domingo, 3 de noviembre de 2013

¡Venus y Marte! (Juguete teatral)

       ¡Venus y Marte!
Pequeña comedia en un acto

Escena I

-Él.- ¡Sofía, me gustas!

-ELLA.- ¡¿Qué?! (Sorprendida)

-ÉL.- ¡Que me gustas! ¡Y mucho!

-ELLA.- (Algo molesta) Pero si nos conocemos recién. ¿Cómo me puedes decir eso?

-ÉL.- Porque me pareces bonita y eres una buena chica.

-ELLA.- (Pausa) Miguel, te voy a decir la verdad…Yo acabó de salir de una relación, pero aún sigo enamorada… Disculpa mi sinceridad, pero no quiero darte falsas esperanzas.

-ÉL.- Entonces, ¿por qué has aceptado mis invitaciones?

-ELLA.- Porque tengo la mala costumbre de decir siempre que sí. No sé negarme.

-ÉL.- No entiendo, Sofía. Yo recuerdo que la primera vez que te invité a salir, aceptaste de inmediato. Incluso, te noté contenta.

-ELLA.- Bueno, no sé, ya no me acuerdo. Pero, ahora, te digo, Miguel, que no quiero nada contigo. (Tajante) Solo podemos ser amigos.

-ÉL.- (Tras una pausa) ¿Y ese chico te quiere?

(Ella permanece en silencio).

-ÉL.- ¿Al menos te llama? …Porque si no te llama, es porque ya no le interesas. Así de simple.

(Ella lo mira y baja la mirada).

-ELLA.- Solo sé que no me lo puedo sacar de la cabeza. Y que no quiero nada con otra persona. Menos algo ocasional.

 -ÉL.- Pero, Sofía, yo quiero algo serio contigo. No estoy buscando una aventura.

-ELLA.- Ya te dije que no quiero nada por ahora, Miguel. ¡No insistas!

-ÉL.- ¡Está bien!...Si eso es lo que quieres.

(Los dos se quedan en silencio durante largos segundos. Están sentados en la banca de un parque. Hay mucha gente paseando. El sol brilla. Es sábado, tres de la tarde).

-ÉL.- Bueno, ¿y ahora qué hacemos?

-ELLA.- (Mira su reloj) Yo me tengo que ir en quince minutos. He quedado en encontrarme con unas amigas en mi casa.

-ÉL.- ¿Van a salir a algún lado?

-ELLA.- Sí.

-ÉL.- ¿A bailar?

-ELLA.- No, vamos a ir a algún local a conversar y tomar algo.

-ÉL.- (Luego de una pausa) Estuvo bien la pizza, ¿no es cierto?

-ELLA.- Sí, estuvo rica. Gracias, nuevamente.

-ÉL.- De nada…Hasta la cebollita estaba buena.

-ELLA.- Porque era como un aderezo.

(Ella mira nuevamente su reloj. Su rostro refleja apuro y cierta preocupación)

-ELLA.- Miguel, ¿me acompañas al paradero?

-ÉL.- ¿Pero no dijiste que te ibas en quince minutos? Todavía no han pasado ni cinco.

-ELLA.- ¡Sí, pero mi casa está lejos y el bus que tomo demora en pasar!

-ÉL.- Espérate unos minutos más y nos vamos, ¿te parece?

-ELLA.- (Como si estuviese ordenando) ¡No, Miguel, ya me quiero ir! ¡Quiero llegar puntual!

-ÉL.- (Lanza un suspiro de resignación) Está bien, señorita. ¡Vamos! (se para de la banca)

(Sofía también se levanta. Ambos empiezan a caminar rumbo al paradero. En el trayecto no conversan. Se nota incomodidad, molestia. Luego, llegan al paradero y esperan el bus parados).

-ÉL.- (En tono de compromiso) ¿Qué línea tomas, Sofía?

-ELLA.- La “S”. Pasa por el Jockey Plaza y me deja en la avenida La Molina.

(Luego de una larga pausa, ella se anima a hablar)

-ELLA.- ¿Y a dónde vas tú?

-ÉL.- A la casa de unos amigos. Saldremos a bailar y a tomar unas cervezas.

(Sofía lo mira y se queda en silencio).

-ELLA.-…Miguel, me avisas para ir a la obra que están dando en el Club.

-ÉL.- Pero ya para qué. ¿No me acabas de decir que no quieres nada conmigo?

-ELLA.-…Sí, pero podemos seguir siendo amigos, ¿no?

-ÉL.- La verdad, no creo en eso de ser amigos. Es puro floro.

-ELLA.- Yo pensé que la amistad la podíamos mantener.

-ÉL.-…Sofía, prefiero que nos dejemos de ver. Si tú has puesto las cosas tan claras, mejor es mantener nuestra distancia.

-ELLA.- Bueno, no sé. Yo decía.

(Él la mira, pero ella le esquiva la mirada. Se le ve pensativa y seria)

-ÉL.- …¿Me parece o ahora estás amarga por lo que acabo de decirte?

-ELLA.- No, no estoy amarga. ¿Por qué voy a estarlo?

-ÉL.- Entonces, me pareció por tu rostro.

-ELLA.- No, nada que ver.

(Él la mira por unos breves segundos. Luego dirige su vista hacia los carros que vienen. Ve acercarse el bus de ella).

-ÉL.- Ese es tu micro, ¿no?

-ELLA.- Sí, me parece que sí. Bueno, entonces chau, Miguel. Nos vemos.

Sofía hace señas al bus para que se detenga. El vehículo así lo hace. Ella está a punto de subir

 -ÉL.- (Dudando)…¡No, no, espera, Sofía! ¡Este carro también me deja cerca de donde voy!

-ELLA.- (Alegre) ¡Perfecto! ¡Entonces, vamos!

(Ambos suben y el bus retoma la marcha)

 
Escena II

(Miguel y Sofía están sentados en unos de los asientos del bus. Este está casi vacío. En la radio, se escuchan baladas románticas en español).

Los dos están callados. Ninguno atina a hablar. Miguel parece arrepentido de haber subido. Sofía está ensimismada. Hasta que suena una canción de Ricardo Arjona, “Dime que no”, y el rostro de ella parece serenarse e incluso alegrarse.  

-ELLA.- Bonita canción, ¿no?

-Él.- ¿Bonita? Insufrible, será… No sé cómo a la gente le puede gustar Arjona si es recontra huachafo. 

-ELLA.- ¿Por qué huachafo?

(Miguel mira a Sofía con cierta lástima y responde)

-ÉL.- ¿No te has fijado en sus letras cursis? Esa canción, por ejemplo, “Señora de las cuatro décadas” es un adefesio. (En tono sentencioso) Arjona es música es para secretarias huachafas o gente sin cultura. 

 -ELLA.- (Completamente amarga)…¿Qué tienes, imbécil? ¿me estás diciendo huachafa?

-ÉL.- (Totalmente sorprendido) ¿Qué te pasa, Sofía? ¡Cálmate! Solo te estoy dando mi opinión.

-ELLA.- No me estás dando tu opinión, Miguel. Me estás diciendo que las que escuchamos a Arjona somos secretarias huachafas. ¿Estás loco o qué?

-Él.- No es una alusión personal. Me estoy refiriendo a la gente en general.  

-ELLA.- …Ese es el problema de gente como tú. Porque han leído unos cuantos libros, se creen superiores a los demás. ¿Y tú que escuchas, genio? ¿Bethoven, Mozart…Beatles, seguro?

-Él.- Sofía, yo no me creo superior a los demás. Te equivocas. Solo te estaba dando mi opinión. Y disculpa si te sentiste aludida. No fue mi intención.

-ELLA.-Pues ten más cuidado con lo que dices.

-ÉL.- De acuerdo, pero tú también mide tus palabras: me has dicho “imbécil”

-ELLA.- ¿Te lo dije?

-ÉL.-Sí, claro. ¿Ya no te acuerdas?

-ELLA.- Discúlpame, entonces.

(Larga pausa)

 -ÉL.- ¿Te das cuenta, Sofía, que no nos llevamos? No somos nada y ya nos estamos peleando.

 (Ella lo mira y se queda callada)

-ÉL.-Creo que fue mejor que me dijeras que solo seamos amigos. Como ves, no tenemos nada en común

-ELLA.- (Seria) Estoy de acuerdo, Miguel. No tenemos nada en común.

-ÉL.-…¡Al menos coincidimos en eso!

(En la radio ahora se escucha “El problema” de Arjona. Ella se pone a cantar en voz baja).

-Él.- (Luego de una pausa) ¿Me estás sacando “cachita”?  

-ELLA.- ¿Vas a empezar de nuevo?

-Él.- Solo te estoy haciendo una pregunta.

-ELLA.- No, pues. No te estoy sacando “cachita”, Miguel. Canto porque me gusta la canción. Además, no tengo que pedirte permiso.

-ÉL.-  Pero si sabes que “me fascina” Arjona, ¿por qué lo haces?

-ELLA.- Bueno, lo siento, aprende a ser tolerante. Además, esta canción es muy buena.

-ÉL.- Si tú lo dices.

-ELLA.- Escucha la letra, escucha la música. No te cierres solo porque es Arjona…Acepto que tiene canciones medio huachafas…

-ÉL.- ¿Medio?

-ELLA.-Déjame acabar…reconozco que tiene canciones algo huachafas,  pero también tiene buenas. Un ejemplo, es esta.

-ÉL.- Está bien, Sofía. No quiero seguir discutiendo.

-ELLA.- …Ahí esta tú problema, pues. ¡Eres machista! Quieres una mujer que te diga sí a todo. Te equivocas si crees que yo soy así.

-ÉL.- Yo no soy machista. Pero tampoco me gusta discutir por las puras.  

-ELLA.- (Murmurando para sí misma) ¡De la que me salve. Estuve a punto de decirle que sí!

-ÉL.- ¿Qué dijiste?

-ELLA.- Nada.

-ÉL.- (Pausa) (Murmurando para sí mismo) ¡Menos mal que no somos enamorados. Con ese carácter…!  

-ELLA.- ¿Qué cosa?

-ÉL.- Nada, nada.

(Sofía lo mira por un momento extrañada. Luego, vuelve la mirada y sigue cantando la canción de Arjona. Miguel pone cara  de “cuándo acabará esto” y queda en silencio. El bus sigue avanzando).

(El volumen de la canción aumenta y la luz de la escena se apaga lentamente).


                                                                    Escena III

(Miguel y Sofía caminan en silencio por la calle. Hasta que ella, movida por un impulso, decide hablarle).

-ELLA.- (Irónica) Miguel, ¿por qué estás tan hablador?

-ÉL.- (Irónico) Porque me encanta discutir contigo, Sofía.

-ELLA.- (Se ríe) ¡Qué gracioso!

-ÉL.- (Serio) No sé donde está lo gracioso.

-ELLA.- …¡Hombres, quién los entiende!

-ÉL.- ¿No será al revés? ¡Mujeres, quién las entiende!

-ELLA.- … ¿Y si no me entiendes porque me acompañas a mi casa?

(Miguel se detiene. Hace una pausa).

 -ÉL.- (En tono tranquilo) Tienes razón. Soy un “monse” por tratarte como una dama. Me olvidaba que ya pasó de moda ser caballero. Ahora las mujeres prefieren a los patanes.

-ELLA.- Eso es mentira. ¿De dónde sacas eso?

-ÉL.- De mi experiencia. Las mujeres, de la boca para afuera, dicen que buscan un chico caballero, noble, que las respete. Pero a la hora de la hora, prefieren a los idiotas que las tratan mal… A los caballeros, ustedes los ven como imbéciles.

-ELLA.- Yo no tengo la culpa que hayas tenido malas experiencias, Miguel. Además, yo no soy así.

-ÉL.- (Sereno) Eso es lo que dices, Sofía. Pero eres igual…Sigues enamorada de ese tipo que, seguro, te hizo sufrir, ¿si o no? …y que ni siquiera te llama (Ella se queda callada)  En cambio, yo, que te trato como una dama, ni caso. ¿Y por qué? Simple: porque a las mujeres, en el fondo, les gusta los hombres que las tratan mal.

(Sofía se detiene)

-ELLA.- (Amarga) Miguel, si eso es lo que piensas, aléjate de mi vista.

-ÉL.- La típica. Ahora te haces la víctima.

-ELLA.-  ¡Cállate, deja de hablar estupideces!

-ÉL.- (Burlón) Sofía, me dices que por qué no hablo, y ahora me mandas a callar con insultos. ¡Quién entiende a las mujeres! ¡Que alguien en el mundo me explique por qué las mujeres son tan extrañas, porque yo me rindo! ¡Mientras más las conozco, menos las entiendo!

-ELLA.-  ¡Y yo tampoco te entiendo! Me dijiste, en el paradero, que no me querías ver más porque no crees en la amistad, y sin embargo, me acompañas hasta mi casa. ¡Quién  entiende a los hombres! ¡Yo también me rindo!

-ÉL.- …Está bien, tienes razón. Reconozco que me contradije. Pero sabes por qué

-ELLA.- ¿Por qué, Miguel?

(Él suspira y se queda mudo)

-ELLA.- Vamos, ¿por qué?

-ÉL.- …Ya de qué sirve, Sofía…Total, ¿no me has dicho que me ves solo como un amigo?

-ELLA.- (Retándolo) Pero dímelo.

-ÉL.-…Ya te lo dije en el parque. ¿Ya te olvidaste?

-ELLA.- ¿Qué me dijiste?

-ÉL.-…¿Qué gano repitiéndote lo que ya te dije? ¿Alimentar tu ego?

-ELLA.- Pero, vamos, dímelo de nuevo.

(Miguel se acerca a Sofía. La mira a los ojos profundamente. Ella también lo mira)

-ÉL.- ¡Que no te entiendo! ¡que no sé qué quieres! ¡que soy un bobo por seguirte hasta acá! ¡pero que, a pesar de todo eso, me gustas, (él se va acercando a ella y está a punto de cogerle la cintura) me encantas, me fascinas!

-ELLA.- ¿Solo eso?

-ÉL.- ¡No!  (la coge de la cintura). ¡Que me muero también por abrazarte, por besarte, por…! (Él tiene sus labios casi pegados a los suyos).

-ELLA.-  ¿Y me vas a aguantar?

(Él afirma con la cabeza)

-ÉL.- ¿Y tú a mí?

(Sofía afirma con la cabeza. Miguel la besa apasionadamente. Ella también. De pronto, él aparta el rostro)

-ELLA.- ¿Y ahora qué pasa, Miguel?

-ÉL.- Me he acordado de algo.

-ELLA.- ¿De qué?

-ÉL.-  De que tienes razón, Sofía… Arjona, a pesar de que tiene canciones huachafas, tiene algunas buenas… “Historia de un taxi” siempre me gustó. 

-ELLA.- (Se ríe) ¡Vaya, hasta que reconociste! (Se abrazan y retoman la marcha).

-ÉL.- Me daba vergüenza aceptar, sabes…De adolescente, me gustaba Arjona. Había una que se llamaba “Concierto de Aranjuez” creo, que también me gusta.

 -ELLA.- Ah, te refieres a “Mi primera vez”. Sí, es bonita y tierna (Ella se pone a cantar la letra) “Despacio comienzo en tu boca// Despacio y sin quitarte la ropa// Mi cama no merece tu cuerpo//Virgen como el Amazonas//Mucho para un lobo cazador//Ideal para el amor. //Despacio voy por tu corazón//Despacio y me detiene un botón…”. 

 -ÉL.- (Se ríe) Pero eso sí, la canción “Mujeres” es horrible.

 -ELLA.- (Se detiene) ¿Horrible? Horrible serás tú     

-ÉL.-  Sofía, ¿ya comenzamos de nuevo?

(Los dos se miran y se ríen estrepitosamente. Luego caminan abrazados y desaparecen detrás del escenario. Las luces se apagan).


-Fin de la obra-

sábado, 26 de octubre de 2013

The shining

The Shining (El resplandor) es una película de 1980 dirigida por el gran director estadounidense Stanley Kubrick. Aquí como en otras películas de Kubrick, se aprecia el talento, el genio y la ambición de éste. Además, de una característica que siempre se aprecia en su carrera fílmica: la capacidad para reinventarse, para arriesgar e intentar nuevas cosas,  y no quedarse con una misma fórmula. Todas sus películas –o al menos las que he visto-  son diferentes, pero a la vez son iguales. Y esta no es la excepción.

El Resplandor es una película digamos de terror y se centra en el personaje de Jack Torrance (magistralmente interpretado por Jack Nicholson), quien lleva, por motivo de trabajo,  a su mujer e hijo  a un grande, lujoso y apartado hotel de alta montaña. Ellos estarán 5 meses allá solos  y él se encargará de cuidar el hotel –cerrado por el invierno- mientras aprovecha para escribir un libro. Antes de aceptar el cargo, le comunican que, años atrás, el guardia anterior se había vuelto loco en medio del aislamiento y terminó matando a su familia. Así, la historia de Jack Torrance se centrará en cómo él irá perdiendo sus facultades mentales y empezarán a correr peligro las vidas de su mujer y su pequeño hijo (muy bien interpretados por Shelley Duvall y Danny Lloyd).

Lo que llama más la atención de esta película además de su belleza visual (cada plano está magistralmente compuesto), el ritmo de la historia (que no merma a pesar de sus 2 horas y 20 minutos de duración) y las excelentes actuaciones, es sobre todo la música. Aquí uno de los personajes centrales es la música que se utiliza para crear la atmósfera de las escenas y de la cinta. Sería, pues, imposible imaginar esta película, sin la música incidental que acompaña las escenas más vibrantes y perturbadoras.

Por último, quiero señalar algo que leí y me llamó la atención. Cuando apareció la película, la crítica y el público le dio la espalda. Incluso fue nominada a los premios Razzie, por Peor Actriz Principal y Peor Director. Y fue además la primera película de Kubrick que no recibió ninguna nominación al Oscar. Recién con los años, la cinta de Kubrick ha sido reivindicada y es considerara ahora una película de culto. ¡Caramba! ¡Creo que esa mala recepción fue mezquina al menos por parte de los críticos! ¡Tal vez estos no entendieron que Kubrick estaba que reinventaba el género de terror dándole otros matices! Pero, bueno, los años le dieron la razón a su director y es sin duda una gran película, de visión obligatoria, para cualquier mortal que ame el cine.

Posdata: Hay una frase que aparece en la película: "All work and no play makes Jack a dull boy" (Mucho trabajo y nada de diversión, hacen a Jack un chico monse). Esta frase que escribe el protagonista en su máquina, fue tomada literalmente por Kubrick (¿o Stephen King?) del cuento "Araby" del Dublineses, de  James Joyce.


 
 

domingo, 20 de octubre de 2013

The killing (Atraco perfecto)


El norteamericano Stanley Kubrick  (1928) es considerado uno de los grandes directores en la historia del cine, por películas como “La naranja mecánica”, “Odisea al espacio”, “Lolita”, “El resplandor”, etc. La belleza visual y técnica de sus cintas sobresalen sobre el resto y el genio de Kubrick se respira en cada plano o escena. En 1999, luego de terminar de grabar “Eyes wide shut”, fallece de un ataque al corazón. Ya para entonces era un genio del cine que había dejado su huella a varias generaciones.
 
Recuerdo que la primera película que vi de Kubrick, sin saber que era de él, fue “Espartaco” y me encantó. Luego, ya en la universidad quedé fascinado con la belleza visual y estética de “La naranja mecánica”, sin embargo no llegué a captar o disfrutar del todo “Odisea al espacio” y “Dr. Stangelove”, pues sus mensajes me resultaron algo herméticos (a pesar de reconocer, sin duda, la belleza visual de estas).  Después vería con agrado cintas como “Lolita”, “Eyes wide shut” y “The killing”.

Si tuviera que escoger entre todas aquellas, me quedaría, sin duda, con “The killing” (1956), película que Kubrick grabó con solo 28 años. Esta fue una de sus primeras cintas y en mi humilde opinión es una obra maestra. Es cierto que no tiene la ambición de posteriores películas de Kubrick, pero en su aparente simplicidad hay genio y pulso narrativo. Aquí el estadounidense se luce para adaptar una novela de Lionel White que trata sobre un atraco a un hipódromo. En la hora y veinte minutos que dura la cinta, Kubrick nos cuenta, a través de varios personajes, los preparativos de un exconvicto y su grupo para asaltar un hipódromo y robar la suma de 2 millones de dólares. El tratamiento visual y narrativo de la historia resulta de perillas y vamos involucrándonos en el asalto, como si nosotros espectadores también fuésemos los asaltantes y estuviéramos a punto de realizar el atraco. Además, la música, la iluminación, las sobrias y contundentes actuaciones, los planos, el movimiento de la cámara acompañando a los integrantes de la banda, nos lleva al clímax de la mano, como si fuésemos niños. Y el final, el alucinante final, nos deja boquiabiertos.   

Sin duda, The killing (conocida en España como “El atraco perfecto”) es una obra maestra de Kubrick y resulta, por tanto, de visión obligatoria para todo aquel que admire a Kubrick y al cine en general.

lunes, 30 de septiembre de 2013



El secreto de las siete semillas (2003) es un libro del peruano David Fischman, convertido en bestseller, que gira sobre el equilibrio entre la empresa y la vida. Aquí Ignacio Rodríguez (álter ego del autor), exitoso empresario, cuenta cómo cambia su existencia luego de sufrir un preinfarto debido a la extenuante carga laboral que lleva. Esto lo lleva a recurrir a un maestro hindú que lo irá guiando en el conocimiento de la filosofía oriental y del descubrimiento de 7 semillas que le descubrirán el camino de la paz y la felicidad. Así, ira descubriendo la importancia de conocerse a sí mismo (la primera semilla); lo fundamental de la meditación y la respiración (segunda semilla); el control del ego (tercera semilla); la capacidad de servir a los demás (cuarta); la ética en nuestras decisiones, que conllevan a la paz (quinta); el manejo de nuestro tiempo orientado a lo que consideramos fundamental (sexta); y la flexibilidad y el desapego a lo material (sétima). Todas estas enseñanzas que el protagonista va aprendiendo gracias al maestro, están conectadas con el ámbito empresarial, que es mundo en el cual se desenvuelve Ignacio Rodríguez. Específicamente, los problemas y dilemas que tiene que enfrentar y superar este en su empresa.


El secreto de las siete semillas es el tercer libro que leo de Fischman y, tal como señalan los críticos, es también su mejor libro. Y eso se debe básicamente porque parte de una experiencia personal; es en buena parte autobiográfico, aunque con algunos toques de ficción (como la muerte de su maestro, que no ocurrió en la vida real); y porque retrata, más allá del ámbito empresarial, el conflicto de muchas personas que no sabemos conciliar el trabajo con la vida, y que en el fondo lo único que buscamos es sentirnos en paz con nosotros mismos y felices. Y este libro de Fischman, clasificado como libro de superación personal o autoayuda, cumple con el propósito fijado: sentirnos, al término de la lectura, más tranquilos, serenos y con más herramientas a la mano para enfrentar el caos de la vida diaria. Finalmente, el libro está bien escrito; sin llegar a ser literatura, Fischman escribe de manera clara, ágil, amena, directa y llega al corazón del lector. Y de allí el valor de este libro que merece la pena ser leído.



domingo, 29 de septiembre de 2013

Los cuatrocientos golpes


Conocida también como “Los incomprendidos”, “Los 400 golpes” (1959) fue el primer largo del director francés Francois Truffaut (1932) y cuenta la historia de Antoine Doinel, un púber que tiene problemas de adaptación en el colegio y con su familia, lo que lo lleva a ser un incomprendido y un rebelde inadaptado en la sociedad que le toca vivir. Dicho personaje de Antoine Doinel (álter ego del mismo Truffaut) aparecerá luego en posteriores películas como "Besos robados", "Domicilio conyugal", la magnífica "El amor en fuga", siempre interpretado por el actor Jean Pierre Leaud.

Luego de ver la película, uno queda conmovido por el talento que demuestra Truffaut en su primera película (antes había dirigido dos cortos). La cinta es bella visualmente y en la trama que relata. Este periplo del niño protagonista que no se adapta a la escuela, que se rebela a esta y demuestra conductas delictivas, y sin embargo, muestra también la otra cara de la moneda: el drama que sufre Antoine por parte de sus padres y la escuela y que explican el porqué de su comportamiento y su actitud: encuentra a su madre besando a otro hombre; ella no parece muy interesado en Antoine y solo lo regaña; un día escucha que su madre, cuando estaba embarazada de él, quiso abortar, pero su abuela lo impidió; su padrastro hace lo que puede pero al final lo abandona internándolo en un centro de reclusión juvenil; su maestro lo regaña y castiga a veces injustificadamente y el castigo que hace que él abandone la escuela –lo acusa de plagiar una redacción- es injusto, etc. Y todo eso lo conduce a Antoine a la rebeldía, a querer huir, escapar, a cometer fechorías junto con un amigo de la escuela que tiene similares problemas.

Pero claro, la película no solo es la trama, sino también la belleza visual de los planos e imágenes, la sincronía del montaje con la música, y es ahí que Truffaut se luce  y hace poesía visual. La escena final de Antoine escapando del centro correccional y corriendo sin rumbo desconocido, hasta llegar al mar, es simplemente hermoso. Ese plano de él llegando al mar, sintiendo el agua correr entre sus pies y luego voltea y la cámara hace un primer plano de su rostro, un rostro de niño-adolescente desconcertado sobre lo que le depara el futuro, es francamente increíble. Sin duda, es una película de visión obligatoria y más tratándose del mismo personaje (y actor) que aparecerá en otras películas del director francés, como la también maravillosa “El amor en fuga” (1979).

Posdata: Película completa, en muy buena calidad.
http://www.youtube.com/watch?v=F8c9gzNBNyw


martes, 24 de septiembre de 2013

Conversación en La Catedral


Luego de 12 años, he vuelto a releer Conversación en La Catedral (1969), de Mario Vargas Llosa, y no me queda duda que es una obra maestra y en mi humilde criterio la mejor novela peruana escrita hasta el día de hoy, no solo por su calidad literaria sino también por su ambición. ¿Cómo pudo Vargas Llosa con poco más de 30 años  escribir semejante novela? ¿Cómo pudo Vargas Llosa escribir un libro tan logrado y con un dominio de la técnica que impresiona? Porque luego de leer Conversación en La Catedral quedas abrumado y emocionado por el talento y ambición que demuestra Mario. Haciendo el símil, es la misma sensación que experimentas cuando terminas de ver El Padrino (filmada por Coppola también a los 31 años) y te preguntas, abrumado, cómo lo hizo… Pues lo mismo ocurre con esta novela.  

Conocida por la frase: “¿En qué momento se había jodido el Perú?”, que se hace Zavalita, el personaje principal de la novela, Conversación en La Catedral es una crítica furibunda de Vargas Llosa a nuestro país. Con ese fin, sitúa la trama de la novela en la época del gobierno dictatorial de Odría (1948-1956), y cómo ese gobierno autoritario corrompió todo lo que lo rodeaba, incluyendo a las autoridades y ciudadanos.  Así, Vargas Llosa desarrollas varias historias a la vez que se entrecruzan y tienen como telón de fondo el gobierno de Odría. Por ejemplo, tenemos la historia de Cayo Bermúdez (Cayo Mierda) quien es el encargado del trabajo sucio en el gobierno de Odría; la de Santiago Zavala, joven de clase alta y que tiene a su padre, señor Fermín, como colaborador del gobierno; Amalia y Ambrosio, empleados de don Fermín; La Musa, amante de Cayo Bermúdez. Pero, claro, Vargas Llosa no cuenta esta historia de manera lineal, sino que, utilizando la técnica de manera magistral, va narrando escenas que van reconstruyendo lo que sucedió, con constantes saltos en el tiempo y el espacio, que en vez de entorpecer el relato lo enriquecen. Y todo esto a partir de la conversación que sostienen Santiago Zavala (ya de 30 años) con Ambrosio, quien fue el chofer de su padre y su familia, cuando él era un adolescente. A partir de ese reencuentro y conversación en el bar La Catedral, ambos van reconstruyendo lo sucedido en el pasado y los recuerdos y traumas (personales y sociales) afloran.

Por otro lado, llama poderosamente la atención cómo Vargas Llosa cuenta de manera verosímil y crea adecuadas atmósferas para lo que nos va narrando: por ejemplo, resulta magistral como narra el contexto en el cual se desenvuelve Cayo Bermúdez y su relación con las esferas del poder (generales, ministros, medios de comunicación); la vida llena de lujos y  el posterior ocaso de Hortensia (La Musa), quien es la amante de Cayo Bermúdez; los pesares de Amalia y Ambrosio, empleados de don Fermín; la vida del empresario Fermín Zavala y su familia, etc. Pareciera que Vargas Llosa, antes de escribir su novela, hubiese hecho un detallado estudio de campo para recabar información y así construir de manera verosímil su novela. Solo así se puede explicar haber conseguido retratar magistralmente a cada uno de estos personajes tan disímiles y que representan un fresco de la sociedad peruana de entonces y de no hace mucho (me refiero a la época del gobierno de Alberto Fujimori)

Sin lugar a dudas, hay que leer y sobre todo deleitarse con esta maravillosa novela que habla muy bien del talento y genio de nuestro Premio Nóbel.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Mar de Copas


Foto: Diario El Comercio
El viernes pasado acudí al bar La Noche a ver a Mar de Copas, considerado por muchos el mejor grupo de rock peruano. Recuerdo que en la Universidad decía que no me gustaba, a pesar de que solo había escuchado dos o tres canciones. Decía, ese joven adolescente que fui, que Mar de Copas hacía una música para niños. Me sonrojo ahora de solo recordar esta penosa frase.

Hace como seis meses, me compré un disco con los éxitos de Mar de Copas. Lo coloqué en mi auto y los he estado escuchando una y otra vez en este tiempo. Y me pasó algo inexplicable: me fue gustando cada una de sus canciones, luego me fue encantando y pasé casi a estar enamorado. Es cierto, las canciones de Mar de Copas tienen algo de música tierna como para niños (como canciones de cuna), pero me di cuenta que dentro había una sensibilidad especial, un sonido único o particular, letras metafóricas que conformaban un universo propio del grupo. Sus canciones son parecidas pero diferentes a la vez. Y sobre todo transmiten, emocionan, cautivan. Y eso me ocurrió a mí. Y pensaba: este grupo peruano no tiene nada que envidiar al mejor grupo extranjero. ¿Por qué, entonces, a pesar de que cuenta con un buen y fiel número de seguidores, no cuenta con el reconocimiento que se merece?

Con esa idea fui al concierto y tras escucharlos creo que tengo algunas respuestas. Me parece, que no les ha interesado ser mediáticos, de complacer a los medios y a veces ni a su público. En lo que sí han sido fieles, y de ahí sus buenas canciones y discos, es que han sido fieles consigo mismos, parece que no se han traicionado.  Y esto lo digo porque en el concierto, que coincidía con el lanzamiento de su disco Seis, se dieron el lujo (¿o el capricho?) de tocar canciones que la mayoría de su público no conocía, salvo sus fanáticos que eran la minoría. Es cierto que debe ser aburrido tocar las mismas canciones una y otra vez, pero si Paul McCartney o Charly García (monstruos de la música) lo hacen, por qué no ellos también. Creo que está bien que a veces ignoren lo que pide su público, y toquen lo que les sale de los forros, pero también deben llegar al balance, al justo medio y saber equilibrar lo que quieren hacer con lo que el público desea. Y además, ellos no tienen solo 2 o 3 canciones, sino que tienen por los menos unas 15 canciones que ya son clásicos. Por tanto, podían satisfacer a ellos y su público y todos contentos. Sin embargo, durante dos horas nos soplamos canciones que desconocíamos (me imagino que muchas de su nuevo disco), aunque algunas estaban bien, y solo los últimos 15 minutos del concierto, como si nos estuviesen haciendo un favor, tocaron 3 clásicos y eso fue todo. Claro, lo anterior no busca desmerecer la calidad del grupo (que es excelente), pero caramba hay que también buscar que el público salga contento.

A pesar de todo eso, Mar de Copas es un grupo que como peruano me enorgullece y que hay que escuchar más.

http://www.youtube.com/watch?v=6MLLxHaBfAw

http://www.youtube.com/watch?v=BBHnYUZsUXU