien debutó en el mundo de la literatura, en el ya lejano 1994, con No se lo digas a nadie. Su última novela gira en torno a la historia real de la hija no reconocida de Alejandro Toledo, quien fue presidente del Perú, del 2001 al 2006. La novela se enmarca en el 2001, cuando la madre de la niña Zaraí, Lucrecia Orozco, salió en escena, previa a la primera vuelta de las elecciones presidenciales y en las que Toledo iba primero en las encuestas, para pedirle a éste que reconozca a la hija que tuvieron trece años antes. Por supuesto, el libro de Bayly es una ficción que toma como pretexto aquella circunstancia. Y a pesar de que solo cambia los nombres de los personajes, que claramente resultan reconocibles, es una sátira burlona y crítica a la política, los políticos y los medios de comunicación. En La lluvia del tiempo, los personajes principales (el candidato Alejandro Tudela –Todelo-, el dueño de canal 5 Gustavo Parker –Genaro Parker-  y el periodista Juan Balaguer –Jaime Bayly-) son unos pillos sin moral que solo defienden sus intereses. Y Bayly, a través de la sátira, se burla de aquellos y los exagera en sus defectos.

Así planteada la novela, las primeras cien o ciento cincuenta páginas resultan divertidas y ágiles (algo que no se le puede negar a Bayly es su facilidad para interesarnos en sus historias y divertirnos), pues desarrollan la anécdota arriba señala, pero a la par cuenta las historias de cada uno de sus personajes en el pasado. Sin embargo, conforme va transcurriendo la novela (que tiene 400 páginas), esta se vuelve predecible, los personajes, al ser caricaturas grotescas de los reales, pierden interés y verosimilitud, el humor satírico se vuelve demasiado vulgar o de trazo grueso y sin gracia – a pesar de que Bayly también, a veces, sabe jugar con la sátira con  maestría, como en De repente un ángel- y el libro cae, se desmorona sin remedio. A pesar de eso, en las últimas páginas el interés se retoma, pero tampoco es un final logrado o bien trabajado

Siento, personalmente, que Bayly ha escrito de corrido esta novela, casi sin corregir. Siento que esta novela pudo haberla trabajado más. Haberla dejado reposar un tiempo y vuelto a trabajarla para corregir sus defectos. También siento que aquí faltó la mano de un editor que metiera tijera a la novela, en el buen sentido de la palabra. Siento que esta novela pudo ser mejor si Bayly la hubiese corregido con  más rigor y la hubiese acortado. Y como no hubo nada de ello, La lluvia del tiempo me parece un libro fallido, malo, una de los peores que he leído de Bayly, que tiene, en mi humilde opinión, como mejor novela, de las que he leído, “Y de repente, un ángel”.

Esperemos que Bayly se reivindique en el futuro y que entienda que lo importante no es cantidad, sino calidad. Y que la premura por publicar, le puede hacer perder rigor. Su último libro es un claro ejemplo de eso.  

viernes, 2 de noviembre de 2012

No se lo digas a nadie

No se lo digas a nadie (1994) fue la primera novela que publicó el escritor peruano Jaime Bayly. Recuerdo que la leí porque mi primo compró el libro, ya que Bayly era entonces famoso por sus excentricidades y por conducir un conocido programa de entrevistas en la TV. Recuerdo también, que yo aún adolescente, me devoré la novela en uno o dos días (igual me pasaría años después con La noche es virgen), pero cosa curiosa, así como la leí de rápido, así también me la olvidé. Sí recordaba, por supuesto, que  la historia giraba en torno a Joaquín Camino, un joven de clase alta, que es homosexual pero no se acepta en una sociedad limeña homofóbica.

Pues bien, he releído la novela 18 años después (¡cómo se pasa el tiempo!) y creo que es una novela más interesante de lo que pensé y, sin embargo, también una obra fallida. No cabe duda que se lee de corrido: el libro consta de poco más de 400 páginas y me lo he leído, solo en mis ratos libres, en 5 días. La novela es ambiciosa, al menos en extensión. La novela comienza intensa, con capítulos que van narrando cómo el personaje va descubriendo su homosexualidad y conforme va creciendo va despojándose de sus escrúpulos y empieza a ser él mismo. Así, vemos el recorrido de Joaquín por el colegio, por la universidad (de donde es expulsado), su periplo por  Nueva York, República Dominicana, Madrid y Miami.  Y esto va sazonado de las aventuras nocturnas que tiene el personaje y sus noches de sexo con hombres –y a veces con mujeres-  y el consumo de drogas: marihuana y coca.

Por otra parte, Bayly tiene facilidad para los diálogos y la narración de escenas; asimismo, el humor está siempre presente, quitándole drama a escenas que parecerían fuertes. Hay momentos en que el escritor se burla de sus personajes y los vuelve caricaturas: ejemplos son los de la madre beata y el padre machista, grosero y mujeriego. Sin embargo, en el tramo final de la novela, a partir del capítulo “La conquista de Madrid”, Bayly se aleja del eje de su historia: el conflicto interno de Joaquín Camino debido a su homosexualidad y el no poder aceptarse. Y ahí es donde falla la novela. Los dos últimos capítulos se van por la tangente y se alejan del conflicto central para terminar narrando las divertidas anécdotas que le pasan en Madrid, junto con su amigo Juan Ignacio, y en Miami, junto con sus padres. Solo en las dos últimas hojas, Bayly retoma, de nuevo,  el conflicto de Joaquín, quien llora en un puente pues sus padres no aceptan su condición homosexual. Sin embargo, resultan tan cómicas las escenas anteriores, que ese final dramático pierde peso.

En resumen, No se lo digas a nadie es un libro con cosas interesantes, que muestra a un autor con talento, pero que no se salva de ser una obra fallida.
         

viernes, 26 de octubre de 2012

Los amigos que perdí


Los amigos que perdí (2000) es la sexta novela del peruano Jaime Bayly (1965) y aquí se aprecia las virtudes y defectos de su autor. El libro está compuesto de cinco cartas a una amiga y cuatro amigos que perdió, básicamente porque contó secretos de ellos en sus novelas. Estas misivas, dirigidas a ellos, buscan pedirles perdón y decirles cosas que no pudo en su momento.
De las cinco cartas, las mejores son las dirigidas a Melanie (una chica con la cual tuvo más que una amistad), a Manuel (amigo con el cual tuvo una relación de admiración pero también de rivalidad y que en la vida real se trataría del periodista Jaime Bedoya), y a Sebastián (con quien tuvo una fuerte relación de deseo y amistad, y que se trataría del actor Diego Bertie). De las tres anteriores, para mi gusto, la más intensa es la relación con Melanie, porque Bayly muestra la complejidad de las relaciones humanas, esas relaciones de amistad, deseo y amor que terminan por quebrarse). L a segunda también resulta muy interesante, pues muestra como la amistad, inevitablemente, está también ligada al rencor, la envidia, la traición. La tercera, por su parte, cobra real y verdadero interés en la parte final, pues refleja que las relaciones homosexuales son igual de complejas y tensas como la relación entre hombre y mujer.
En cuanto a las virtudes de la novela y su autor, tenemos la capacidad de Bayly para engancharnos con sus historias. Ese es un gran mérito. Rápidamente uno se envuelve en la novela y no para de leer hasta terminar el libro. Y eso, personalmente, me pasa muy poco.
Otro punto a su favor es que su novela, al igual que otras, son divertidas, ágiles: te inspiran gracia, arrechura, a veces ternura.
En cuanto a su punto en contra, es que la novela no es pareja. Tiene puntos altos y bajos; incluso cada carta que escribe tiene también sus altos y bajos, momentos en que sientes que el autor escribe cosas buenas, muy interesantes; y otras en que  desentona, chirria, y te dan ganas de darle la razón a sus detractores. Partes en que la prosa es sencilla pero bien hecha y otras en que pareciera que escribiera lo primero que se le ocurre y ya no corrige, ni tacha, ni enmienda.

Sin embargo, y con todos sus defectos, yo creo que Bayly es un escritor interesante, que tiene, en su prolífica obra, cosas interesantes que valen la pena de ser leídas. Otra cosa que respeto en Bayly es que escribe con los huevos o con las entrañas, y eso se siente. Finalmente, Bayly, con sus limitaciones, ha sido perseverante en su oficio de escritor y parece que va a lograr lo que desea todo escritor: ser recordado después de su muerte con algunos de sus libros. Aquí la carta a Melanie fácilmente pasa la prueba del tiempo.

viernes, 4 de febrero de 2011

Crónicas

El domingo pasado apareció, en el diario El Comercio, una buena crónica de Mario Vargas Llosa sobre cómo el ser un gran artista no garantiza que uno sea una buena persona. Y da el caso del escritor francés Louis Ferdinand Celine, autor de Viaje al final de la noche, que fue un magnífico escritor, pero una persona que dejaba mucho que desear, pues era antisemita y apoyó abiertamente a Hitler. Por otro lado, y después de tiempo, Jaime Bayly escribió una buena crónica titulada "Dicen que estoy loco", la cual apareció el lunes en Perú 21. Ya era hora... A continuación, coloco el enlace y un pequeño fragmento de este texto.

http://peru21.pe/impresa/noticia/dicen-que-estoy-loco/2011-01-31/295929

"...Me llaman drogadicto. La palabra llega cargada de un cierto vitriolo. Me la dicen como una injuria o una procacidad o una expresión desdeñosa. Es cierto, hace años fui adicto a la marihuana, o me gustaba mucho fumarla, no sé si era realmente un adicto, el hecho es que me gustaba fumarla y la fumaba a diario. Es cierto, hace años fui adicto a la cocaína y la dejé solo y sin ayuda o con la ayuda de Dios. A estas alturas de mi vida, siendo un hombre a pocos días de cumplir cuarenta y seis años, no me interesa fumar marihuana ni aspirar cocaína porque cuando lo hago duermo mal (si a duras penas consigo dormir) y al día siguiente quedo reducido a escombros y soy entonces la peor versión de mí mismo. Pero supongo que todos en algún momento hemos necesitado (o todavía necesitamos) evadir la cruel aspereza de la realidad. Algunos la evaden con los libros, las películas, los deportes, las religiones, la televisión o, más recientemente, con el hechizo de las computadoras y su mundo virtual. Otros, tal vez los más vulnerables o sensibles a la sevicia de la realidad, la evaden con sustancias tóxicas, prohibidas, o con drogas legales como el alcohol, la cafeína, los ansiolíticos, los hipnóticos y tantas otras. Pero ¿quién no ha necesitado alguna vez escapar de la chatura que es la vida misma? ¿Quién no ha sido o es dependiente de alguna forma, legal o ilegal, de evadir la realidad y el modo en que ella suele ensañarse con nosotros?..." (Extraído del diario Perú 21)

sábado, 8 de mayo de 2010

Y de repente, un ángel


Y de repente, un ángel (2005), novela de Jaime Bayly que quedó finalista del premio Planeta aquel año, es, de lejos, lo mejor que he leído del escritor peruano. Es una muy buena novela donde apreciamos la destreza y la madurez narrativa de Bayly. Aquí sí se percibe la buena prosa de Bayly y la magia con que este transforma una trama sencilla en un relato entretenido y cautivante. Además, Bayly, y ahí se palpa su talento y su juego con la forma y las técnicas narrativas, utiliza dos registros para contar la historia del escritor Julián Barrios que llega a tener una gran amistad con su empleada Mercedes y la ayuda a encontrar a su mamá, la cual la regaló cuando era una niña. En esta historia que hubiera podido quedarse solo en el drama, Bayly juega con el humor y lo inserta magistralmente en lo momentos más dramáticos. Por ejemplo, cuando Mercedes se reencuentra con su madre en el pueblo de Caraz, el escritor peruano vuelve esa escena en algo graciosísimo pero verosímil. Se vale de la farsa (plasmado maravillosamente en el personaje de Petronila, la madre de Mercedes y el mayor Concha Fina) y esto con el fin de darle un respiro al lector para que digiera el dramón que le está contando.

Hay también una historia paralela, pero secundaria, acerca de la relación de Julián Barrios con su pareja Andrea. Esta historia está también muy bien desarrollada, pues también funciona como una válvula de escape al drama que nos va narrando. El final de la novela, por su parte, es una búsqueda de Julián Barrios para vencer el odio que siente hacia su padre y reconciliarse con él, tal como Mercedes lo hizo con su madre. Un hermoso detalle se encuentra también en la muerte del padre de Julián, que ocurre poco después de la reconciliación de padre e hijo. Ahí Bayly utiliza, nuevamente, magistralmente el humor y lo inserta poco antes que aquel se muera. La última frase del padre a su hijo no es una frase trascendental, sino una frivolidad: ¿Has visto que tal culo se maneja la enfermera? Y así igual la escena final (escrita en registro de farsa) es divertidísima y tierna. La anciana Petronila disparando y matando a tres cuyes y diciendo que ya es hora de comer, es un final de perillas.

Después de leer esta novela, debo decir que Bayly ha mejorado bastante como escritor y esta es su primera obra maestra. Es alucinante cómo juega con los registros del drama a la farsa, de lo grave a lo hilarante y vuelve a este libro es un texto imprescindible.

miércoles, 5 de mayo de 2010

La noche es virgen


La noche es virgen (1997), de Jaime Bayly, ganó el premio Herralde en aquel año por unanimidad. Luego de leerla (en unas cuantas horas te lo lees, pues Bayly te atrapa de inmediato con el relato), la considero una novela solo regular. No me pareció la gran cosa. Y no por el tema: la homosexualidad de Gabriel, un joven conductor de un programa de televisión, que se enamora de Mariano, un rockerito desconocido y muy guapo; sino porque la noto redundante y con muchas cosas por pulir. Bayly hace, en mi opinión subjetiva, un abuso de potos, pingas, drogas para reflejar aquel mundo algo sórdido del personaje. Y no es que yo sea un cucufato, sino que el mismo tópico se repite una y otra vez a lo largo de la novela y termina por hastiar. Ya sabemos, a la mitad de la trama, que Gabriel es un gay que siente debilidad por las pingas y los culos, pero tantas veces se repite esa idea que se termina por desgastar, por ajar. Igual ocurre con la coca.

Con todo eso, no hay que negar la capacidad que tiene el escritor peruano de envolverte en una trama (Bayly es un nato contador de historias) y aquí, a diferencia de Los últimos días de la Prensa o No se lo digas a nadie, su autor cambia de técnica literaria y se vale de párrafos largos, juegos con los signos de puntuación y prescinde de los diálogos directos para apostar por los indirectos, que están insertos en los mismos párrafos.

Por otro lado, en La noche es virgen se abusa un poco de las pensamientos que hace el autor mientras ocurre una determinada escena. Es decir, que mientras Gabriel realiza una acción, se le vienen a la mente pensamientos que, a veces, desvían al lector del relato principal. A pesar de todo lo señalado, podemos decir que la literatura de Bayly es fresca, ingeniosa, divertida, libertina y supongo que por eso le dieron el premio. Mas considero, que es una obra solo regular y que trata de manera algo superficial (o epidérmica) un tema tan rico como la homosexualidad.

martes, 4 de mayo de 2010

Los últimos días de La Prensa


He leído el libro Los últimos días de La Prensa (1996), de Jaime Bayly, y debo decir que me divertido bastante. Me lo he leído, como hace mucho tiempo que no me pasaba, de un tirón y no solo riéndome (cagándome de risa, sería la expresión adecuada) sino también reflexionando. Es cierto que el libro de Bayly es ligero, de fácil lectura, con una prosa sencilla; sin embargo, funciona y de maravillas. La historia del periódico “La Prensa” y del abuelo de Diego que perdió sus tierras con la reforma agraria (las dos historias paralelas que recorren el relato) te atrapan desde el inicio. Los diálogos están muy bien desarrollados (el autor tiene una facilidad para estos) y hay personajes que resultan inolvidables: Patty (la cuñada secretaria del director del periódico), el abuelo de Diego, el periodista Zamorano (encargado de la página Internacional). Asimismo, Bayly tiene facilidad para describir y desarrollar escenas, situaciones, personajes, tics, características físicas, la jerga y el humor cutre del periodismo limeño.

Debo señalar que es cierto que la literatura de Bayly puede ser considerada “Light”, pero es una literatura que para su tipo (que me parece sincera y no impostada y que tiene que ver con la personalidad del autor) es muy buena y de calidad. Muchos de los críticos de Bayly le reprochan su ligereza de temas y se escandalizan con su mente libertina, pero ¿acaso la vida no es también las putas, las pajas, la cutra, la pendejada, la criollada, la homosexualidad, etc? Pues Bayly, y aunque en esta novela no habla de homosexualidad ni de coca, sí desarrolla el tema de las putas, de las pingas, las chuchas, la pendejada, la mermelada y grafica muy bien lo que es la vida. Y para los que quieren profundidad ahí está la historia del abuelo de Diego, que te hace reflexionar sobre la Reforma agraria en la época de Velazco. En esta historia Bayly es ligero (por el lenguaje que usa), pero es también profundo y gracioso –las cartas que escribe el abuelo al director del periódico son divertidísimas-). En suma, en la superficialidad también hay profundidad.

Finalmente, hay que entender que Bayly no es escritor realista, sino uno satírico, que todo lo ridiculiza, lo deforma, lo vuelve todo más grotesco, para así burlarse. No es casualidad que el diario La Prensa parezca, en la novela de Bayly, peor que el diario “Ajá” o “Chuchi”. Por todo esto, Los últimos días de La Prensa es una buena novela de un buen escritor.

domingo, 25 de octubre de 2009

La foto de mi padre


Aquí una crónica descarnada de Jaime Bayly sobre su padre (extraída del diario Perú 21):
http://peru21.pe/impresa/noticia/foto-mi-padre/2009-10-19/259009

lunes, 4 de agosto de 2008

Las crónicas de Jaime Bayly

No cabe duda que Jaime Bayly (Lima, 1965) es un tipo brillante. Lo que hace en su programa de entrevistas, los domingos en la noche en canal 2, es sencillamente Arte. Él, como alguna vez escuché, es un dotado del lenguaje, un excelente comunicador, con un humor y un ingenio digno de elogio. Jaime Bayly hace, de un entrevistado irrelevante, una deliciosa y divertidísima conversación que tiene al televidente pegado al televisor. Además, y con menos brillo pero no por eso menos interesante, es su faceta de cronista en el diario Correo (sus textos aparecen los días lunes). Llevo más de un año leyendo las crónicas de Bayly, a la par que su programa de televisión, y debo reconocer, a pesar de todos sus detractores, que él es un muy buen escritor, aunque sin llegar a la genialidad que derrocha en la tele. Sus crónicas son muy divertidas e ingeniosas. Bayly es un nato contador de historias que te atrapa en sus relatos de inmediato y de manera contundente. En sus crónicas también reluce su fantástico humor, su ironía, su irreverencia y, también, al ser más confesionales, su visión de la vida. En dichos textos la prosa es sencilla, pero no por eso light, por el contrario dentro de la aparente superficialidad hay profundidad. Por otro lado, el autor peruano también maneja magistralmente los diálogos y sus personajes estan bien delineados... Sería bueno leer al Bayly novelista y verificar si las críticas contra él son ciertas. Estoy casi seguro que hemos sido injustos con él y ya es hora de reivindicarlo.