Mostrando entradas con la etiqueta Diario de un profesor (10). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diario de un profesor (10). Mostrar todas las entradas

martes, 30 de diciembre de 2014

Diario de un profesor (10)

9/12/2014
No hay clase en la que no me acompañe mi botella de agua. La necesito sí o sí. Recuerdo uno de las primeras clases que dicté y recuerdo que la boca y la garganta se me secaron. A la hora o dos horas de hablar ya no podía más y no veía la hora de tomar un vaso de agua que me refrescara. A partir de entonces, asisto a clase, religiosamente, con mi botella de agua (que me cuesta 1 sol o 1.20. Compro la marca Cielo o Vida). Y hago uso de ella varias veces a lo largo de la clase. Tal como un deportista lo hace antes, durante y después de un partido.


***
"¿Y su galletita, profesor?". Así me interrogan con cariño algunos colegas en el instituto donde enseño. Y es que siempre me ven con un paquete de galletas a la mano. Siempre me ven llevándome a la boca alguna galleta o sánguche.

Hace un año recuerdo haber estado en clase, una clase complicada, y de pronto sentí como un mareo, como un vahído; sentí mis pies trastabillar y casi caer desmayado. Precisamente, esa mañana no había desayunado, salvo un vaso de yogurt. Desde entonces, trato de alimentarme bien y por eso siempre paro con algo de comida a la mano. Porque así como un carro necesita su gasolina para poder andar y no se le apague el motor; el profesor necesita estar bien alimentado para poder rendir.