
Eduardo Rada fue mi profesor de Literatura, en el 2002, en la Universidad de Lima. Recuerdo que no aprendí mucho de Literatura, pero sí de la vida , de la libertad de pensar y reflexionar, y que la educación no está separada de la diversión. Eduardo era un excelente profesor y me gustaba su capacidad de divertir y enseñarnos a la vez, además de su capacidad para jugar con las palabras. Una vez, en su clase, nos invitó a su taller de Poesía en el Parque, que se realizaba en el Parque de Miraflores, los viernes, a las 7 p.m. y a su taller de Literatura en el C.C. Ricardo Palma, los sábados. Yo fui un par de veces en el ciclo y me gustó, aunque me di cuenta de algo: para él la poesía o la literatura no era un placer destinado para unos cuantos, sino para todos, para todos aquellos que quisieran expresarse. Para Eduardo la poesía era algo masivo y no una actividad elitista. Y por eso, él era un paria, alguien que no era bien visto por los literatos.
Han pasado los años, acabé la universidad hace casi 8 años, y he seguido frecuentando intermitentemente a Eduardo. Cada cierto tiempo, he ido, los sábados, a visitarlo a sus charlas en el Centro Cultural Ricardo Palma, en Miraflores, a las 11 a.m. En todo este tiempo ha dictado talleres sobre Literatura Oriental, Walt Whitman, El cerebro, etc., y a pesar de la diferencia de los temas, siempre hay algo en común en sus palabras, en su pensamiento: para Eduardo, la literatura, la educación no es una cuestión de ego, de parámetros, sino de libertad. Cuando uno sale de una de sus charlas, el ego y las quejas quedan de lado, y uno aprende a valorar el sentido de la vida, a disfrutar de esas pequeñas cosas que nos rodean y no les damos la real importancia, a no dejarnos arrastrar por el sistema que nos quita la espontaneidad y nos cosifica. Eduardo es uno de esos héroes anónimos que viven en nuestro país y yo lo aprecio por todo lo aprendido. Hace más de 15 años, además de sus clases en la universidad, dicta talleres gratuitos a la gente y lo hace con un entusiasmo y pasión que son dignos de encomio.¡Al maestro con cariño!