En su artículo periodístico "El lenguaje de la pasión" (3 de mayo de 1998) dedicado a Octavio Paz, Mario Vargas Llosa escribió refiriéndose al gran poeta e intelectual mexicano: "Vivió espléndidamente sus ochenta y cuatro años, zambullido en la vorágine de su tiempo por una curiosidad juvenil que lo acompañó hasta el final. Participó en todos los grandes debates históricos y culturales, movimientos estéticos o revoluciones artísticas, tomando siempre partido y explicando sus preferencias en ensayos a menudo deslumbrantes por la excelencia de su prosa, la lucidez del juicio y la vastedad de la información. No fue nunca un diletante, ni un mero testigo, siempre un actor apasionado de lo que ocurría en torno suyo y uno de esos rara avis entre las gentes de su oficio que no temía ir contra la corriente ni afrontar la impopularidad". Pregunto, ¿no se puede decir exactamente lo mismo, con puntos y comas, sobre Vargas Llosa? Yo creo que sí.Foto: Octavio Paz