Con La hora azul (2005) el peruano Alonso Cueto ganó el prestigioso el premio Herralde de Novela. Recuerdo haber leído algunos cuentos de Cueto en la universidad y no me gustaron mucho, salvo uno ("La batalla del pasado). Sin embargo, a partir de esa novela su prestigio creció en el país e internacionalmente. Además, su novela Grandes miradas (2003) fue llevada al cine por Francisco Lombardi (Mariposa Negra) y comenzó a publicar varios novelas de manera prolífica. Hincado por la curiosidad, leí el 2013 Demonio del mediodía (1999) y me sorprendió la calidad de su prosa, el análisis profundo de sus personajes, las descripiciones impresionistas y la facilidad para plasmar metáforas. Por tanto, en esta novela se me presentó un autor realmente interesante y que seguramente, deduje, había madurado con el tiempo. Asimismo, dicha novela mostraba trabajo y era, sin duda, una de las novelas peruanas más interesante que había leído.
Con todo esa experiencia previa, me enfrenté a La hora azul. Recuerdo eso sí haber recibido un comentario de un amigo hacía tiempo. "Me atrapó al inicio, pero después se me cayó de las manos"; y el otro, que leí en la contratapa: "La novela empieza esquemática, pero luego se aleja de la trama policial y da un salto cualitativo notable". En mi caso, al inicio la novela no me atrapaba, la prosa, a diferencia de Demonio del mediodía, no parecía tan rica y trabajada. La trama parecía un poco forzada. Sin embargo, a partir de la página 70 o 80, cuando Adrián Ormache, el protagonista, va a San Juan de Lurigancho a buscar a Miriam, la novela comenzó, tal cual la última reseña, a cobrar vuelo. La prosa y la trama adquirieron solidez, consistencia. Luego el viaje de Ormache a Ayacucho, su visita a Huanta es de lo más logrado de la novela, sobre todo las descripciones impresionistas. Ya cuando Ormache encuentra a Miriam en Lima, uno cree entender que el premio a Cueto era merecido, que a pesar de un arranque flojón la novela acaba despegando y cobrando volando. Pero, tras el encuentro con Miriam y la relación sentimental que empiezan a tener, todo se desmorona a partir del intento de Miriam de matarlo con un cuchillo. La escena no se resuelve bien y en la siguiente página vuelven a hacer el amor como si nada hubiera pasado. Las últimas 50 páginas, uno espera que Cueto recobre el ritmo narrativo, pero ni siquiera la muerte de Miriam y la relación que entabla con su hijo Miguel, hacen que la historia recobre el vuelo. El final me resultó, por tanto, flojón.
Finalmente, aunque esta novela tiene como telón de fondo, la época de violencia que vivió el Perú en las décadas de los 80 y 90, no noté, como muchos críticos, un análisis incisivo sobre aquellla época. Por todo lo anterior, sigo pensando que Demonio del Mediodía es, entre las novelas que he leído del autor, su obra más lograda.
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lunes, 11 de mayo de 2015
jueves, 28 de marzo de 2013
Demonio del mediodía
Demonio del mediodía (1999) es una novela del escritor
peruano Alonso Cueto que vale la pena leer. Es, sin lugar a dudas, una buena
novela y aquí Alonso Cueto confirma que es un talentoso escritor. Recuerdo que
en 1998, cuando iniciaba mis estudios en Comunicaciones en la universidad, tuve
como profesor a Cueto. Nos enseñaba Expresión Escrita. Recuerdo también que leí
un libro cuentos de él, creo que La batalla del pasado, y no me gustó mucho. Luego,
en el 2005, Cueto ganó el premio Anagrama con su novela La hora Azul y de ahí su
prestigio se fue consolidando con la publicación de posteriores novelas.
Luego de leer Demonio del mediodía he quedado gratamente
sorprendido. Cueto indudablemente es talentoso. La novela se sostiene por sí
misma. Como ya dije es una buena novela. Su trama gira sobre un triángulo
amoroso en un estudio de abogados: Ricardo (hombre exitoso, apuesto e
inescrupuloso, dueño del estudio), Celia (una joven y dulce abogada que vive
una relación con su jefe Ricardo, que está casado) y Renato (un abogado de 31
años que odia a su jefe Ricardo y ama en secreto a Celia). La historia explota
cuando Renato se entera que su inmaculada Celia es la amante de Ricardo.
El acierto de Cueto o su talento radica en su capacidad para
describir la interioridad de estos tres personajes. Cueto nos cuenta, por
capítulos y por separado, las rutinas y pensamientos de Ricardo, Celia y
Renato. Vamos descubriendo sus acciones, sus sueños, sus dudas, temores, a la
par que nos narra la historia de este triángulo amoroso, dentro de la rutina de
una oficina. Otro mérito de Cueto, es su destreza para describir personajes,
lugares, paisajes, objetos, a la par de ir salpicando su narración con
reflexiones precisas y acertadas. Por si fuera poco, el trabajo con el lenguaje
es de primera, Cueto maneja el lenguaje como un orfebre. Es cierto, que la
novela, tal vez, decae en intensidad conforme va avanzando; es decir, la
tensión narrativa va perdiendo fuerza. Sin embargo, la parte final se lee con interés
y curiosidad (aunque el desenlace es algo efectista). Eso no quita méritos a la
novela, que considero buena y muestra que Alonso Cueto es un escritor al que
hay seguir con atención. Agrego algo más: las primeras 60 páginas son,
simplemente, brillantes. Francamente, una agradable sorpresa y una muestra más
que la literatura peruana es de primer nivel.
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Alonso Cueto,
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