"El extraño caso del Dr. Jekyll and Mr. Hyde" (1886) del escocés Robert L. Stevenson -sí, el mismo que escribió "La Isla del Tesoro"- es un verdadero clásico de la literatura universal. Ambientada en la ciudad de Londres de fines del siglo XIX, esta hermosa novela corta indaga en las diversas y disímiles personalidades que habitan dentro de uno. Y más concretamente, de cómo en el ser humano coexisten tanto el bien como el mal. En esta novela de Stevenson vemos cómo el Dr. Jekyll -un hombre bueno, reputado, preocupado por la repercusión de sus acciones y con grandes dilemas morales- deja liberar, a través de un experimento científico, el lado sórdido que lleva dentro de él -Mr. Hyde- permitiéndole cometer los más grandes excesos físicos y morales que le estaban vedados. Es imposibe no reconocerse con este ser maligno (Mr. Hyde) y palpar como lector que uno también quisiera, si prescindiera de la conciencia, actuar dejándose llevar por nuestros instintos primarios. Sin embargo, y tal como ocurre con la novela, Dr. Jekyll, a pesar del placer que le brinda el ser Mr. Hyde, termina autodestruyendose por ese lado maligno y paradójicamente placentero. Finalmente, hay que destacar la manera cómo Stevenson narra la historia: las descripciones de Londres, de la ciudad, de los personajes son muy buenas; la instrospección en la sicología de los personajes, también; la acción y el misterio trancurre a la perfección para conducirnos a un final sorprendente y revelador.
viernes, 25 de julio de 2008
Dr. Jekyll y Mr. Hyde
"El extraño caso del Dr. Jekyll and Mr. Hyde" (1886) del escocés Robert L. Stevenson -sí, el mismo que escribió "La Isla del Tesoro"- es un verdadero clásico de la literatura universal. Ambientada en la ciudad de Londres de fines del siglo XIX, esta hermosa novela corta indaga en las diversas y disímiles personalidades que habitan dentro de uno. Y más concretamente, de cómo en el ser humano coexisten tanto el bien como el mal. En esta novela de Stevenson vemos cómo el Dr. Jekyll -un hombre bueno, reputado, preocupado por la repercusión de sus acciones y con grandes dilemas morales- deja liberar, a través de un experimento científico, el lado sórdido que lleva dentro de él -Mr. Hyde- permitiéndole cometer los más grandes excesos físicos y morales que le estaban vedados. Es imposibe no reconocerse con este ser maligno (Mr. Hyde) y palpar como lector que uno también quisiera, si prescindiera de la conciencia, actuar dejándose llevar por nuestros instintos primarios. Sin embargo, y tal como ocurre con la novela, Dr. Jekyll, a pesar del placer que le brinda el ser Mr. Hyde, termina autodestruyendose por ese lado maligno y paradójicamente placentero. Finalmente, hay que destacar la manera cómo Stevenson narra la historia: las descripciones de Londres, de la ciudad, de los personajes son muy buenas; la instrospección en la sicología de los personajes, también; la acción y el misterio trancurre a la perfección para conducirnos a un final sorprendente y revelador.
lunes, 14 de julio de 2008
"Azul" de Rubén Darío
viernes, 11 de julio de 2008
Juan Carlos Onetti
"Tal vez nos convirtamos en sirvientes de la Cibernética. Pero sentimos que siempre sobrevivirá en algún lugar de la tierra un hombre distraído que dedique más horas al ensueño que al sueño o al trabajo y que no tenga otro remedio para no perecer como ser humano que el de inventar y contar historias. También estamos seguros de que ese hipotético y futuro antisocial encontrará un público afectado por el mismo veneno que se reúna para rodearlo y escucharlo mentir. Y será imprescindible – lo vaticinamos con la seguridad de que nunca oirémos ser desmentidos – que ese supuesto sobreviviente preferirá hablar con la mayor claridad que le sea posible de la absurda aventura que significa el paso de la gente sobre la tierra. Y que evitará, también dentro de lo posible, mortificar a sus oyentes con literatosis."(Juan Carlos Onetti, "Reflexión literaria", Acción, Montevideo 13.11.1966)
viernes, 27 de junio de 2008
El Lenguaje de la pasión
"El lenguaje de la pasión", libro que recopila artículos periodísticos de Mario Vargas Llosa, es muy interesante de leer. En dicho libro, Vargas Llosa demuestra que, además de ser un gran novelista, es un excelente, revelador y lúcido ensayista. Sus artículos sobre temas políticos, culturales, artísticos revela un alma curiosa, apasionada, infatigable y comprometida con su tiempo. Además, la buena prosa está presente y resulta un placer intelectual y estético leer los 46 ensayos. En "El lenguaje de la pasión" también extraemos las ideas esenciales de la obra novelística de Vargas LLosa: la libertad, la lucha contra las dictaduras y la injusticia, el oficio del artista, el deseo y el erotismo, el arte (la ficción) como una manera de hacer más tolerable la vida. Finalmente, se aprecia su visión como artista e intelectual: un ser humano comprometido con su oficio de escritor y de hacer de este planeta algo mejor de lo que es . En suma, es un libro imperdible.
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martes, 24 de junio de 2008
Octavio Paz y Vargas Llosa
En su artículo periodístico "El lenguaje de la pasión" (3 de mayo de 1998) dedicado a Octavio Paz, Mario Vargas Llosa escribió refiriéndose al gran poeta e intelectual mexicano: "Vivió espléndidamente sus ochenta y cuatro años, zambullido en la vorágine de su tiempo por una curiosidad juvenil que lo acompañó hasta el final. Participó en todos los grandes debates históricos y culturales, movimientos estéticos o revoluciones artísticas, tomando siempre partido y explicando sus preferencias en ensayos a menudo deslumbrantes por la excelencia de su prosa, la lucidez del juicio y la vastedad de la información. No fue nunca un diletante, ni un mero testigo, siempre un actor apasionado de lo que ocurría en torno suyo y uno de esos rara avis entre las gentes de su oficio que no temía ir contra la corriente ni afrontar la impopularidad". Pregunto, ¿no se puede decir exactamente lo mismo, con puntos y comas, sobre Vargas Llosa? Yo creo que sí.Foto: Octavio Paz
lunes, 16 de junio de 2008
Jorge Drexler
El cantautor uruguayo Jorge Drexler (1964) es uno de los músicos más interesantes que he descubierto en el último año. Recuerdo haber escuchado en el programa de Mabela Martínez, "Sonidos del Mundo", esa bella canción titulada "Mi guitarra y vos" y de inmediato me volví fan de Drexler. Luego, ya este año, escucharía la canción que lo hizo merecedor del Óscar, "Al otro lado del río" y, después, las estupendas "Milonga del moro judío", "Hermana Duda", "Me haces bien". La música de Drexler no solo destaca por sus bellas melodías, sino también por sus estupendas letras, por la interpretación que hace de estas el uruguayo (juega magistralmente con su voz) y los excelentes y artísticos videos.P.d: Agrego el video de la canción "Milonga del moro judío"
lunes, 9 de junio de 2008
El Arte de la POSE
El escritor peruano Abraham Valdelomar (1888-1919), también conocido como “El Conde de Lemos”, pasó a la historia no solo por su fascinante obra literaria y periodística, sino también porque hizo de la POSE un Arte. Su verdadero objetivo era
atraer la atención de la gente hacia su obra (¡y vaya que lo consiguió!). A casi 90 años de su muerte, lo seguimos recordando.
“Yo comprendí a tiempo que un escritor necesita, ante todo, una gran popularidad, un gran público que se interese por él, un mercado para sus obras”
El Conde de Lemos
atraer la atención de la gente hacia su obra (¡y vaya que lo consiguió!). A casi 90 años de su muerte, lo seguimos recordando.
“Yo comprendí a tiempo que un escritor necesita, ante todo, una gran popularidad, un gran público que se interese por él, un mercado para sus obras”
El Conde de Lemos
El diccionario de la Real Academia Española define POSE como “postura poco natural, y, por extensión, afectación en la manera de hablar y comportarse”. En nuestro país, el adjetivo POSERO lo asociamos con huachafo, figuretti, pedante y quien busca, a toda costa, ser popular. Sin embargo, y aunque los poseurs -a lo largo de la historia- siempre han sacado roncha, hay que distinguir entre el verdadero y justificado posero del embaucador. Mientras este carece de talento y solo busca atraer las miradas por simple capricho; aquel sabe de sobra de su genio y busca, adrede, provocar la atención de un medio que es hostil e indiferente a su arte. Abraham Valdelomar fue, precisamente, el primer gran poseur que tuvo el Perú.
Parecer es Ser
Nacido en Ica el 27 de abril de 1888, Abraham Valdelomar Pinto era muy consciente del inmenso talento que poseía como escritor. A pesar de esto, y tras unos primeros años intentando en vano capturar el interés de la gente, comprendió que no bastaba con SER brillante: había también que PARECER. Entendió que debía recurrir a ciertas mañas para atraer la atención del público; más aún, si él era un simple “zambo” de origen humilde y provinciano, en un país donde un pequeño grupo de familias blancas ostentaba el poder.
Así fue que Valdelomar, con el fin de provocar y HACERSE NOTAR -y tomando como base el dandismo europeo de Charles Baudelaire, Óscar Wilde y Gabriele D`Annunzio-, empezó a posar: se empolvaba el rostro, se bruñía las uñas, se perfumaba, usaba chalecos y zapatos de lo más extraños, quevedos grandes de donde pendía una ancha cinta negra, se cubría los dedos de sortijas, en el índice de su mano derecha relucía un atrevido ópalo, firmaba sus artículos periodísticos como El Conde de Lemos y en tono de soprano lanzaba frases despectivas y burlonas. Su verdadera intención, detrás de esa chocante extravagancia –que le granjeó una gran legión de enemigos y admiradores-, era crear las condiciones adecuadas para que el escritor, en el Perú, viva de su profesión.
El Perú es la esquina del Palais Concert
El Palais Concert –la confitería de moda en Lima durante la segunda década del siglo XX- resultó el escenario ideal para las poses del escritor. Aquí se reunía con un grupo de jóvenes artistas y escritores que, en torno al liderazgo de Valdelomar, celebraban sus boutades. Por ejemplo, en el momento de mayor afluencia de clientes, Valdelomar se ponía de pie y besaba sus manos que habían escrito cosas tan bellas; o pedía que se marcharan aquellos gordos que manchaban el paisaje; o le decía al poeta novel, que cuando este regresara a su provincia, se jactara de haber estrechado la diestra de Abraham Valdelomar. Su objetivo –indica José Carlos Mariátegui- era dejar asombrados a los burgueses (épater les bourgeois) y, así, atraer la atención hacia su obra. En una de sus hermosas crónicas para el diario La Prensa, escribió categórico y provocador: “El Palais pasará a la historia” y acuñó esa famosa frase que inmortalizaría al Palais: “El Perú, dicen las gentes, es Lima. Lima, decimos nosotros, es el Jirón de la Unión y el Jirón de la Unión es hoy la esquina del Palais Concert. Total: el Perú es la esquina del Palais Concert”. Como se aprecia, Valdelomar no se equivocó.
La literatura es fuego
Luis Alberto Sánchez ha descrito acertadamente al Conde de Lemos como un niño terrible que amaba ser visto, oído, admirado y odiado, y que no resistía la indiferencia; sin embargo, para él, como para cualquier otro escritor, lo primero era escribir. Valdelomar, más que nadie, sabía que un día se iba a morir –la muerte es el tema central de su obra- y le inquietaba el olvido. Por eso, simultáneamente a sus provocaciones, desarrolló –a su regreso de Italia en 1914- la obra periodística y literaria más original, brillante, múltiple y prolífica que se pueda imaginar: relatos, poemas, obras de teatro, crónicas periodísticas, historia novelada, novela breve y una revista inolvidable (Colónida) fueron apareciendo, a diario y sin descanso, como si se tratara del truco de un prestidigitador.
Abraham Valdelomar, en el epílogo de su vida, llegó a generar gran controversia por la arrogancia y la egolatría de sus poses –miles lo odiaban, otros miles lo idolatraban-. A pesar de esto, sabía que sus boutades eran necesarias si quería vivir como escritor (cosa que logró). Luis Alberto Sánchez cuenta que, ante las críticas de las que era objeto, Valdelomar le dijo: “Querido Sánchez, si para llamar la atención tuviera que salir vestido de amarillo, lo haría sin titubear. ¿O cree usted que un zambo como yo atraería de otra manera la atención de estos cholos gordos, espesos y universitarios de su Lima?” Y tenía razón. Fue así que, cuando la muerte lo sorprendió en Ayacucho en noviembre de 1919 (una infeliz caída en la escalera de un hotel), ya había dejado –con escasos 31 años- su huella indeleble en la Tierra. Y esto gracias no solo a su genialidad como escritor, sino también porque hizo de la POSE un arte.
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