jueves, 8 de junio de 2017
Merlí
Merlí es una serie de televisión catalana, estrenada en el 2015, y que gira en torno a un controvertido e irreverente profesor de filosofía, llamado como la serie, que enseña en un instituto (colegio) a muchachos de bachillerato. Cada capítulo lleva el nombre de un filósofo (Aristóteles, Platón, Sócrates, los sofistas, Foucoult, etc.) y aborda la problemática de un profesor y sus estudiantes en una escuela.
Lo primero que llama la atención de Merlí, un profesor nuevo que tiene como alumno a su hijo -que es homosexual-, es su fuerte personalidad y una gran seguridad en sí mismo que lo lleva a ser, rápidamente, popular entre los alumnos y con las mujeres. Sin embargo, Merlí, que educa para que sus alumnos piensen con libertad, también, por su mismo carácter, genera fuertes resistencias entre la mayoría de sus colegas y se para metiendo en líos de faldas que ponen en peligro su trabajo. Personaje complejo y contradictorio, simpático y cuestionable, no tiene escrúpulos y reparos para varias cuestiones (sobre todo cuando se trata de mujeres), pero también tiene un noble corazón que lo hace -a pesar de sus defectos- un buen profesor y un buen padre.
Es interesante, además, como en cada capítulo, en medio de la trama, se cuela un poco de la visión de cada filósofo que da nombre al capítulo. La actuación del protagonista (Francesc Orella) es destacable, al igual que los actores y actrices que dan vida a los profesores, autoridades, padres de familia y jóvenes escolares. Destaca, sobre todo, la participación de los adolescentes (encabezados por los personajes de Bruno y Pol Rubio).
Es cierto, como señalan algunas páginas web, que esta serie tiene influencia de la excelente película La sociedad de los poetas muertos (1989), de Peter Weir, ya que este profesor nuevo -al igual que la cinta- con sus nuevas ideas que cuestionan el status quo, pondrán en aprietos a sus alumnos frente a la realidad que los rodea. También se abordan temas como la homosexualidad, la discrimación entre escolares, los problemas que afrontan los adolescentes con sus familias, los dilemas de los docentes, de una manera interesante y amena, pero a la vez algo superficial.
Con todo, Merlí es una serie muy interesante que vale la pena ver. Solo he podido observar la primera temporada (compuesta de 13 capítulos) y espero que Netflix cuelgue pronto la segunda que salió en el 2016.
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domingo, 4 de junio de 2017
La Tesis
Desde que llegué de Europa, a fines de marzo de este año, solo he salido a divertirme un par de veces y no he pisado ninguna discoteca (la próxima semana espero desquitarme). Ni siquiera he ido al cine o al teatro y peor he leído novelas. La razón de esto es que estoy abocado, de pies a cabeza, en realizar y culminar mi tesis de maestría. Sí, he leído varios libros en estos meses, pero han estado relacionadas con la bendita tesis. He devorado libros, capítulos y artículos pero sobre teoría de la sátira. He ojeado revistas, periódicos y novelas relacionadas con la sátira...Recuerdo que hace exactamente diez años pasé por lo mismo, pero en aquel entonces la meta era la tesis de Licenciatura. Un día, frente a la computadora, impotente porque sentía que no avanzaba y no tenía cuando acabar, me puse a llorar como un niño. Sin embargo, luego de un año y medio de esfuerzo purito vi la luz y pude licenciarme en mayo del 2008.
Parece que ahora la historia se repite. El sufrimiento es el mismo y recién estoy en la tercera parte de mi investigación. Aprovecho el tiempo libre que me da mi trabajo para avanzar y, con ese fin, he sacrificado salidas con amigos y posibles citas. He decidido también no viajar ni darme grandes gustos hasta terminar la tesis (calculo que lo haré en diciembre o febrero). Mientras tanto, a seguir conviviendo con el trabajo silencioso, ese trabajo intelectual que poco a poco, con gran paciencia y corazón, comienza a dar frutos cuando menos lo esperas. Hoy domingo, por ejemplo, de 11 a.m. a 3: 45 p.m., he pulido un poco el capítulo 1, aunque aún me falta empaparme mejor sobre mi tema.
De esta tesis depende muchas cosas. Es un paso vital para mi futuro, ya que voy a poder acceder a mejores oportunidades laborales (y mejor remuneradas). Pero, por sobre todo, lo que espero es hacer una tesis interesante, de la cual me sienta tan o más orgullo que la primera. No pretendo hacer "la investigación", pero sí una de la cual me sienta satisfecho y que aporte con un granito de arena a un futuro estudiante interesado en el tema: "La sátira en las crónicas políticas de Valdelomar".
Parece que ahora la historia se repite. El sufrimiento es el mismo y recién estoy en la tercera parte de mi investigación. Aprovecho el tiempo libre que me da mi trabajo para avanzar y, con ese fin, he sacrificado salidas con amigos y posibles citas. He decidido también no viajar ni darme grandes gustos hasta terminar la tesis (calculo que lo haré en diciembre o febrero). Mientras tanto, a seguir conviviendo con el trabajo silencioso, ese trabajo intelectual que poco a poco, con gran paciencia y corazón, comienza a dar frutos cuando menos lo esperas. Hoy domingo, por ejemplo, de 11 a.m. a 3: 45 p.m., he pulido un poco el capítulo 1, aunque aún me falta empaparme mejor sobre mi tema.
De esta tesis depende muchas cosas. Es un paso vital para mi futuro, ya que voy a poder acceder a mejores oportunidades laborales (y mejor remuneradas). Pero, por sobre todo, lo que espero es hacer una tesis interesante, de la cual me sienta tan o más orgullo que la primera. No pretendo hacer "la investigación", pero sí una de la cual me sienta satisfecho y que aporte con un granito de arena a un futuro estudiante interesado en el tema: "La sátira en las crónicas políticas de Valdelomar".
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domingo, 28 de mayo de 2017
Maratón Movistar 2017
El pasado domingo 21 de mayo, hace una semana, corrí la distancia de 21 kilómetros en la carrera Movistar, que es una de las más importantes del circuito atlético peruano. Los dos años previos, había participado en la distancia de 10 kilómetros con una participación digna o regular. Era la primera vez que partipaba en una distancia tan larga como 21 kilómetros y me había preparado más o menos bien: de lunes a viernes, corría interdiario media hora; y los sábados o domingos, corría de 1 hora hasta 1 hora y 45 minutos. Dos días antes corrí dicha distancia y el día previo a la competencia practiqué piques de 400 metros. Calculaba correr la distancia en 1 hora y 59 minutos. Sin embargo, el día de la carrera marqué 1hora, 56 minutos y 19 segundos. Me ubiqué en el puesto 923 entre poco menos de 4 mil participantes, y en mi categoría (de 35 a 39 años) me ubiqué en el puesto 139.
Me gustó correr la distancia. Me resultó emocionante, retador, aunque gran parte del recorrido veía que mucha gente me pasaba. Sin embargo, no perdí la calma. Sabía que era una distancia larga y que mi éxito radicaba en mantener un ritmo constante y en guardar energía para los últimos 5 kilómetros. Me había olvidado mi reloj y corrí más por intuición siguiendo a un grupo que mantenía un buen ritmo. Los kilómetros se sucedían rápidamente. Los distritos, con sus calles diversas, iban desfilando ante mis ojos y, a veces, a pesar de mi cansancio, levantaba el rostro para contemplar las bellas fotografías de mi ciudad. Mientras corrías, veías multitud de atletas de los más diversos: razas, contexturas, tamaños, etc. Ahí en medio de la carrera, como una metáfora de la vida, eras consciente de ser una escasa gotita de agua dentro del océano. La palpable comprobación de que no corrías contra ellos, sino contra ti mismo.
En los últimos 5 kilómetros, noté que aún tenía energía. Que a pesar del sudor que recorría todo mi cuerpo, podía ir un poco más rápido y comenzar a pasar atletas. Fue así que en ese último tramo fui sobrepasando a aquellos compañeros de ruta. Cuando escuché que estaba en el último kilómetro, y contemplé al fondo la meta, aceleré sin saber cómo. La cuestión es que corría más con el corazón que con el físico. Debía dar mi último esfuerzo y me imaginé en el colegio cuando corría como el viento. Al cruzar la meta, totalmente exhausto, y ver que había hecho tres minutos menos del tiempo esperado, me alegré y supe que había cumplido un sueño más...El próximo año intentaré la maratón completa: ¡¡¡los 42 kilómetros!!!
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sábado, 20 de mayo de 2017
Diario de un profesor (46)
Los miércoles tengo reunión de coordinación en el instituto donde laboro. Además de la coordinadora, la acompañaba un profesor a tiempo completo. Era un hombre de poco más de 40 años, bajo, trigueño, de contextura mediana. A pesar de ser uno de los profesores con más experiencia del área, se le veía nervioso (al menos así yo lo noté). A veces, tartamuedeaba al expresar sus ideas y su rostro dibujaba muecas involuntarias. En ciertos momentos, hablaba muy rápido y no le entendía lo que decía. Tenía rostro de "chico bueno", tranquilo, que ha sido "medio lorna" en el colegio. Sin embargo, a pesar de eso, se notaba a leguas que tenía convicciones y, por eso, todos los profesores lo escuchabamos con respeto y atención. Sin duda, mientras escuchaba a aquel coordinador, me identifiqué con él. Al principio con leve molestia y luego con gracia, pues aquel coordinador era como yo. Las mismas virtudes y defectos. Me vi reflejado como un espejo y valoré que él, a pesar de sus "defectos", hubiese llegado lejos. Creo, personalmente, que para ser un buen profesor lo más importante es la vocación de servicio, la pasión. ¿Y el carácter? ¡El carácter nace de nuestras convicciones!
miércoles, 10 de mayo de 2017
Diario de un profesor (45)
Esa mañana, tenía que dictar clase a las once de la mañana. Llegué temprano al instituto (diez y cuarto) y me dirigí a la biblioteca a repasar mi sesión y esperar la hora. Me senté en un pupitre y desde los ventanales veía a los estudiantes desplazarse por el campus. Me sentía nervioso. Más nervioso que en otras ocasiones. La clase anterior me había costado sudor y lágrimas atraer la atención de esos alumnos inquietos. Pensaba, ahí sentado, que debía tomarlo con calma, que estando tranquilo, o controlando mis nervios, haría una mejor performance. Respiré hondo y me decía: "Canaliza tus nervios como una energía positiva". "Ayer preparaste bien tu sesión y si te tranquilizas todo va a salir bien". El corazón me latía y en el pecho sentía como electricidad. Entré al aula con una sonrisa que escondía mi temor, mi miedo a no hacerlo bien. Como cuando era niño y corría en las competencias del colegio. Esos nervios que eran la evidencia palpable de que algo nos importa. Me encomendé a dios y gracias a él, y al azar, la clase me salió muy bien. Con los minutos me fui relajando, los alumnos participaban y se mostraban interesados. Incluso hubo momentos en que desperté sonrisas. Al final de la sesión, algunos se despedían agradecidos y yo respiré satisfecho. ¡Todo es cuestión de confiar en uno!
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lunes, 1 de mayo de 2017
Diario de un profesor (44)
Imagínate que entras a un aula de clase y el salón es un alboroto: cuarenta chiquillos conversan bulliciosos soltando lisuras y sonoras carcajadas. Inicias tu clase y esperas que ellos, al verte dictar, guarden silencio. Pero no: prosiguen como si no existieras, como si fueras un fantasma, un ser invisible. Levantas la voz pidiendo silencio. Ellos se callan unos segundos, tal vez medio minuto, pero luego continúan conversando en medio de sonrisas cómplices. Ahora gritas exigiendo silencio, indignado, con los ojos desorbitados, casi sin aire y contemplas la risa maliciosa de algunos alumnos mirándose entre sí. Sientes que ellos huelen tu miedo y te van a hacer la vida imposible, te van a hacer perder los papeles, te van a volver loco... Me imagino que este es uno de los grandes miedos de un maestro. El miedo a no saber qué hacer ante un aula de muchachos malcriados que han visto en el profesor una víctima en la cual mostrar su crueldad. Es ahí cuando el profesor debe guardar la calma, respirar profundamente y pensar rápidamente qué medida tomar. Esa noche, seguramente, el profesor no podrá dormir pensando qué hacer, cómo solucionar aquel desbarajuste y preguntándose si tendrá el carácter para enfrentar la situación. Creo que si el docente tiene fuertes convicciones y actúa con el corazón y no con odio va a poder (sufriendo un poco) sacar adelante aquel salón de clases. Podrá enseñarles a esos chiquillos inmaduros a respetar al prójimo y a hacerse respetar. La base de toda convivencia sana es el respeto entre las personas, pues sin eso no hay nada. No creo, por tanto, que la solución sea gritar o carajearlos: eso solo produciría miedo y le cortaría las alas a los chicos sensibles que también pueden haber en clase. O solo les "enseñaría" a respetar por miedo y no por que les nazca. Por tanto, hay que buscar medidas más inteligentes, medidas que tal vez a corto plazo no ofrezcan una solución, pero que a la larga permitan formar seres pensantes y respetuosos. Por ejemplo, se me ocurre cambiarlos de sitio, conversar con cada uno aparte para hacerle entender su proceder, hacerles preguntas a los chicos que conversan demasiado, hacerlos exponer el tema en el cual estaban distraídos, etc. Claro, es un camino largo, muy difícil, pero el único que nos puede garantizar que estamos formando ciudadanos listos para vivir en sociedad y respetar al prójimo.
domingo, 23 de abril de 2017
Rutina de domingos
Cuando no salgo a alguna reunión o fiesta o cita, acostumbro despertarme los domingos entre las 8 y 9 de la mañana. Saco a pasear al perro a un parque aledaño. Luego tomo un yogurt o desayuno algo ligero y salgo a correr. Corro una media hora alrededor de un bonito monte, poblado de árboles y jardines. Mientras troto, contemplo a las señoras y jóvenes bailando en una de las calles cerradas por ser domingo, y solo abiertas al público deportista y familias. Veo jovencitos corriendo o haciendo barras, niños y padres de familia en bicicletas o patines, grupo de personas jugando voley. Ya con el sudor surcando mi rostro, regreso a mi casa y me doy un duchazo. Desayuno un pan con queso o palta y yogurt. Luego, empiezo el ritual de hace años: enciendo mi Toyota Corona rojo del año 82 y le paso un trapo para retirar el polvo acumulado en las ventanas y la carrocería. Mi toyota está muy bien conservado y parece un carrito de colección (no llega aún a los cien mil kilómetros). Se lo compré a mi hermano hace 5 años (mi madre se lo obsequió cuando terminó su carrera en San Marcos) y desde entonces lo he ido arreglando y agregándole detallitos. Por ejemplo, tapicé el asiento principal que estaba hecho trizas; reparé los faros y las micas de las luces frontales y posteriores, hice pintar los aros que estaban picados, etc. ...Piso el acelerador, con la radio prendida (hoy escuché un disco de Unión Cinema), y me voy por Velazco Astete, Primavera, Angamos, Ovalo de Higuereta, Benavides, Caminos del Inca. Es casi un placer manejar los domingos, pues casi no hay tráfico. Y como solo uso el auto los fines de semana, lo hago correr para que la máquina trabaje. Luego retorno a mi casa y guardo el carrito, hasta el próximo domingo, en la cochera. Tras ello, saco mi bicicleta Goliat (que tengo desde la adolescencia) de franjas negras y rojas, y le paso también el trapo al asiento, el manubrio, los aros y a la base metálica. Tras ello, manejo por la Loma, y veo nuevamente a las mujeres bailando, a los jóvencitos haciendo barras, a los niños y padres patinando o en sus bicicletas. Pasear en bicicleta es una de las cosas más sencillas y hermosas que uno puede hacer. Me da placer y me relaja. Me recuerda también a mi adolescencia, cuando paseaba en esa misma bicicleta por aquellas mismas calles, en busca de conocer alguna vecinita simpática. Más de veinte años de eso (alucinante). Paso por varios parques, realizo algunas maniobras que demuestran mi intacta pericia, y retorno a mi hogar luego de pedalear unos buenos kilómetros. Finalmente, tomo un buen vaso de agua y ya estoy listo para volver a la "realidad".
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